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Año IXNúmero 445
27 FEBRERO 2026

Antoine, el musical: El hombre, el aviador y la conciencia que escribió «El Principito»

Imagen promocional de "Antoine, el muscal"
Imagen promocional de "Antoine, el muscal"
Un recorrido musical y escénico por la vida y las contradicciones de Saint-Exupéry, donde biografía y fábula se funden en una lectura adulta del autor.

Hay biografías que parecen escritas con vocación de escenario. Antoine de Saint-Exupéry pertenece a esa estirpe: aviador, humanista, autor de El Principito y figura envuelta en una desaparición que aún alimenta el mito. En el Rooftop Lírico del Teatro Calderón, Antoine, el musical toma esa materia y la convierte en un relato que alterna memoria y fábula. El desierto, la cabina de vuelo y la infancia perdida conviven en escena con la voluntad clara de traducir una biografía intensa en emoción musical.

Antes de comenzar, Darío Regattieri, productor ejecutivo de beon. Worldwide, contextualizó la historia del espacio y esbozó algunas claves del enfoque del montaje, como su intención de acercarse al hombre detrás del mito. La función desarrolla esa premisa y recorre los episodios esenciales de la vida del piloto francés —las rutas de correo aéreo en condiciones extremas, la relación intensa y turbulenta con Consuelo, el compromiso bélico y la desaparición que selló su leyenda— en un relato que no sigue una línea estrictamente cronológica, sino que avanza por asociaciones, recuerdos y estados de ánimo. Entre esos fragmentos aparece el Pequeño Príncipe, ese niño rubio que observa, pregunta y desarma certezas; su presencia recuerda al espectador que, junto al piloto y al escritor, también late la mirada que lo convirtió en símbolo universal.

“Eres responsable para siempre de lo que has domesticado”

La apuesta resulta audaz. Si bien El Principito ha conocido múltiples versiones escénicas —con frecuencia orientadas al público infantil y apoyadas en su dimensión más fabulística—, aquí el foco pasa al adulto que lo escribió. El acierto descansa en Ignasi Vidal, quien construye una arquitectura dramática donde vida y obra dialogan con naturalidad. La biografía del aviador enlaza con los pasajes del libro en una simbiosis fluida, hasta el punto de que realidad y ficción acaban imbricadas en un mismo plano narrativo.

Desde el punto de vista estructural, esa fusión mantiene coherencia durante buena parte del recorrido. Las reflexiones existenciales y los episodios simbólicos (la amistad, el sentido de la responsabilidad, la soledad, la fragilidad del vínculo) encuentran encaje y sentido dentro del relato. No obstante, el desarrollo acusa en algunos tramos cierta dilatación: la acumulación de capas —profundidad psicológica, pasajes musicales y personajes del universo literario— ralentiza el avance dramático. En el desenlace, más que precipitación, se percibe una voluntad de cerrar todos los frentes abiertos, lo que resta algo de claridad al impulso final. Con todo, el conjunto conserva solidez y cumple su propósito: ofrecer una lectura adulta y emocionalmente honesta de la figura de Saint-Exupéry. No es casual que el espectáculo fuera reconocido con el Premio Max al Mejor Espectáculo Revelación en 2021.

Antoine, el musical
Un instante de «Antoine, el musical»

“Lo esencial es invisible a los ojos”

En la dirección, también a cargo de Ignasi Vidal, recae una responsabilidad esencial: dar forma visual a los dos motores de la obra —vida y creación— sin que uno eclipse al otro. El escritor de El plan resuelve ese equilibrio con una propuesta clara y depurada. Utiliza con criterio escenas paralelas a ambos lados del proscenio, espacios que avanzan por separado, dialogan y terminan encontrándose en gestos de unión bien marcados. Esa organización ayuda a ordenar el relato y facilita los saltos entre memoria y ficción sin necesidad de explicaciones adicionales.

Más allá de ese dispositivo espacial, la dirección opta por una sobriedad consciente. La escenografía de Alessio Meloni gira en torno a un cráter central que organiza el espacio y concentra la acción. Su forma reproduce la iconografía de la portada de la novela y refuerza el vínculo entre la biografía del autor y el universo que creó. Con pocos elementos dispuestos con inteligencia y un uso medido de la videoescena —ilustraciones y trazos integrados en la acción—, el montaje construye un imaginario visual coherente e íntimo, acorde con la naturaleza reflexiva del material.

“Si amas a una flor de la que no existe más de un ejemplar entre millones, millones millones de estrellas …”

La partitura —compuesta por Shuarma, cantante y miembro de Elefantes— parte de una decisión clara: apostar por la sencillez y la espontaneidad antes que por la grandilocuencia formal. El propio autor ha señalado su intención de trabajar desde un lenguaje cercano al pop, plenamente integrado en el desarrollo escénico. Esa distancia frente al modelo de canción expansiva propio del musical de gran formato constituye uno de los mayores aciertos y consolida la identidad sonora del montaje. Las canciones aparecen como destellos en forma de frases reiteradas y pequeñas cápsulas de pensamiento, condensadas en pocos compases e integradas en el desarrollo dramático. Bajo la dirección musical y al piano de Sasha Alexander Pantchenko, esa recurrencia fija un leitmotiv reconocible a lo largo de la función, eje que aporta unidad al conjunto.

Sobre el escenario, Ignasi Vidal encarna a Antoine desde la contención y el pensamiento. Soñador, divertido y triste —en sus propias palabras—, compone un Saint-Exupéry atravesado por la duda, la curiosidad y una melancolía persistente. La interpretación revela a un hombre humano y obstinado, firme en sus convicciones y dispuesto a anteponer sus ideales incluso a la propia vida. Frente a él, Shuarma se viste, en el sentido literal, de Principito con una presencia serena. Construye una figura de mirada limpia, transparente y directa, casi contemplativa, que actúa como espejo del adulto y sostiene el equilibrio entre realidad y fábula.

“Si no corto baobabs invaden mi planeta y si no me doy cuenta lo harían estallar”

En el elenco femenino, Beatriz Ros da vida a Consuelo como verdadero punto de fricción en la biografía del protagonista. La relación marcada por la pasión, las ausencias y las contradicciones adquiere en ella cuerpo y tensión escénica, hasta convertir el vínculo en un foco constante de conflicto. Zoe Buccolini aporta otro matiz afectivo a través de Silvia Hamilton, presencia vinculada a la etapa estadounidense y a un momento sentimental distinto, menos convulso. Su intervención amplía el mapa emocional del personaje y establece un contraste claro con la intensidad de Consuelo. Por último, Virginia Muñoz da vida a Élisabeth Reynal, impulso creativo en la etapa argentina del aviador y figura asociada al estímulo intelectual que acompañó el desarrollo literario del escritor francés. Interpreta también a la Flor, personaje que simboliza el amor frágil y contradictorio que marca al protagonista: hermoso, exigente y vulnerable, eje afectivo que conecta la experiencia vital del hombre con el universo de El Principito.

El resto del elenco masculino asume múltiples personajes con versatilidad y precisión. Víctor Ullate Roche transita entre figuras militares y alegóricas con cambios de registro bien definidos, sostiene la escena con seguridad y marca con claridad cada transición. Carlos Seguí aborda sus distintos roles con solvencia, especialmente en los perfiles de autoridad que ayudan a contextualizar la dimensión histórica del relato. Felipe Ansola completa el conjunto con composiciones de trazo más simbólico, apoyadas en una expresividad clara que facilita el tránsito entre lo real y lo fabulístico.

Antoine, el musical entiende que El Principito pertenece a tres edades: la infancia que lo descubre, la madurez que lo comprende y el tiempo que lo resignifica. El montaje recoge esa idea y la traslada a escena con una lectura adulta y consciente de la complejidad del autor. No se agota en una sola visión; al contrario, invita a regresar. De hecho, estoy convencido de que, si volviera a verla, encontraría nuevos matices.

Dramaturgia y dirección: Ignasi Vidal

Composición musical: Shuarma

Dirección musical y piano: Sasha Alexander Pantchenko

Reparto: Ignasi Vidal, Shuarma, Beatriz Ros, Zoe Buccolini, Virginia Muñoz, Víctor Ullate Roche, Carlos Seguí y Felipe Ansola

Escenografía: Alessio Meloni

Producción ejecutiva: Darío Regattieri

Productora: beon. Worldwide

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