Su inquietud despertó en él la necesidad de emprender un nuevo lenguaje al descubrir el violín eléctrico en su afán de acercar la cultura clásica al público más joven, creando así una corriente que le haría ser pionero en este ámbito, los live con música electrónica. Si hay algo que destaca de Pablo Navarro es su capacidad para contagiar su pasión por la música y abarcar estilos de lo más variopintos, haciendo guiños en su extenso repertorio a grandes clásicos, como Mozart o Bach, pero también a intérpretes que no paran de sonar en las radios.
¿Quién es Pablo Navarro?
¡Oh, qué pregunta más simple! Pues un tío que es muy curioso, sobre todo, y que, usando las herramientas que mejor controla que creo que es la música, intenta expresarse y saciar esa curiosidad con esos medios.
Si tuviera que definirse, ¿se definiría más como músico o como violinista?
Uy, a ver, pues yo creo que como músico, pero sí que es verdad que la disciplina que más controlo es el violín y, de hecho, es la que utilizo para expresarme en vivo, pero hago muchísimo trabajo de música para toda la agrupación que llevo conmigo y siempre además pensando de una manera muy global, que es al final lo que llega al público. O sea, que mi instrumento sea el violín no significa que tenga que ser 100% el protagonista de todo lo que haga, sino que tiene que ser muchas veces el protagonista y muchas otras de complemento. O sea, que no es un condicionante en mi vida, sino que yo creo que es más la música que el violín.
¿Qué va a presentar este próximo 13 de febrero en Madrid, en la Sala Movistar Arena de Madrid?
Vamos a hacer una presentación de algo que ya va evolucionando, a cada concierto que vamos haciendo va cogiendo más forma, vamos cincelando ese boceto tosco que era la formación de una agrupación que es bastante rara, que es una especie de Brass Band con un front band que tiene como violinista. Yo vengo de la música clásica a muerte, yo hacía antes óperas en el Teatro Real. He hecho música sinfónica, la orquesta percusión, bueno, muy clásico y muy conservador. Hemos conseguido o estamos consiguiendo darle personalidad y asentar esa personalidad a esta formación. La música va evolucionando a cada concierto, entonces cada vez que hacemos un concierto, un show, siempre vamos afilando un poquito más y dándole un poquito más de personalidad.
¿Qué pasa? Que cada día es más canalla, porque cada día es más divertido y cada vez nos permitimos más licencias y además creo que las sabemos defender muy bien y la gente las entiende. Aprovechando que es un espacio como el Movistar Arena, que es algo que está muy lejos de un auditorio, que no tiene un halo de una pompa conservadora, que te permite hacer un poco más el cafre, vamos a decirlo, abro comillas bastante grandes, pero lo que vamos a hacer es arriesgar, hacerlo muy divertido, permitirnos muchísimas licencias bastante poco vistas, o sea, bastante inusuales y sobre todo, la idea es hacer un conciertazo que la gente se lo pase súper bien, que flipen hablando así muy coloquialmente y que tengan un recuerdo extraordinario que les dure mucho esa experiencia de ese concierto.

¿La música es original vuestra? ¿Son partituras que rescatáis de algún sitio? ¿Quiénes componen esta maravillosa banda y puesta en escena?
Hacemos muchísima versión. Yo siempre digo que las notas son las que son y luego ya puedes jugar a ver qué mezcla te sale más creativa o más oportuna, pero nos basamos mucho en grandísimos talentos. Usamos mucha cimentación para construir nuestro show de música clásica, sobre todo armonías, pequeños motivos, pero luego lo mezclamos con mucha música actual.
El objetivo es que la gente desde el minuto uno pueda entrar a disfrutar el concierto. Tú puedes tener un material original muy bueno, pero hasta que no has pasado por él dos, tres o cuatro veces, no lo empiezas a disfrutar a tope. Por lo menos a mí me pasa esa experiencia.
Puedo escuchar un tema de un artista actual que saque un súper hit y la primera vez puedo decir, qué chulo, qué guay, pero la cuarta digo, esto me encanta, quiero seguir escuchando. Para ahorrarnos ese pequeño puente, hasta fidelizar con el oyente, nos nutrimos mucho del residuo cultural que tiene la gente ahí como un poco olvidado, que es la música clásica. La gente tiene un conocimiento de la música clásica brutal, lo que pasa es que no la tiene, quizás, ordenada.
No te sabe decir, pues esto es un tema de Wagner, esto es un tema de Liszt, pero le suena. Entonces jugamos mucho con esa emoción de decir, ah, esto me suena. La gente ya entra, encima juegas al despiste porque lo estás poniendo en un contexto que normalmente está muy alejado de la idea preconcebida que tienen, y les explota la cabeza.
Porque de repente estás mezclando un tema de Beethoven con una base de Ed Sheeran o de Bon Jovi. Haces cosas que son extraordinariamente lejanas en el tiempo, pero hacemos que coincidan. Sabemos hacerlo, desmontamos las obras y hacemos que puedan conjugar y puedan convivir.
Y la segunda pregunta, pues somos ocho granujas. Llevamos una sección de viento metal, una trompeta, un trombón de varas y un saxo barítono. Es como el saxo súper grande, este, que tiene una frecuencia súper grave.
Luego llevamos la típica sección rítmica de jazz, que es batería, bajo, guitarra y teclados, y un servidor que va con el violín. Y a la hora de componer los temas, pues la verdad es que el que lleva la voz cantante, vamos a decir, suelo ser yo porque soy el que más arriesga o el que menos detractores puede encontrarse dentro de la banda. Pero aportamos todos mucho.
Los ensayos son de micrófono abierto, como se suele decir. Todos opinamos y obviamente, si uno puede ser espabilado, ocho tíos son ocho veces más espabilados que uno. Entonces es una sinergia que se crea muy chula.
Pablo, ¿por qué Brass Band?
¿Por qué no? El nombre mola un montón. Brass es por los instrumentos de viento, las secciones en inglés se llaman brass, para los vientos metales y tal. Y me parecía un nombre muy potente. Antes me decías, ¿qué eres, más músico o violinista? Con esto te respondo. No es violín-band, es brass. Son los metales los que hacen que esto emocionalmente llegue mucho más lejos que con otros timbres.
Todo el mundo conoce las bandas sonoras de los últimos 20 años. Las secciones de viento que se utilizan son increíbles, pero increíbles. Hans Zimmer, John Williams, estos grandísimos genios se han apoyado muchísimo en los instrumentos de viento metal.
Lo que pasa es que eso a nivel emocional es brutal. Si lo sabes un poco manejar a tu favor, pues de repente creas algo que es que te sobrecoge y hace que la piel se te ponga de gallina.

¿Por qué el violín acústico?
Realmente, a ver, yo salgo a tocar con un violín eléctrico, un Yamaha, y en mi día a día, en mi casa, estoy todo el día con uno clásico.
O sea, yo trabajo, yo estudio con un instrumento real. Es verdad que, con el eléctrico, primero haces un salto visual que hace que la gente empatice más rápido con el texto musical que estás ofreciendo, porque ya dicen, es otro instrumento, no es el violín, pero suena a violín. Y luego a nivel técnico es muy cómodo. Voy a hacer un símil muy rápido. Una guitarra española y una guitarra eléctrica. La guitarra eléctrica vas con dos pastillas, puede sonar muy parecido a la guitarra española, pero es infinitamente más fácil de sonorizar. Entonces ahí nos ahorramos un trabajo que te la puede jugar muchas veces el típico pitido de concierto y tal, que se te acoplan las cosas, de esta manera se evitan. Y además el violín clásico es un instrumento que para recoger el sonido es muy cruel, es muy ingrato, porque sale por todos lados, es muy difícil que no pierdas ese color, ese cuerpo que tiene el instrumento de manera natural, y para captarlo pues a veces es extraordinariamente complejo.
Entonces con estos instrumentos electrónicos pues te ahorras mucho y el público lo que quiere es al final escuchar la música sin problemas. Entonces quitamos problemas de esta manera.
¿Cuál es el perfil del público que asiste a los conciertos de su banda?
Pues ahora mismo creo que es como la parte de atrás de los puzles, de 0 a 90 años. No somos una banda que esté súper consolidada, ni muchísimo menos, o sea, somos lo que somos y estamos súper felices y orgullosos de ello, pero la gente nos descubre por curiosidad, sobre todo.
¿Qué pasará con esto? Y sobre todo cuando alguien sí que nos ha visto, habla con sus allegados y dice voy a ir al concierto de este tío que me gustó un montón. Un concierto de un violinista, dice la gente que no nos conoce. Bueno, si me dices que vaya, pues iré.
Y esto sí que nos llega muchísimo, muchas veces, de testimonio, y es… venía el concierto con una expectativa mucho más aburrida y al final me lo he pasado genial. Entonces, claro, tenemos desde chavalillos de 20 años, que se lo pasan pipa, se lo pasan genial, a gente súper mayor, pero no súper mayor, gente mayor de 60-70 años que vienen y dicen oye, el mejor concierto de mi vida, me lo he pasado extraordinariamente bien, porque no es una oda a nosotros, es una oda a la música. Nuestro objetivo es que la gente se lo pase bien y que disfrute de la música como nosotros la intentamos ofrecer y que sea capaz de descubrir o engancharse a algo que desconozca, pero de una manera siempre pues muy afable y muy a favor.
Yo me he pasado muchos años haciendo música contemporánea clásica y lo he pasado tan mal, porque hay obras que son extraordinariamente tostón, son un verdadero tostón, y creo que la música tiene que ser un placer desde el minuto uno, entonces vamos siempre con esa premisa, que la gente no se aburra, que la gente no diga “uff”, llevamos una hora y cuarto de concierto, a ver si acabamos ya, que tengo el coche en el parking y van a cobrar más. Que se te olviden todas esas cosas, o sea, que estés donde tengas que estar en ese momento y que te vuele el tiempo y que quieras más. Cuando acabamos un concierto siempre nos dicen, esa misma semana, por redes siempre la gente te habla y dice, oye, ¿cuándo va a ser el siguiente? Es que quiero llevar a no sé quién, a que os vea. Pues mira, pues no sé cuándo va a ser el siguiente, porque como somos pequeñitos pues nos cuesta mucho salir a teatros y demás, pero cuando tenemos ahora una oportunidad como la del Movistar Arena, pues la acogida está siendo brutal precisamente por eso, porque la gente quiere, quiere encontrarse con esto y no hay una edad de corte, es para todos los públicos.

Leyendo sobre usted hay una cosa que me llama la atención y es que dicen que tiene una capacidad sorprendente para contagiar esta pasión por la música…
No sé si para contagiarla, bueno, si para contagiarla en plan bien, sí, para contagiarla en plan catarro, vamos a evitarlo, pero sí que nos dicen mucho eso, o sea, el feedback, “es que se os ve tan, o sea, que lo pasáis tan bien, que al final nosotros nos lo pasamos bien”. Nuestra primera ley, por decirlo así, es cuando salgamos a tocar primero hay que darlas, hay que darlas al final, hay que darlas en tiempo, hay que hacer lo que se ha practicado en los ensayos, pero por encima de todo hay que tocar para el escenario, o sea, nosotros siempre pensamos que es un ensayo más y parece una tontería, pero si nosotros tocamos a gusto y somos capaces de desaparecer de lo que es el entorno, creamos un ensayo, una zona de confort que estamos súper habituados a ella y de repente esa emoción, esas energías que salen en el escenario, saltan al patio de butacas y saltan, no las forzamos a que salten, sino que la gente coge y las ve y de repente, mira estos tíos, qué buen rollo tienen, qué bien se lo están pasando, qué chulo queda, mira cómo se ayudan, mira cómo le mira cuando el otro está haciendo un solo, mira cuando tiene una entrada, yo qué sé, al final son espectadores, o sea, el público es espectador, el público tiene que ver lo que pasa y lo que pasa de una manera, pues cuanto más limpia, pues más bonito es, o sea, yo creo que las cosas forzadas son una porquería, lo bonito de una bailarina es que se pone de puntas y parece que no pesa, porque se cargaría esa belleza. Esto es un poco igual, todo tiene que fluir, todo tiene que ser sencillo, a mí me dicen, es que los dedos te van a una velocidad y es que parece como si nada, bueno, claro, es que lo he hecho muchas veces, es que es como si nada, pero eso hay un trabajo enorme detrás que hace que yo te lo pueda ofrecer de una manera que digas, esto es magia, o sea, lo podría hacer yo mañana, pero mentira, tienes que pegarte unas palizas de trabajo brutales, pero bueno, si el resultado es eso, que la gente lo entiende de esta manera, pues exitazo, gol.
El próximo 13 de febrero estarán la Brass Band y Pablo Navarro en la sala Movistar Arena de Madrid. Después de este paso por Madrid, ¿hay alguna fecha más?
Sí, estamos el 13 de febrero en Madrid y luego estaremos en Torrelodones, me parece que en marzo, pero no, la verdad es que yo soy un poco, soy un poco desastre con esto de las fechas, porque siempre pienso en mis cosas y luego tengo mi equipo que piensa en las otras cosas, y para no colapsarme la cabeza, pues voy poquito a poco. Pero en marzo, creo que tenemos, bueno, sé que tenemos el auditorio de Torrelodones, que es un auditorio con capacidad para 600 personas, va a estar súper bien, el ayuntamiento está encantado con nosotros, la venta ha ido muy bien, y bueno, tenemos en mente hacer una gira a nivel nacional, a ver si sale y nos cierran ya cositas, vamos a intentar deambular por las ciudades más relevantes de España y poquito a poco, a ver si nos hacemos un huequito y la gente puede disfrutar de toda esta historia.

Pablo, siempre suelo acabar las entrevistas preguntándole a nuestro invitado, ¿qué espera del mundo de la música? En este caso, ¿qué espera de la Brass Band a corto y a largo plazo?
¿Qué espero del mundo de la música? Espero que cada día vuelva a tener el criterio y el rigor que tuvo hace mucho tiempo, creo que ahora mismo está un poco lastrado, está un poco lesionado, hay mucha música muy comercial que es bastante flojita, hablar mal está feo, así que voy a quedarme con esta flojita, pero voy a poner un ejemplo muy rápido. Rosalía acaba de sacar un disco que es una pasada, parece que ha descubierto la ópera, la ópera llevaba existiendo la tira de años, está guay, es un gesto que ha hecho que a mí me pregunta todo el mundo, ¿qué te parece el disco Rosalía? Pues obviamente me parece guay, es decir, lo contrario sería pegarme un tiro en el pie, pero ya existía todo eso, yo he disfrutado mucho de todo aquello, durante mucho tiempo en el Teatro Real, en la Orquesta Nacional, en la RTVE, y era una pasada. Yo a mis amigos en el Colegio Mayor cuando estudiaba la carrera, me los llevaba al Auditorio Nacional, me los llevaba a conciertos y decían, esto está guapísimo, pero claro, o tenían un amigo que estaba metido en el mundo, o si no, no había oferta, no les apetecía, entonces la respuesta es, ¿qué espero del mundo de la música? Que tenga un poco más de criterio, que la gente investigue un pelín más, que escuche con un poquito más de atención. Que se lo sigan pasando como se lo están pasando ahora mismo, porque la verdad es que trabajar y que te puedas ganar la vida haciendo una cosa tan divertida y tan exclusiva como lo que hacemos, pues es un verdadero lujo. Es fascinante.




