Tras año y medio de su clamoroso estreno en los Teatros del Canal, ‘Muerta de Amor’ ya atesora numerosos reconocimientos como los Premios al Mejor Espectáculo y al Mejor Elenco de la Bienal de Sevilla, otorgado por la crítica especializada; el Premio del Público del pasado Festival de Jerez, los Premios TALÍA al Mejor Intérprete de Danza y Mejor Labor de Producción, reconocimientos que otorgan la academia de las artes escénicas de España, y 3 nominaciones a los próximos Premios MAX (Mejor Espectáculo de Danza, Mejor Intérprete Masculino, Mejor Coreografía); además de los auditorios en pie de Milán, Miami, Mont-de-Marsan, Bogotá, Londres o Nueva York.
Manuel Liñán, nacido en 1980 en Granada, es un aclamado bailaor, coreógrafo y director que ha revolucionado el flamenco contemporáneo. Con un estilo que fusiona la pureza tradicional con una visión innovadora, ha sido reconocido por su dominio absoluto del espacio escénico y su capacidad para crear nuevos paradigmas dentro del flamenco. Liñán, gran revolucionario, ha conseguido desestructurar la tradición flamenca del género, apropiándose de formas, estética y complementos que hasta día de hoy solo eran utilizados por el género femenino.
Hace poquitos días estaba en el Teatro de la Zarzuela presentando esa “Muerta de amor” que está siendo un éxito allá por donde va. ¿Cómo ha sido el paso por el Teatro de la Zarzuela y cómo está siendo esta “Muerta de amor”?
Está siendo para mí muy bonito. Son espectáculos que disfruto muchísimo porque tiene unos artistas muy especiales con los que me voy cruzando a lo largo de la obra. El Teatro de la Zarzuela para mí es un teatro muy mágico, muy emblemático de Madrid. Era un sueño que tenía por cumplir. Nunca había bailado en el Teatro de la Zarzuela. Y la verdad que por ese lado pues ha sido también como súper emocionante. También la oportunidad de volver a Madrid después de haber estrenado en 2024, cuando la obra ya se ha rodado, se hace más firme, se construye, tiene un peso diferente.
Volver aquí a Madrid, a donde se estrenó, en una ciudad también tan importante para mí, donde vivo y donde me encuentro siempre, donde están mis compañeros, mis referentes, mis amigos, pues la verdad que han sido cuatro noches mágicas, muy especiales. Han sido cuatro noches muy bonitas. Estrenamos el primer día y dijimos todos, oh qué buen estreno, de verdad esto que tú dices queremos ver las otras tres funciones, cómo salen. También han sido tres funciones maravillosas, han sido cuatro funciones de verdad muy bonitas, muy especiales.
Esto se debe a que este año ha decidido en esta temporada Isamay Benavente abrir a otras compañías de danza, que no sean las compañías nacionales, este espacio también para la danza y el flamenco. Una mujer con una sensibilidad especial para el flamenco que no debemos de olvidar que viene de dirigir ese festival de Jerez…
La verdad que sí, desde aquí tengo que agradecer a Isamay, precisamente por eso, también por programar un espectáculo que ya se estrenó, que eso también es una cosa muy importante. A veces cuando se estrenan los espectáculos, volver a reprogramarlos parece que cuesta, y yo creo que Isamay en este aspecto tiene una visión del espectáculo, pues la gente puede verlos o quiere verlos otra vez, y me parece una manera también de mantener las creaciones vivas y activas, que también son muy importantes para el sector y también para el público, que una obra pueda estar en una ciudad y pueda volver a esa ciudad.
Manuel, ¿cómo le gusta que le definan? ¿Mejor como bailarín o como bailaor?
Pues sinceramente yo creo que me da igual. Creo que cada persona lo va a definir de una manera diferente. Estoy muy cómodo tanto como bailarín como bailaor. Es algo que, bueno, que me considero que soy… Luego cada uno tiene una definición y tiene también como una estructura ligada a bailarín y a bailador, creo. Pero para mí yo estoy cómodo en las dos maneras.
No solo es un bailarín, un bailaor comprometido con el flamenco, con la danza española, sino que además es un potente creador. ¿En qué está metido ahora?
Pues estoy empezando a pensar. Pero ahora mismo no tengo nada. Ahora mismo no tengo nada claro, no tengo ninguna dirección concreta realmente. Lo último que hice fue “Bailaora”. Para mí es un recital de baile donde considero que es un espectáculo que de alguna manera es un poco alternativo, pero es un recital de baile clásico que para mí a veces es muy necesario cuando salgo de producciones tan grandes como “Muerta de Amor”. Necesito crear ahí como un espacio donde diga, bueno, este es mi rinconcito y aquí voy a bailar yo mis cuatro bailes como yo quiera bailarlos.
Manuel, también es un rompedor del flamenco, con toques muy contemporáneos, creaciones muy contemporáneas, ha vestido a los hombres de ‘bailaoras’, ha utilizado las batas de cola. ¿Cómo ha sido este proceso durante todo este tiempo?
Para mí ha sido algo orgánico, una cuenta que yo tenía pendiente desde pequeño y que he podido hacerlo y mostrarme, he podido compartir a lo largo de los años cuando ya he apartado a un lado los juicios sociales, el peso de la tradición y el miedo. Cuando he podido quitar todo eso que ha sido pasado unos años, también por supuesto no solamente mi carrera artística, sino mi vida personal, cuando he conseguido apartar todo esto, he conseguido sentirme libre y decir voy a mostrarme tal y como siempre quise mostrarme. Y entonces ahí empezó todo, cuando ya empecé a ponerme la bata de cola, cuando empecé a hacer “Viva”, que hace honor a mi infancia. Para mí “Viva” es recuperar mi infancia, recuperar el sueño, el anhelo de aquel niño que ansiaba también una estética diferente, que se quería mover de una manera diferente y por miedo, pues no pudo hacerlo. Cuando ya conseguí quitar todos estos juicios sociales, he empezado a ser yo, no es que antes no lo fuera, sino que he completado mi identidad.

¿Cómo definiría “Viva”? ¿Cómo era?
Bueno, cómo era y cómo sigue siendo, porque seguimos trabajando, de hecho, vamos a Belgrado también y tenemos algunas funciones fuera. Pues mira, yo el recuerdo que tengo de “Viva” es que en el montaje se creó como una esfera, yo me imaginaba que todos los intérpretes y los músicos estábamos como envueltos en una esfera de cristal, se creó una emoción, una honestidad tan potente, tan especial, una energía tan bonita que yo sentía que nadie iba a poder destruir esa atmósfera que tenía “Viva” ya en esos ensayos.
Y Viva empezó. Viva, en los ensayos, empezó con algún miedo, con mucho pudor y luego se convirtió como en un grito de identidad y de libertad y de decir estos somos, así bailamos y así queremos vestirnos y fue como una verdad apoteósica por parte mía y por parte de mis compañeros, lo mismo en el escenario. Ha sido brutal. Todas las funciones han sido para mí históricas.
Viva no solo tenía flamenco, ¿verdad?
No, era flamenco, era danza española, hay un paso a dos maravilloso, histórico para mí, de Daniel Ramos y Víctor Martín que luego ha ido mutando un poco. Víctor y Dani estaban en el Ballet Nacional, vinieron a “Viva” y luego Víctor volvió al Ballet Nacional, ahora ese papel lo está desempeñando Joel Vargas, a veces, también, José Ángel Capel… Hemos dado muchas vueltas.
¿Cómo se definiría como bailaor y creador?
Yo siempre tengo una sensación de estar empezando. Es verdad que cuando haces un espectáculo dices ya está hecho y ahora qué, como que se termina. Me considero una persona como que siempre estoy empezando. Vuelvo a ese kilómetro cero y me siento muy bien sintiéndome así, sintiéndome que no sé nada, sintiéndome queriendo empezar de nuevo sin saber cómo hacerlo, teniendo la ilusión de crear, aunque no tenga nada que crear, pero pienso: “a él le crearía esto, me llaman para dirigir…”. La ilusión es tan importante, me siento feliz, me siento muy feliz por haber conseguido liberarme, por haber conseguido mostrarme al mundo como siempre quise, como soy, me siento libre de decir este soy yo, este soy yo mundo y así me conecto yo con este arte y así me conecto yo con la vida, de una manera sincera, sin guardarme nada.
¿Cómo reacciona el público?
El público ha reaccionado muy bien. Cuando empecé a bailar con la bata de cola y travestido, ahora lo pienso y digo, joder, de verdad, qué miedo tenía y que el paso era tan corto, o sea, yo venía bailando ya con la bata de cola, ya había montado coreografías para el Ballet Nacional de España con bata de cola, había montado coreografías para Belén Maya, para Rafaela Carrasco con bata de cola, solamente era salir del bastidor, ya está. Pero eso me costó tanto que recuerdo que la primera vez que lo hice le dije a un cantaor: “José, por favor, si hay alguien del público que me dice ‘maricón’, cógeme y quítame del escenario”. Tenía miedo todavía, con 36 o 37 años, a esa acción. He de decirte que tanto “Viva” como las actuaciones con bata de cola para mí han sido las actuaciones más memorables, o sea, las reacciones del público que voy a guardar siempre, siempre, siempre en mi corazón. De ver en el público gente mayor aplaudiendo, de pie, o sea, increíble.

Sin embargo, en redes sociales se generó un gran revuelo. ¿Por qué cree que se genera esa polvareda?
Una polémica en redes sociales y en el sector artístico también. Es verdad que “Viva” se ha consolidado, yo me he apropiado de mi bata de cola y sigo de una manera natural, pero cuando yo empecé el sector artístico también dijo ¿dónde va este? Esto no es flamenco. ¿Este señor qué se siente? Cuando yo fui la portada del Festival de Jerez, hubo gente que dijo esto no es flamenco, este señor se está equivocando, no puede ser el cartel de esto, hubo mucha gente, también, del sector flamenco que fue al cuello, literal. Y yo seguí, o sea, esto no era la gente. La gente se pensaba que cuando yo me puse la bata de cola iba a ser porque era un lunes de carnaval. Y es que esto no era carnaval, esto era una cosa que se quedaba, que se quedaba en mi cuerpo y que siempre iba a usar y la gente decía ¿otra vez la bata de cola? Digo claro, otra vez la bata de cola. ¿Vosotros cuestionáis cuando una bailaora se pone un vestuario para sus espectáculos? ¿Por qué me estáis cuestionando a mí? Parte del sector artístico, también en su momento, se removió. Y mucha gente que me puso en redes sociales, te estoy hablando del sector artístico y al principio, a parir, fue luego también esa gente la que vino al camerino a darme la enhorabuena. Y con esto te quiero decir que estamos muy acostumbrados, también socialmente, a hacer un juicio antes de ver la obra del artista. Y eso me pasó a mí. A mí todo el mundo antes de ver mi obra la criticó, y entonces ya no criticó mi obra, criticó el hecho de que un hombre se ponga una bata de cola. Ahí ya estamos hablando de algo que no es artístico, ya estamos hablando de conceptos, de educación, etc. Con el tiempo, en ese momento y durante el tiempo, por supuesto, eso trascendió a las redes sociales donde la gente que no tiene identidad ni cara se permite la licencia de lincharte públicamente, de insultarte y de dejarte comentarios homófobos, y la verdad que no dejaron de asustarme y por eso fue un hecho que quise denunciar públicamente porque tampoco fue un hecho aislado cuando pasó todo esto que se viralizó.
Un artista de su talla, de su trayectoria, ¿de quién ha bebido?
De todos y creo que es lo importante. Yo me acuerdo cuando era pequeñito que quería estudiar con todos los maestros e intentaba hacerlo. Tenía referentes. Cuando llegué a Amor de Dios con 17 años para mí era como si estuviera en Eurodisney. Había un montón de maestros y estaban todos cerca. Estaban María Magdalena, que en paz descanse, que hace poquito que se nos ha ido, Güito, Manolete, un maestro tan importante para mí, la China que aprendí muchísimo, Rafaela Carrasco, Paco Romero… Salías de un sitio y te metías en otro y salías de ese otro y te metías en otro, y eso para mí era un sueño. Ya en ese momento me parecía muy importante tener varios referentes porque cada maestro tiene una lectura diferente y te aporta algo diferente y eso es lo que hace que luego uno tenga un cóctel de cosas y empiece a crear su propia personalidad.

¿Con quién ha compadreado más del mundo del flamenco?
Bueno, con mi gran compañero y amigo Marcos Flores, Olga Pericet y Daniel Doña. Con ellos empecé fantaseando. Y nos metimos en este mundo de la producción con 24 años sin saber lo que era ser autónomos, a pedir préstamos porque no teníamos dinero para hacer espectáculos de danza… (risas)
¿Cómo ha evolucionado todo eso? ¿El mundo de las compañías? ¿Cómo ha evolucionado, incluso, la forma de bailar?
Pues creo que para bien. Cuidado con lo que voy a decir. Es siempre lo mismo que se va repitiendo en el sentido de que cuando nosotros empezábamos a crear empezábamos a crear porque teníamos la necesidad de aportar una lectura nueva a lo que ya existía y la inquietud de decir vale, sabemos que nuestra educación es clásica, tradicional, pero queremos decir algo más, queremos proponer, y tengo la sensación que hoy, a pesar de que ya por supuesto el mundo de la danza española y flamenco ha evolucionado, la gente que llega tiene también esa inercia, esa intención de decir vale, está hecho, pero nosotros que venimos de aquí, de otro sitio, otra educación, otra época, y queremos contar también. Esto es algo que se va repitiendo, que se va reciclando constantemente. Es muy importante y creo que es el secreto también de mantener un arte vivo que evolucione.
¿Con quién le gustaría trabajar a día de hoy?
Tenía un sueño que era trabajar con Eva Yerbabuena, que tuve la suerte de cumplirlo y lo voy a repetir. Tenía muchas ganas de trabajar con Lorena Nogal. Hubo un proyecto que finalmente no cuajó, pero tenía muchas ganas de cruzarme con Lorena Nogal. Ahora estamos haciendo una gala para Estados Unidos, en la que va Eva Yerbabuena, Farru, Juan Tomás… Son cosas que ahora mismo se ven muy poco en los escenarios porque cada artista tiene su compañía, tienen sus espectáculos, su historia y nos relacionamos muy poco entre los artistas. Nos juntamos muy poco para crear y para proponer algo. Y ahora que estoy haciendo esta gala digo la verdad que es maravilloso, porque cuando cabezas tan diferentes de repente concluyen en un mismo espacio es tan bonito, crear un espacio de convivencia entre artistas tan diferentes que nos dedicamos a lo mismo y eso la verdad que ahora están siendo unos momentos muy bonitos.

En un mundo tan complicado como es el mundo de la danza, como es el mundo del flamenco, con esta inestabilidad laboral tan fuerte y tan tremenda que hay. ¿Cómo es la supervivencia, el día a día, de un bailaor flamenco como usted?
Si me dices como yo, siento que soy una persona afortunada. En estos últimos trabajos me siento muy afortunado de la salida que han tenido. Anteriormente a estos trabajos, cuando a lo mejor yo no tenía tanta estabilidad con los espectáculos que hacía, que creaba, mi carrera también se basaba mucho, para sobrevivir, en la enseñanza y en el estar dando vueltas por todo el mundo enseñando que es algo que también me gusta y que sigo haciendo. Pero si miro a la gente que está viniendo o a la gente que me llama para decir, oye Manuel me encantaría que me dirijas este espectáculo, pero es que no tenemos cómo pagarte, ni a ti ni a nada, eso me da tanta tristeza, me da tanta pena que tengamos en nuestro sector jóvenes que están con estas inquietudes de crear, de proponer, de contar, y que no tengan las herramientas, eso me entristece mucho y creo que es algo que nos estamos perdiendo todos porque es verdad que algunos de estos artistas arriesgan porque les puede, y porque a mí también en su momento me pudo, porque yo cuando creé mi primer espectáculo con Olga ya te digo que tuvimos que pedir un préstamo. Y eso me da mucha pena. Siento que nos estamos perdiendo lo que nos tienen que contar esta gente que viene que viene empujando, y que viene proponiendo, y ahí es donde tenemos que buscar cómo ayudarlos. Es verdad que están las residencias que son grandes impulsos. Por favor que nunca se terminen las residencias y que existan más porque las residencias la verdad que son grandes puntos y vías de apoyo para la creación. Ánimo, y por supuesto mi enhorabuena a todas estas instituciones que crean estas residencias porque me parece muy importante. Pero, aún así, creo que institucionalmente tienen que tener más ayuda a la creación los jóvenes y, por supuesto, los artistas también ya consagrados a la estabilidad de mantener una compañía en el mundo de la danza.
¿Quién ha sido la persona más importante en su vida?
Pues yo creo que mi madre, sin ninguna duda.
Y usted, ¿para quién ha sido la persona más importante?
No lo sé, no sabría responderte.
¿Ha tropezado alguna vez en la misma piedra?
Sí, claro. Me ha servido para crecer. Y cuando lo he hecho intuía que estaba repitiendo lo mismo. De ahí algo se aprende y lo importante es no quedarte con esa piedra durante todo el camino. Si no sabes en algún momento que esa piedra está ahí y que cuando pases por ahí, la próxima vez, a la tercera ya la saltes.

¿Con qué es capaz de llorar? ¿Con qué se emociona?
Es que soy tan fácil. Mira, hace unos días tuvimos un ensayo general de la gala que te estoy contando y lloré. Sí, porque dije, qué bonito ver a artistas diferentes así juntos y que está saliendo bien y que la gente le pone energía y gana. Me emociono muy fácil. Hoy también estaba dando clase en una escuela de formación aquí en Granada, que hay gente joven también formándose y había un buen rollo, que he parado la clase y les he dicho: “chicos, de verdad, tenéis una energía tan bonita”. Me emociono muy fácil, soy muy fácil de romper a llorar.
Cuando crea, ¿necesita primero tener la música o necesita que construyan la música para lo que ya ha creado?
“Muerta de Amor” estuvo un año en la cabeza dando vueltas y me planteo, no quiero hacer una creación por antojo, no soy de los que dicen año nuevo, creación nueva. No. Tiene que ser algo que realmente yo sienta, necesite hacerlo y cuando son cosas tan específicas, quizá con más dramaturgia, como “Muerta de Amor”, por supuesto que la música tiene que ir al mismo paso que la obra.
La música, por ejemplo, se creó conforme se iba creando la coreografía, todos de la mano desde el principio, porque tiene que ser así, tienen que caminar juntos.
Me ha dicho que ha tropezado varias veces en la misma piedra, no sé si la vida es para los valientes…
Bueno, yo creo que la vida es un regalo. Si te das cuenta cuando te he contestado, mi primer impulso es decirte que la vida es un regalo, porque es verdad que los afortunados que nacemos, pues es que tiene que ver muchas cosas, tiene que ver el punto geográfico donde nazcan, el entorno, las posibilidades. Hay veces que puede resultar un regalo y que tenemos que vivirla y que tenemos que sentirla, porque creo que la vida, lo que hace especial y única a la vida es la emoción, que nos permite sentir, emocionarnos, llorar y amar, siempre y cuando estemos en el marco donde esas circunstancias se puedan dar, porque lamentablemente hay gente que está en un marco de sobrevivir y de poder buscarse un trozo de pan para poder sobrevivir.

¿Qué le quita el sueño actualmente? ¿De qué le gustaría hablar en sus próximas creaciones?
No lo sé, yo creo que la sensibilidad del ser humano, creo que vamos como muy rápido y a veces siento que la humanidad está con la mirada perdida. Siento como una energía de grupo, desconectada un poco de la naturaleza, desconectada un poco de la sensibilidad de la piel, desconectada de que a lo mejor en un grupo donde hay un millón de personas, hay una que está llorando y nadie mira a esa persona, sino que todos siguen con la mirada perdida. Creo que hace falta un poco de sensibilidad, de sostener, de empatía, de mirar al compañero, de ayudar y de aportar para que no crezca uno solo, sino que crezcamos todos en grupo y que todos podamos evolucionar y encontrar sentido emocional a lo que estamos haciendo.
¿Cree que hay una palabra más bonita que un te quiero?
Te amo, pero te quiero ya es muy bonita. Te quiero es verdad que puede que esté en el top, pero te ayudo, te necesito, te abrazo, también me parecen palabras que a mí me llenan mucho.
Para finalizar, ¿qué le diría al mundo de la danza y el flamenco ahora mismo?
Le diría que tenemos que estar unidos, que tenemos que visitarnos entre nosotros. A veces cuando voy al teatro veo muy pocos aficionados del sector. Tenemos que apoyarnos, sostenernos, dialogar entre nosotros. Y reencontrarnos entre nosotros. Eso nos podría dar una fuerza y un poder diferente para sentirnos aún más apoyados. Independientemente de sentirnos así o no creo que necesitamos un poco de unión, de empatía y de diálogo entre nosotros.





