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Año IXNúmero 449
23 MARZO 2026

Gloria Muñoz: “En teatro, si algo no te gusta, es complicado defenderlo todos los días con tu cuerpo y cara al público”

Gloria Muñoz posa para Masescena en una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid
Gloria Muñoz posa para Masescena en una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid
Gloria Rodríguez Gallego, conocida artísticamente como Gloria Muñoz, es una actriz de cine, teatro y televisión. Su padre era del cuadro de actores de Radio Madrid y desde muy niña veía cómo se hacían las radionovelas, que entonces se llamaban seriales. Empezó en 1965 en la compañía de Amelia de la Torre y Enrique Diosdado. Inició pronto su participación en el teatro independiente como miembro de Tábano (en especial en la “Castañuela 70”) y Los Goliardos. Ha alternado sus trabajos en cine con el teatro, con directores como José Luis Gómez, Mario Gas, Carme Portaceli, Calixto Bieito, Gerardo Malla o Claudio Tolcachir.

Entre las numerosas películas en las que ha trabajado destacan La vida alegre (1987), de Fernando Colomo, La flor de mi secreto (1995), de Pedro Almodóvar, Manolito Gafotas (1999), de Miguel Albaladejo, El Bola (2000), de Achero Mañas o Deseo (2002), Mi querida cofradía (2018) o Buenos modales (2022) de Gerardo Vera.

Se ha prodigado igualmente en series de televisión, entre ellas Los jinetes del alba (1990), Mar de dudas (1995), Menudo es mi padre (1996-98), Policías, en el corazón de la calle (2001-02), Manolito Gafotas (2004), El síndrome de Ulises (2007-08), Gran Reserva (2011-2013), La que se avecina (2017) y Señoras del (h)AMPA (2019).

Viene al Teatro de la Abadía con la producción “Las Gratitudes”. ¿Puede hablar de lo que nos cuenta?

Lo puedo contar perfectamente. Habla de varias cosas, mezcla varias cosas. Básicamente habla de esa gente que nos ha hecho cambiar la vida para bien y que necesitamos darles las gracias de alguna manera. Yo me acuerdo que cuando a Camín le dieron el Nobel, habló y escribió a su maestro porque decía que le había cambiado la vida, que él era el que le había hecho. Pues este tipo de gratitud, la señora de la función, la tiene guardada y quiere demostrársela a la gente que de hecho le salvó la vida en un momento dado cuando ella era niña.

Lo que ocurre es que esa mujer ha entrado en un proceso de afasia, entonces como ella es una mujer inteligente, ha trabajado como correctora, es filóloga, tiene mucha conciencia de que si se le acaban las palabras se le acaba la mente. Como ella dice, en un momento dado de la obra, hay que decir las cosas que uno quiere decir, hay que decirlas pronto todas antes de que sea demasiado tarde. Ese proceso de esa mujer que está aterrorizada porque está con la sensación de que va a perder, que la mente, como dice ella, va a echar a volar, se las va a pirar y quiere antes dar esas gracias.

Al mismo tiempo, está la gratitud de la chica a la que ella ha cuidado desde niña y la gratitud hacia el logopeda, o sea, es una mezcla de gratitudes, habla de eso, de la necesidad que tiene uno. Pero no es una cuestión de que haya que hacerlo, no es una cuestión moralista de que tú tengas que hacerlo, sino que hay gente a la que tú tienes necesidad de agradecer lo que han hecho por ti. Todo esto dicho así parece un drama tremendo, pero no es verdad, tiene momentos de mucha comedia, sin que haya chistes, o sea, simplemente las situaciones que se dan a veces son muy cómicas y a mí siempre me ha gustado ese tipo de teatro, ese teatro que conmueve a la gente, que lo tienes que hacer muy de verdad, pero que también hace reír por las situaciones.

¿Qué relación tiene esta protagonista con el resto de personajes que aparecen en escena?

Lo puedo contar porque es el inicio de la obra. A ella la tienen que llevar a un centro especial para tratar de curarle esta afasia que está iniciándose. Las relaciones son, con la mujer a la que ella ha criado de niña, porque tenía problemas con la madre, con la mujer, la chica joven, a la que ella ya ha cuidado de niña y que ahora viene a verla, y que también tiene que agradecerle. Y la otra relación es con el logopeda que le pone la institución para que le ayude a no perder el lenguaje, para que le ayude a recordar palabras, a decirlas bien, el trabajo que hace el logopeda.

Lo que pasa es que ella misma le dice “yo sé que esto no va a servir para nada”, porque es un problema de degeneración neuronal. Al principio de la función está muy enfadada porque no quiere que la lleven, como pasa con toda la gente mayor, me pongo en el caso y a mí me pasaría lo mismo, no quiere que la lleven a una institución, pero es consciente de que no tiene más remedio. Todo le parece mal y está muy enfadada, pero poco a poco va tomando una buena relación con ellos porque ella misma es consciente de que están, digamos, a su favor.

No sé si es la primera vez que pisa La Abadía. ¿Qué supone estar en un teatro tan emblemático en Madrid?

No he pisado nunca esta sala, pero había estado en la otra con “La respiración”, con Sanzol. Para mí La Abadía es un teatro en el que José Luis hizo lo que los que estábamos en el teatro independiente hubiéramos deseado hacer. Es un teatro, como tú dices, completamente emblemático, al que a uno le gusta mucho venir, que siempre te sientes muy bien acogido, pero que además sabes que el público que viene también es un público que viene a ver algo que no es el teatro habitual que se da en los teatros comerciales.

Supone, de alguna manera, aparte de que te puede hacer ilusión estar en este tipo de teatro, y con la dirección que tiene ahora lo mismo, pero aparte tiene como un punto que lo une con la época del teatro independiente. Es un poco lo que uno había soñado tener.

Gloria Muñoz posa para Masescena en las inmediaciones del Teatro La Abadía de Madrid
Gloria Muñoz posa para Masescena en las inmediaciones del Teatro La Abadía de Madrid

Leyendo parte de su biografía, los inicios son en ese teatro independiente que comenta con actores, actrices y directores maravillosos que hemos tenido en nuestro panorama teatral. ¿Qué recuerda de aquella época?

Bueno, mis inicios en realidad son en teatro comercial, que empecé con Amelia de la Torre y Enrique Diosdado, haciendo teatro comercial que no me gustaba nada. Yo al mismo tiempo estaba en la universidad y me parecía un teatro, y el público no me gustaba nada de nada y estaba dispuesta a dejarlo cuando, como yo digo, de pronto llegó Margallo y empezó la cosa a cambiar.

Entré en el teatro independiente con la “Castañuela 70”. Yo tenía en mente, porque había visto varias cosas de independiente en distintos colegios mayores, que era una cosa amateur. Entré a hacer la Castañuela y ahí con Ángel Facio, que era el director de Los Goliardos, tuvimos una reunión una noche que nos estuvo dando una especie de charla, hablando de que si nos poníamos, nos uníamos, había mercado suficiente para convertir este tipo de teatro que queríamos hacer, que era muy político, pretendía ser muy europeo, muy nuevo, muy distinto, y este tipo de teatro tenía un cierto mercado, sin necesidad de depender de ninguna institución, pero que había un mercado al que podíamos acudir. Y así empezamos a meternos, a convertirnos en profesionales. Era todo el día dedicado a eso.

Mi padre me decía “¿tú no querías ser actriz?, pues te has metido a monja, porque estás todo el día metida en el convento. Para mí es una época extraordinaria. Como he dicho antes, trabajar con Margallo, con Ángel Facio, los montajes que hicimos, que eran maravillosos, los actores que estábamos y lo divertido que era.

Fue una época en donde, además, en los festivales europeos veíamos otro tipo de cosas que nos seducían. En el caso de Tábano, hacíamos un teatro que estaba muy entroncado también con la tradición española, pero llevándolo a la modernidad, muy irónico, muy satírico, muy político. Y luego ya la segunda parte de mi estancia, a partir del 74, ya es, además, ese viaje con bebé, que eso es el colmo, porque nosotros en el Independiente lo hacíamos todo.

En Tábano, en concreto, éramos 14, entre músicos y actores. Naturalmente no podíamos llevar, además, técnicos, y hacíamos todo lo que hubiera que hacer nosotros. Cargas, descargas, y a la carga y descarga ya se unió lo de bajarme el corralito, el cochecito del niño, los pañales… Es una época de mi vida que no cambiaría por nada y que además aprendí mucho de teatro, muchísimo.

¿Cree que hoy día, con la situación actual que tenemos, se podría dar un tipo de teatro como ese teatro independiente? Partimos de la base que yo creo que los actores y actrices actuales, o sea, más jóvenes, no tienen el mismo compromiso con la profesión que tenían ustedes.

Yo creo que es una época muy distinta porque nosotros, los que estábamos en el Teatro Independiente, de hecho, éramos todos antifascistas y antifranquistas. No te limitabas a ser un actor que quería hacer una obra de teatro bonita, y bien hecha, y moderna, y tal, sino que, además, querías que tuviera un contenido.

Yo creo que ahora los actores actuales tienen muchísima más formación porque salen todos de escuelas. Hay muchos. Lo que no tienen, quizá, es esa tendencia de cooperativa, de juntarse en torno a una idea y a una intención de hacer un tipo de teatro muy determinado. Además, hay otra cosa que es la competencia desleal de las producciones que se hacen en los teatros nacionales que son buenísimas, son de una calidad enorme y donde también ahora se dicen cosas políticas y no pasa nada. Creo que no es que los actores no tengan esa intención, sino que las circunstancias históricas son muy diferentes. Yo conozco grupos, mi hijo ha formado a veces, que cuando están parados, por ejemplo, cuando no están contratados, ellos trabajan como trabajábamos en el independiente.

Quizá está más extendido el que hay que dar trabajo también a los técnicos, que no se puede hacer una compañía donde tú te lo haces todo, pero creo que hay compañías que están funcionando así. Hay una cosa que cambia, que es que hay subvenciones. Entonces no recibíamos ni un duro, era todo lo que venía de taquilla o de la gente que nos contrataba. Yo recuerdo una actuación de “Castañuela 70”, que nos había contratado no sé quién en Pozuelo, nos pagó un caché grande y, en primera fila, estaba Simeón de Bulgaria, tú imagínate, para nosotros era… Nos tuvieron apartados de los invitados, nos tenían como si estuviéramos en un corral. Había gente que se arriesgaba a la obra de moda, pues te pagaban un caché, pero no había subvenciones, no había posibilidad de apoyos, de ninguna institución, porque los apoyos venían dados de que no hablaras de determinadas cosas.

Y luego estaba la censura, que aparte de que no hubiera apoyos… La segunda obra que presentamos a censura después de “Castañuela 70”, con Tábano, setenta y tantas hojas, nos dejaron sin tachar tres, o sea que hazte una idea de cómo era todo aquello. Yo creo que ahora, no es que los chicos, es que no hay ese sentimiento de cooperativa, de trabajar en equipo y de buscarse la vida, no está tan acusado como entonces, por las circunstancias actuales, que son distintas.

Gloria Muñoz posa para Masescena a las puertas de una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid
Gloria Muñoz posa para Masescena a las puertas de una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid

A mí me encanta una frase de Margallo, que decía: “Yo cuando producía o dirigía una función de teatro, si no funcionaba, pues rápidamente ponía la cabeza en otra cosa”.

Claro, claro. Yo estaba en Tábano y en Goliardos, y como iba muy bien, cuando aquí por ejemplo se prohibía, nos íbamos a trabajar para la inmigración, pero que nos contrataban ellos, no iba con el Ministerio, había otra gente que iba a trabajar en esa misma época con el Teatro Nacional, contratados por el Ministerio de Trabajo. A nosotros nos contrataba la gente del PCE, se juntaban, además eso era una cosa muy bonita, porque se juntaban los de UGT, los de PCE y los de CNT para conseguir un caché para poder pagarnos, que lo que hacíamos es que cobrábamos poquísimo y dormíamos en las casas de los propios emigrantes. Ahí aprendí muchísimo.

Era una época en que había idea de equipo. Creo que los chicos de ahora también tienen idea de equipo, pero falta el empuje de tener algo sobre lo que hablar. Y luego es que hay que ganarse la vida, entonces vivíamos con muy poco.

¿Qué espera de este paso por La Abadía, de esta obra dirigida por Juan Carlos Fisher?

Espero mucha felicidad. Yo he estado en un momento un poco duro personal, y ahora los ensayos están siendo la vida. Eso a mí me gusta muchísimo y espero que el pase por La Abadía nos suponga muchas más funciones. Espero que a la gente le guste mucho porque estoy segura de que le va a gustar, y yo espero estar muy feliz haciéndola. Con Juan Carlos, que yo no le conocía, había visto sus obras pero no había trabajado nunca, está siendo una relación maravillosa en los ensayos y con los dos actores que me acompañan también, entonces creo que lo vamos a pasar muy bien, y cuando nosotros lo pasamos bien en el escenario lo pasa bien el público, eso suele ocurrir siempre.

¿Qué se le pasa por la cabeza cuando es joven y decide dedicarse al mundo del teatro?

Pues en mi caso lo que se me pasó por la cabeza es ‘yo quiero hacer eso’, pero quiero hacer eso porque me gustaba, quería hacer teatro. Cuando empecé a estudiar, a prepararme para esto, no se me pasó por la mente hacer cine ni televisión, inmediatamente empecé a hacer televisión, series y estudios uno y cosas muy pronto, pero lo que quería era hacer teatro. Y lo que se te pasa por la cabeza es la posibilidad de ser otro, de hacer otro personaje, de ser una persona que no eres tú. A medida que vas haciendo obras te vas dando cuenta de que esto es una realidad, vas acumulando dentro de ti gente que no eres tú, pero a la que tú le das vida, con lo cual tú le das vida pero ellos te dan a ti una vida. Me acuerdo que mis hijos me decían “mamá, que te estás trayendo el personaje a casa, cuidado”. Era muy jovencita cuando decidí que quería ser bailarina de puntas, pero no había una escuela cerca de mi casa y era muy difícil que llegara al conservatorio. A los 12 años le dije a mi padre que quería ser actriz, me dijo esa frase que siempre he recordado de, bueno, vas a empezar a ir a clase y si tienes talento sigues, pero si don José, que era mi primer maestro, me dice que no tienes, lo dejas y te dedicas a otra cosa, porque mi padre quería que fuera escritora.

Gloria Muñoz posa para Masescena
Gloria Muñoz posa para Masescena

¿Su padre perteneció al cuadro de actores de Radio Madrid?

Mi padre era actor de Radio Madrid y él quería que fuera como Carmen Vázquez-Vigo, la madre de Verónica Forqué, que era una escritora extraordinaria. De vez en cuando hacía guiones para la radio y él la admiraba muchísimo. Quería que fuera escritora, pero cuando le dije que quería ser actriz pues lo primero que me dijo es que tenía que prepararme, y me pidió que hiciera una carrera para que no fuera una persona inculta. Le gustaba mucho su trabajo. Él había sido músico antes que actor y le parecía que dentro del teatro era muy bueno que hubiera gente que tuviera una cultura y que pudiera entender bien lo que hacía. Él hubiera estado muy contento.

¿La vieron en escena? ¿Cuál fue la reacción de ellos?

La de mi padre, maravillosa, porque me llegaron a ver primero en las que hice con Amelia de la Torre. Luego empezaron a ver otras cosas. Hay una anécdota que hice un mutis en Tábano, pero no fue con Castañuela, yo no sé qué estábamos haciendo, debió ser ya con “La ópera del bandido”, me acuerdo que hice un mutis y de pronto arrancó un aplauso de alguien. Y dije yo, es mi padre, y yo no sabía que estaba mi padre. Y realmente era mi padre el que había arrancado el aplauso. Sí, él estaba muy satisfecho, le gustó mucho.

¿Qué es lo mejor que ha hecho profesionalmente?

He hecho cosas maravillosas de, por ejemplo, teatro clásico, de teatro comercial he hecho también cosas buenas, pero para mí lo mejor que he hecho ha sido la última función que hice con mi hijo, que se llamaba “Ira”. Escribió una obra a medida, pero no para que yo me luciera, sino para que yo utilizara todas las habilidades, digamos, que a lo largo de los años he ido aprendiendo. Había mucha comedia. Lo único que no me hizo es cantar, pero había mucha comedia, había momentos dramáticos, de tristeza, de rabia. Me hizo un traje a medida para que yo estuviera muy a gusto y por otro lado era muy divertido el trabajo juntos. Por ejemplo, desde “La boda de los pequeños burgueses”, que fue algo extraordinario y otras obras que he hecho con esta misma compañía, como por ejemplo “Emilia” o “Todos serán mis hijos”, obras que he hecho con Mario como “La Orestíada”, un trabajo extraordinario que hicimos en Mérida. Y lo mismo pasa con “Troyanas”. “Mestiza” fue una obra preciosa que hicimos no hace mucho tiempo. Pero si me tengo que quedar con algo, me quedo con esta por eso que te digo, porque tuve la sensación de tener la ocasión de todo lo que yo he aprendido a mi edad, y desde que llevo trabajando, los 17 años, que eso quiere decir que llevo 60 años trabajando, pues me daba la opción de utilizar todos los aprendizajes, yo no lo llamo talentos, lo llamo habilidades porque este oficio es muy artesanal, y me daba ocasión de utilizar todo y de divertirme mucho con la persona que estaba conmigo en el escenario.

Imagen de la actriz Gloria Muñoz en las inmediaciones del Teatro La Abadía de Madrid
Imagen de la actriz Gloria Muñoz en las inmediaciones del Teatro La Abadía de Madrid

¿Qué supuso para una actriz de su talla interpretar esa función en el Corral de Comedias de Almagro?

Fue algo maravilloso porque además también estaba con mi hijo que era el que hacía de Tirso de Molina, y que de ahí sacamos la idea de hacer otra cosa juntos, por cierto. Pero es que fue un trabajo muy bonito, porque era un personaje que por un lado existía, por otro lado, tenía que hacer, como Yayo Cáceres es imparable para que te conviertas en un personaje, en otro, cantes… Silvina Tabús es la que cantaba junto a un guitarrista, una cantante extraordinaria que me apoyaba y que entonces hacía que pareciera que yo canto muy bien. A ver, no es que cante mal pero no tan bien como ella me ayudaba con su apoyo. Había partes entre el público. Era como una vuelta a todo lo bien que me lo había pasado en la época de El Tábano, en concreto, pero muy contenido, en un diálogo, nada más, en un solo escenario, y concretamente en Almagro es que utilizábamos hasta las propias paredes del corral, o sea, en Almagro fue como el sitio ideal para hacer este tipo de trabajo. Es un recuerdo extraordinario para mí.

Además, yo creo que es mágico mirar desde el escenario, desde ese tablao, las estrellas en la noche. Y a ese público, en este caso, entregado

Trabajar en Almagro es algo muy especial. Es lo mismo que en Mérida. El trabajo al aire libre y con este tipo de festivales que el público sabe lo que va a ver es muy gratificante. Esta función era nueva, era un clásico, pero era un clásico que se había inventado Julieta Soria. Una historia hecha en el siglo de oro español donde Tirso de Molina era un paparazzi que entraba a entrevistar a la hija de Pizarro, nada más y nada menos. Era un invento muy moderno, y con canciones modernas. Estaba dentro de las ideas del festival.

¿Con qué director, directora se ha sentido más a gusto trabajando?

He tenido una suerte inmensa en este terreno porque si tuviera que decir tendría que decir con quién no te has sentido a gusto trabajando y eso no lo voy a decir, claro, pero serían los únicos que pueda decir. La verdad es que me he sentido muy a gusto con Mario Gas, José Luis Gómez, Calixto, Gerardo Vera… Tolcachir fue un descubrimiento maravilloso. Mi marido, José Antonio Ortega, que hicimos dos o tres trabajos extraordinarios partiendo de la época mía que vivía en Barcelona. Me olvido de muchos porque tengo la fortuna de haber trabajado con tantos. Quizá con el que más me he entendido, de entenderme, es con Claudio, pero con el que más me he divertido y más me he entendido a partir de broncas sería con Mario, y también con José Antonio Ortega, con mi marido, pues nos hemos llevado el trabajo a casa y hemos tenido discusiones y cosas. Pero he tenido una fortuna enorme con los directores con los que he trabajado. También tengo que decirte que soy una actriz que me gusta mucho el trabajo con el director, o sea, la dialéctica que se crea entre la propuesta que tú traes y la que trae el director, y lo bonito del teatro, por eso me gusta tanto el teatro, es que se ensaya, y entonces puedes hacer pruebas que él te propone, pruebas que tú propones, se juntan y de ahí sale el resultado del personaje y de toda la obra, y de la relación con los compañeros que están en escena que también eso es básico. Elegir uno no es que no quiera. Realmente, si tuviera que dar un nombre que no te lo voy a dar, naturalmente, serían dos directores con los que no me he entendido bien

¿Su nombre en la agenda de quién le gustaría que se cruzara?

Se cruzó, pero no pudo ser porque se murió. Con Miguel Narros me hubiera gustado trabajar. Me gustaría que se cruzara, también ha habido ocasión, y tampoco, con Mayorga precisamente. Me gustaría que se cruzara con José Luis Gómez, y me gustaría que se cruzara con cantidad de gente joven. Me gusta mucho trabajar con la gente joven, porque son como nuevas, con visiones nuevas, un teatro que es distinto. Tengo la suerte de haber trabajado también con Pablo Messiez, que hace cosas diferentes, pero me gustaría mucho que se cruzara con los que están empezando, eso me gusta mucho.

Gloria Muñoz posa para Masescena en una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid
Gloria Muñoz posa para Masescena en una de las salas del Teatro La Abadía de Madrid

¿Qué hace antes de salir a escena? ¿Tiene algún rito particular?

Tengo el rito, muy metido, de primero encerrarme en el camerino un rato sola. El maquillarme, me maquillo, me gusta, aunque esté en sitios donde hay sala de maquillaje, me maquillo yo, porque voy empezando a ver el personaje, voy empezando a entrar en el personaje. Luego sí suelo estar un poquito antes, entre cajas, o si empiezo en escena, en escena ya, para concentrarme. Me gusta cuando hay, que en las últimas funciones se está volviendo a hacer, porque lo hacíamos en los independientes, lo hacíamos y ahora se vuelve a hacer, cuando hay el ritual de cogernos todos de las manos y hacer el ritual en equipo, eso me gusta mucho. En cada obra es una cosa, pero eso sí me gusta mucho, hacerlo unos segundos antes de irte a concentrarte tú en tu rincón y entrar en el personaje, o sea, es concentrarte en el personaje que tiene que salir. Lo que sí suelo hacer también, pero eso lo hago en el camerino antes, es repasar, por lo menos, no la obra entera, porque eso sería interminable, pero por lo menos un trozo de la obra, el trozo que me sea más complicado, repasarlo de texto.

¿Se arrepiente profesionalmente de algo que ha hecho?

Sí, hay una función que me arrepentí, pero bueno, no pasó nada, la estrené y luego lo dejé. Y no estoy hablando cuando yo dejé “La respiración” de Sanzol. La dejé al cabo de un tiempo, pero no porque me arrepintiera de haberme metido en el lío, sino porque el lío resultante no me sentía, vamos, lo hablé mucho con Alfredo y fue, o sea, de ahí me fui, pero no me arrepentí nunca de haber estado en el follón. Y luego, no, porque una vez ha habido cosas que me han ofrecido, pero he tenido la fortuna de haber podido decir que no a cosas, eso es una fortuna inmensa en mi profesión, que casi me da vergüenza decirlo, porque hay muchísima gente que tendría que decir, o sea, y yo he dicho a cosas que sí, que no me acaban de gustar, pero que luego, como yo digo, me enrollo y ya me gusta, y al final defiendo lo que he empezado a hacer, lo defiendo. Y en teatro creo que nunca, sí, una, pero la dejé enseguida. Pero en televisión he hecho muchas cosas que no habría hecho, pero que bueno, oye, las haces, es una forma estupenda de ganarse la vida y te vas a tu casa y ya está. El inconveniente es que esto, hacerlo en teatro, si no tienes más remedio, yo aconsejo a todo el mundo que haga todo lo que le ofrezcan y todo lo que le paguen, porque esto es una profesión, no es un capricho.

Hay que hacer todo, pero es más complicado si algo no te gusta, porque lo tienes que defender todos los días y además lo tienes que defender con tu cuerpo, cara al público. No es en la pantalla que bueno, me voy y ya está, pero esto lo tienes que defender cada día y yo he tenido ahí muchísima suerte.

Es una actriz todoterreno. Teatro, cine, televisión, ya me ha contado esa afinidad, esa comunión que hay con el público de las artes escénicas en directo, pero ¿cuál es la parte positiva que saca del cine y de la televisión?

El cine me gusta mucho. Me parece apasionante porque tienes la opción de delimitar muchísimo todo lo que estás haciendo, tus pensamientos, del primer plano en definitiva. Aprendes otra forma de hacer el trabajo, una forma muchísimo más contenida y más de adentro, con muy poquita expresividad, entonces me gusta, a mí me gusta hacer cine.

Televisión tiene una cosa maravillosa que es la agilidad mental que te da, o sea, en la televisión aprendes también, aprendes mucho, porque aprendes a manejarte con la cámara, yo hice mucha televisión de joven, muchísima, cuando se hacía con tres cámaras y se cortaba, o sea, y si cortabas había que volver al principio, y aprendes a eso, a moverte con la cámara, pero luego la televisión moderna, las series nuevas, te da una agilidad tremenda porque aprendes de un día para otro, prácticamente te dan los guiones muy rápidos y tienes que reaccionar enseguida, y luego tiene la gran ventaja de la popularidad, que eso también es algo muy valioso, no quiero hablar ya económicamente, que también hay una gran diferencia entre una cosa y otra.

Es admirable lo que pasa con televisión. A mí me pasa, por ejemplo, que hay gente, ahora mismo… Yo hice dos capítulos de “Aquí no hay quien viva”, o de “La que se avecina”, no sé de cuál, dos capítulos, y a mí todavía, hace tres o cuatro años, y todavía, ante ayer, me dijeron en el médico, además, en la sala de espera del médico, usted es actriz, eso de usted es la de la tele, pues usted es actriz, pues sí, claro, es que usted es la madre de…, no me acuerdo cómo se llama Luis Merlo en la serie, pero sí, he hecho dos capítulos de eso, y es que parece que hay un sitio donde se ve en bucle. La televisión te da esa capacidad enorme de contactar con la gente, y que la gente te aprecie, porque de repente, yo no sé, yo estoy agradecidísima, y además lo pasé muy bien con las señoras del AMPA, que eran malas como un demonio, era un bicho malo, y sin embargo la gente me quería, era un bicho malo que caía bien, entonces, todo eso, te lo da la televisión. Aparte, te insisto, que aprendes mucho y te da mucha agilidad mental para cambiar muy rápidamente. Tú tienes una idea y de repente no vale para lo que te están dando los compañeros. En el escenario, cuando estás en un ensayo, simplemente lo que te da el compañero de al lado, te corrige la idea que tú tenías, y la tele te ayuda a esa agilidad.

Gloria Muñoz posa para Masescena
Gloria Muñoz posa para Masescena

¿Es una mujer sensible? ¿Se emociona fácilmente?

Lloro con dificultad, pero sí, me emociono muy fácilmente. Mis hijos se reían mucho de mí cuando ponían “Espartaco”, que lo hemos visto 80 veces, porque yo siempre que decía Tony Curtis “yo soy Espartaco”, siempre me emocionaba. Mis hijos decían: “¡Mamá, que ponen Espartaco!, ven por lo menos a ver la escena esta. Me emocionan mucho las cosas de solidaridad. Y me emociono con cosas, claro, personales. Pero tengo dificultad para llorar.

¿Quién ha sido la persona más importante de su vida, o sigue siendo la persona más importante de su vida?

Ha habido dos personas muy importantes en mi vida, que son mis hijos, que han sido las personas más importantes de mi vida. Uno de ellos ha muerto hace dos años, y entonces la persona más importante de mi vida, por mucho que mi pareja, mi compañero, al que adoro, es una persona muy importante, mi padre fue alguien fundamental en mi vida, a quien yo tendría que darle las gracias. No tuve tiempo, también me pasó como a la señora de “Gratitudes”. No tuve tiempo, pero tendría que agradecerle mucho. Pero hoy en día, la persona más importante de mi vida es mi hijo mayor, que afortunadamente está teniendo un éxito enorme en su profesión, y se ha quedado como mi niño.

Y usted, ¿para quién es la persona más importante?

Si te digo que para mi niño… No, yo creo que para mi pareja. Creo que para mi pareja, soy hoy por hoy la persona más importante. Él también para mí, pero es que el tema de los hijos es muy fuerte, muy potente. Y además, el hecho de haber perdido a uno, hace que me haya acercado mucho más, más de lo que ya estaba, que lo he estado siempre, al otro.

Para finalizar, ¿qué le pide al mundo del teatro?

Al mundo del teatro, dices. Pues que siga, que siga. Creo que el mundo del teatro, el mundo del directo, es el único que nos puede salvar de toda esta catástrofe que se avecina con las inteligencias artificiales, con las nuevas tecnologías, que no sabe uno a dónde pueden llegar. Yo creo que, tanto para los actores, para los directores, para los técnicos, como para el público que lo recibe, el mundo del teatro es un mundo vivo que te hace emocionarte, que te hace compartir la emoción. Y yo creo que lo que le pido es que siga existiendo. Que me dé todo lo que pueda lo que me quede de vida, y que nos dé a todos esa sensación hermosa de aquello que llamaban, cuando yo era jovencita, las buenas vibraciones. Las buenas vibraciones las recibes aunque estés haciendo un personaje malvado. Las vibraciones del público, aunque estén llorando, si están riendo las oyes, pero si están emocionados en silencio, también. Esa comunicación creo que solo se puede dar con el teatro o con la música en directo, claro.

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