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Año IXNúmero 443
15 FEBRERO 2026

Alfredo Sanzol estrena «La última noche con mi hermano», una reflexión íntima sobre la fraternidad y el duelo desde la ternura

Imagen de una escena de la obra
Imagen de una escena de la obra
«Teatro hecho por los muertos para dar fuerza a los vivos». Durante una cena con su familia, Nagore –interpretada por Nuria Mencía– revela que está enferma. Sentados a la mesa, su hermano, su cuñada y sus sobrinos sienten cómo se resquebraja uno de los pilares fundamentales de su vida. Con este punto de partida inicia La última noche con mi hermano, el nuevo montaje escrito y dirigido por Alfredo Sanzol, una producción del Centro Dramático Nacional y el Teatre Nacional de Catalunya que podrá verse entre el 13 de febrero y el 5 de abril en Madrid.
Una pieza sobre la despedida, donde el humor nace de la naturalidad y de vivencias reales
La obra, producción del Centro Dramático Nacional con el Teatre Nacional de Catalunya, se representa en Madrid entre el 13 de febrero y el 5 de abril

Con esta obra, Sanzol pretende visibilizar uno de los duelos que socialmente está menos acompañado, que es el que se atraviesa tras la pérdida de una hermana o hermano. En sus propias palabras: «Esta historia nace de una conversación que tuve con una amiga que había perdido a su hermano en diciembre de 2024. Hablando con ella, me contó cómo había sido la última noche que había pasado con su hermano y se me ocurrió este título».

La historia está atravesada por tres relaciones de hermanos, que representan formas muy diferentes de comprender la fraternidad. Jesús Noguero interpreta a Alberto, el hermano al que Nagore está muy unida y que, tras la noticia, comienza un proceso muy complejo. En palabras del intérprete, «podemos decir que el duelo es lo que ocurre después, pero se intuye que en todo el viaje hay una dificultad para aceptar lo que está ocurriendo». La forma en la que Alberto afronta el diagnóstico contrasta con la de Nagore que, como dice Nuria Mencía, «es una mujer muy vitalista, que tiene esperanza hasta el último momento y que agradece cada día tener una relación tan buena con su familia y con su hermano».

La noticia desencadena que la pareja de Alberto, Ainhoa –Elisabet Gelabert– tenga que ponerse en contacto con su hermano Claudio –Cristóbal Suárez–, un reputado oncólogo con el que lleva años sin hablar. El porqué del distanciamiento entre hermanos y la posibilidad de conciliar posturas y sanar heridas del pasado, recorren el argumento de la pieza. De este modo, se trasciende el relato intimista al encuentro de su correlato sociopolítico, permitiendo abordar otras cuestiones con vigencia nuestra actualidad.

La última pareja de hermanos es la conformada por Nahia –Ariadna Llobet–, hija de Alberto, y Oier –Biel Montoro–, hijo de Ainhoa. En palabras de Alfredo Sanzol, «son hermanastros y tienen otra manera de vivir la hermandad, pero es una manera por la que apuesto mucho. Hay esos dos mundos: las relaciones de sangre y las de no sangre dentro de las familias, que constituyen dos universos diferentes».

A partir de este momento, vemos cómo Nagore es acompañada por su familia a lo largo de las distintas etapas de este viaje por la enfermedad: desde el diagnóstico de cáncer, durante su tratamiento y hasta el final del camino. A lo largo de este acompañamiento, podemos observar cómo la vida de los personajes continúa discurriendo entre lo excepcional y lo cotidiano.

La última noche con mi hermano es una historia en la que el amor está presente en muchas de sus formas, pero donde destacan las relaciones fraternales. La importancia del lazo que existe entre hermanos, sean del tipo que sean, puesto que serán nuestros compañeros desde el comienzo hasta el final del viaje. Tal como recoge el texto: «Si has tenido un hermano al lado, cuando falta, la sensación de vacío es muy extraña, no es como cuando faltan los padres, o como cuando falta una pareja o un amigo, es… como si faltara algo de mí misma, una prolongación o yo diría… como un reflejo».

Imagen de una escena de la obra
Imagen de una escena de la obra

Un humor sensible, que nace de vivencias reales

A pesar de la delicadeza del tema que se trata, el humor, una de las señas de identidad de Alfredo Sanzol, se cuela por las grietas de esta obra. La creación de esta pieza supuso un exhaustivo proceso de investigación por parte del dramaturgo, que incluyó numerosas entrevistas a personas que habían atravesado procesos semejantes. Gracias a ellas, el director pudo observar cómo el humor había servido como salvoconducto durante sus travesías.

Tal como él mismo relata: «En las conversaciones preguntaba cómo se había usado el humor para poder sobrellevar el dolor, la enfermedad, la gestión de la esperanza. Y había bastantes coincidencias en que era esencial. Cada persona me contaba situaciones diferentes causadas por los nervios, por la pena o por el contexto, que habían desembocado en un momento absurdo, en algo que había provocado la risa. Dentro de la función, todos los momentos que hacen reír están basados en hechos reales. Porque me preocupaba mucho incluir gags, elementos propios que resultasen artificiales. No quería forzar lo cómico en una historia tan sensible, tan delicada, tan frágil».

Una grieta abierta al bosque

La puesta en escena nos presenta la casa de Nagore, un espacio que cuenta la historia de una vida, pero que presenta una gran grieta a través de la que podemos ver un bosque. Esta escenografía, firmada por Blanca Añón, es una parte clave del argumento ya que, como

explica Sanzol, «es una casa que tiene un elemento simbólico, que es ese gran boquete, pero que a la vez sirve para evocar el resto de espacios por los que transita la función».

A lo largo del relato, iremos acompañando a los personajes a través de numerosos lugares, porque «la función está escrita usando muchísimas, localizaciones, tiene mucho movimiento. Y todas esas localizaciones se juegan dentro de la casa de Nagore como espacio central, como su refugio. Nagore es una mujer que vive sola y ha ido creando su casa que ahora es su hogar, su templo, además del centro neurálgico de la vida familiar. Viviendo sola, se ha convertido en un polo de atracción muy fuerte para la familia y su pérdida supone una reestructuración de esa familia. Todo esto lo contamos ahí, dentro de ese espacio», explica Sanzol sobre la escenografía del espectáculo.

La transformación de los espacios se ve complementada por la iluminación de Pedro Yagüe, que ayuda a moldear y matizar la escena. El diseño de vestuario, firmado por Vaness Actif, y la caracterización a cargo de Chema Noci resultan fundamentales para completar la personalidad los personajes y los cambios que atraviesan a lo largo de la historia. La música de Fernando Velázquez, el sonido de Sandra Vicente y la coreografía de Amaya Galeote contribuyen a nutrir la atmósfera cambiante en la que se mueve el montaje.

La última noche con mi hermano es una producción del Centro Dramático Nacional y el Teatre Nacional de Catalunya, que podrá verse entre el 13 de febrero y el 5 de abril de 2026 en la Sala Grande del Teatro María Guerrero. Posteriormente, el montaje irá de gira por diversas ciudades españolas.

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