Además de la Reina, entre otras autoridades asistieron la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz-Ayuso; los ministros Félix Bolaños y Óscar Puente; el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida; Diego Rubio, director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno; Jordi Martí Grau, secretario de Estado de Cultura; Mariano de Paco, consejero de Cultura, y Marta María Rivera de la Cruz, concejala de Cultura. Y les acompañaron Ana Botín, presidenta de Banco Santander, y Mario Ruiz-Tagle, CEO de Iberdrola España, empresas patrocinadoras del evento, entre otras personalidades de la vida cultural, política y social española, como Soraya Sáenz de Santamaría, Antonio Pulido, Maurici Lucena, Juan Manuel Cendoya, Julián Martínez-Simancas, Chema Alonso, Pedro Ruiz, Loquillo, Susana Griso, Carmen Lomana, Elena Cué, Boris Izaguirre, Marta Flich, Edu Galán… Y gente del cine como José Luis Garci, Alejandro Amenábar, Manuel Gutiérrez Aragón, Paula Ortiz, David Trueba y Miguel Rellán, además de numerosos editores como Luis Solano, el premio Zenda Editorial de la velada.

Más de un centenar de escritores acudieron a la ceremonia, encabezados por Enrique Vila-Matas, Premio Zenda de Honor de esta segunda edición, junto a figuras esenciales de la literatura española contemporánea y los miembros del jurado, integrado por periodistas, críticos y escritores.
La gala se abrió con un momento de alta intensidad literaria: la voz del actor Emilio Buale llenó la sala con un fragmento de Conversación en La Catedral, del recientemente fallecido Mario Vargas Llosa, un homenaje que recordó la vigencia de los clásicos contemporáneos y el poder intacto de la palabra.
Tras la intervención de la Reina, los presentadores de la ceremonia, la escritora Espido Freire y el periodista Jesús Vigorra, dieron paso a los primeros galardones. El Premio Zenda de Narrativa fue para Paco Cerdá por Presentes (Alfaguara), quien reivindicó desde el atril la lectura, la conversación y la escritura como actos necesarios.
La poesía tomó después el escenario con el reconocimiento a Chantal Maillard, premiada por su Poesía completa. 1988-2022 (Tusquets). En su discurso, la autora recordó que «el verdadero premio de un poeta es saber que esa voz que no es suya puede guiarnos hasta las profundidades». El Premio Zenda de Ensayo recayó en Anna Caballé por Íntima Atlántida. Vida de Rosa Chacel (1898-1994) (Taurus), una defensa apasionada del género biográfico como exploración irrepetible de la vida humana.
Antes del descanso, se entregaron también el Premio Zenda Opera Prima a Esther L. Calderón por Pipas (Pepitas de Calabaza) y el Premio Zenda de Traducción a José María Micó, quien resumió su oficio con una frase celebrada por el auditorio: «Traducir literatura es crear literatura».

La pausa musical llegó de la mano de David Summers, vocalista de Hombres G, acompañado al piano por Basilio Martí Cardenal. Una actuación intensa y emotiva, evocadora y celebrada, que actuó como bisagra sentimental de la noche.
En la segunda parte de la gala se reconoció la labor editorial con el Premio Zenda Editorial, concedido a Libros del Asteroide, y el Premio Especial Zenda-Edhasa, otorgado a Manuel Ángel Cuenca. El Premio Zenda Infantil y Juvenil fue para Najat El Hachmi por Los secretos de Nur, una obra que la autora dedicó «a todas esas niñas lectoras y escritoras que brotan donde nadie las espera».
La recta final estuvo marcada por el reconocimiento a los libreros, con el premio a la librería Letras Corsarias, y por el galardón concedido a eBiblio, el servicio público de préstamo digital de bibliotecas, destacado como herramienta clave para el crecimiento de los índices de lectura en España.

El momento culminante llegó con la entrega del Zenda de Honor a Enrique Vila-Matas, que cerró la noche con una defensa irónica y lúcida del viejo —y siempre nuevo— espíritu de la literatura: «Si un escritor no se atreve a todo, no será jamás un escritor».
Durante el evento, también tomaron la palabra los representantes de las empresas patrocinadoras de los Premios Zenda, Iberdrola y Banco Santander. Mario Ruiz-Tagle, consejero delegado de Iberdrola España explicó: “Cumplimos 125 años, y desde nuestros orígenes siempre hemos apoyado la lectura como un elemento transformador del conocimiento, y apoyar a Zenda es una gran iniciativa. Como mi origen es chileno, me permito recomendar a Alejandro Zambra, que tiene una novela muy simpática y amena sobre un padrastro y un hijastro en Santiago y Nueva York: Poeta chileno”. Por su parte, Ana Botín, presidenta de Banco Santander contó: “Como yo soy de Santander voy a recomendar Santander, 1936, de Álvaro Pombo, que en algunas cosas se corresponde bastante con algunas cosas que estamos viviendo ahora, una época de gran agitación. Hay dos palabras que me vienen a la mente: fragmentación y fragilidad. Es una historia muy personal que nos hace reflexionar sobre las grandes decisiones a las que nos enfrentamos todos (personas, gobiernos empresas) y que requieren que seamos valientes. Como ha escrito el premiado de honor de hoy, Enrique Vila-Matas, si un escritor no se atreve a todo, no será jamás un escritor“.
Antes de la foto de grupo de los premiados, Arturo Pérez-Reverte declaró en el cierre del acto: “En Zenda siempre hemos querido mostrar que literatura es tanto Vargas Llosa o Javier Marías como Juan Gómez-Jurado o Megan Maxwell. Y que tan respetable es Madrid, de corte a checa, de Agustín de Foxá, como Contraataque, de Ramón J. Sender, dos libros que recomiendo, sobre todo en este año del 90º aniversario del comienzo de la Guerra Civil española”.
Tras la foto de familia de los premiados, los corrillos, los brindis y las conversaciones prolongaron una velada que volvió a confirmar a Zenda como un territorio vivo de libros, pensamiento y aventura, un lugar —como dijo la Reina— en el que merece la pena quedarse a vivir.



