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Año IXNúmero 438
11 ENERO 2026

María José Goyanes: “Esta profesión, donde la pongas, tiene unos comienzos duros que no sabes qué va a ser de tu vida”

(De izq. a dcha.) María José Goyanes, Emilio Gutiérrez Caba y Marta Gutiérrez Abad
(De izq. a dcha.) María José Goyanes, Emilio Gutiérrez Caba y Marta Gutiérrez Abad
Tras el éxito de crítica y público en su estreno en Madrid a finales de 2023, con lleno absoluto y gira por toda España, “Galdós Enamorado 2023, una neolectura teatral” ha vuelto a la capital de España, y ha vuelto para quedarse en el Teatro Bellas Artes de Madrid. El montaje se puede ver los lunes y martes. No hay excusa para no asistir. La función está interpretada por una de las más reconocidas actrices de nuestro panorama teatral y por un actor inconmensurable. María José Goyanes y Emilio Gutiérrez Caba, respectivamente, protagonizan esta neolectura, como figura en el título, además de contar también en el reparto con Marta Gutiérrez Abad, otro pilar más de la función. Pertenece a una familia con larga tradición artística: su abuelo materno fue el actor Alfonso Muñoz, su madre la actriz Mimí Muñoz y sus hermanas Vicky Lagos (viuda de Ismael Merlo), Mara y Concha Goyanes. También es hermana de Pepe Goyanes. Estuvo casada con el productor y director teatral Manuel Collado Sillero. El hijo de ambos, Javier Collado, también se dedica a la interpretación, como su sobrina Cristina Goyanes. Por el lado paterno, María José pertenece a una saga de médicos, siendo su abuelo el Dr. José Goyanes Capdevila, y su padre el Dr. José Goyanes Echegoyen. Quiso ser cirujana como su padre, pero los papeles que le llegaron como actriz, le separaron del camino, para disgusto de su progenitor. Se inició en el teatro siendo todavía una niña, llegando a actuar junto a José María Rodero en El caballero de las espuelas de oro. También en cine y televisión debutó cuando aún no había cumplido quince años. Actriz eminentemente teatral, llegaría a formar su propia Compañía, a los 18 años, con Emilio Gutiérrez Caba, y más tarde con su marido.

Tras el éxito de crítica y público en su estreno en Madrid a finales de 2023, con lleno absoluto y gira por toda España, “Galdós Enamorado 2023, una neolectura teatral ha vuelto a la capital de España, y ha vuelto para quedarse en el Teatro Bellas Artes de Madrid. El montaje se puede ver los lunes y martes. No hay excusa para no asistir.

La función está interpretada por una de las más reconocidas actrices de nuestro panorama teatral y por un actor inconmensurable. María José Goyanes y Emilio Gutiérrez Caba, respectivamente, protagonizan esta neolectura, como figura en el título, además de contar también en el reparto con Marta Gutiérrez Abad, otro pilar más de la función.

Pertenece a una familia con larga tradición artística: su abuelo materno fue el actor Alfonso Muñoz, su madre la actriz Mimí Muñoz y sus hermanas Vicky Lagos (viuda de Ismael Merlo), Mara y Concha Goyanes. También es hermana de Pepe Goyanes. Estuvo casada con el productor y director teatral Manuel Collado Sillero. El hijo de ambos, Javier Collado, también se dedica a la interpretación, como su sobrina Cristina Goyanes.​

Por el lado paterno, María José pertenece a una saga de médicos, siendo su abuelo el Dr. José Goyanes Capdevila, y su padre el Dr. José Goyanes Echegoyen. Quiso ser cirujana como su padre, pero los papeles que le llegaron como actriz, le separaron del camino, para disgusto de su progenitor.

Se inició en el teatro siendo todavía una niña, llegando a actuar junto a José María Rodero en El caballero de las espuelas de oro. También en cine y televisión debutó cuando aún no había cumplido quince años. Actriz eminentemente teatral, llegaría a formar su propia Compañía, a los 18 años, con Emilio Gutiérrez Caba, y más tarde con su marido.

Se estrenó en 2023, de ahí el título, en el Teatro Fernán Gómez de Madrid. ¿Cómo está siendo este reencuentro con esta función? ¿Cómo es estar con Emilio Gutiérrez Caba en escena?

Para mí es uno de mis actores preferidos. Además, trabajamos juntos desde los 15 años míos y formamos compañía cuando yo tenía 18, y él 25. Trabajar con él es fantástico porque nos miramos y sabemos lo que nos pasa porque tenemos, además de muchísima complicidad, nos tenemos muchísimo cariño y hay mucha amistad. Es fantástico porque todo fluye, todo sale fenomenal.

¿Cómo es este Galdós enamorado? ¿Qué nos cuenta?

Partimos de las cartas de amor de doña Emilia Pardo Bazán a Galdós. Realmente esta función es un thriller, es un poco la búsqueda, la posibilidad de dónde pueden encontrarse las cartas que Galdós le escribió a doña Emilia, porque esas han desaparecido, esas que se encontraban en el Pazo de Meirás han desaparecido. Hay teorías varias, desde que Carmen Polo de Franco se las cargó porque eran pecaminosas, porque si las de doña Emilia son muy ardientes es de suponer que las de Galdós también lo fueran. Pero está claro que se encontraban en el Pazo de Meirás, que era su residencia de verano, la residencia de doña Emilia y que además el pazo no era tal pazo, no se creó como tal pazo, era su casa de verano y se llamaba las torres de Meirás, porque están en Meirás.

Emilio y yo nos enfrentamos a cinco personajes cada uno y eso es divertidísimo. No sólo hacemos de nosotros mismos, sino que hacemos de don Benito y de doña Emilia, y hacemos después cuatro personajes más y eso es muy bonito.

María José Goyanes y Emilio Gutiérrez Caba
María José Goyanes y Emilio Gutiérrez Caba

¿Cómo es la reacción del público con dos grandes de la escena como son ustedes?

Es fantástica porque sale tan fluido y con tanta naturalidad que la gente se divierte mucho viendo cómo podría ser un ensayo. Marta Gutiérrez Abad hace un poco de maestra de ceremonias y nos va llevando por las diferentes escenas. La gente se ríe con nosotros y se divierte porque ve cómo es la gestación de un espectáculo y además sin enfatizaciones, sin nada artificioso, porque generalmente, incluso en las mejores producciones y no sólo hablo teatrales sino cinematográficas, cuando se hace teatro dentro del teatro hay una sobreactuación.

Las escenas cuando somos Doña Emilia y Galdós son muy tiernas y muy interesantes porque hay cosas absolutamente textuales sacadas de esas cartas y de muchos artículos de esta mujer, que fue una mujer rompedora, de la que se sabe poquísimo, creo que es la gran olvidada, no sé por qué razón, pero fue una mujer que rompió moldes. Por el mero hecho de ser mujer, quizás. La primera catedrática de España. Pero por el mero hecho de ser mujer no pudo entrar en la academia, no la dejaron, lo intentó, pero jamás la dejaron.

Ella era una crítica feroz y los ponía verdes porque decían que eran una banda de misóginos y de mediocres tullidos, bueno, les llamaba de todo.

No siempre tiene uno la oportunidad de entrevistar a alguien como María José Goyanes, por esta trayectoria profesional, por esta herencia familiar que atesora de estirpe de actores, de actrices. Usted también fue una mujer rompedora en su tiempo. He leído que en su carrera hay una producción en la que salía desnuda, el primer desnudo teatral allá por 1975, con censura incluida. ¿Cómo se trató en aquella época todo aquello?

Horrible, fue de las épocas más tremendas y más terribles de mi vida. Yo no iba a hacer esa función, era la primera vez que Manolo Collado, mi marido entonces, dirigía. Hasta entonces solo había producido, habíamos producido, pero él quería dirigir y pensó que Equus, de Peter Shaffer, era la función idónea. A una semana del estreno, la actriz que iba a hacer ese personaje se va, le da un ataque de pánico, decide que no quiere hacerlo y se va. Manolo Collado me pidió por favor que se lo estrenara, cosa que a mí me partía la madre, como dicen los mexicanos, porque yo estaba casi recién parida y quería estar con mi bebé, y tenía programado mi vida hasta junio, era en el 75, hasta junio del 76, o en julio, que empezaríamos a ensayar La casa de Bernarda Alba, que ya estaba programado.

Yo le dije que no, en principio, le dije no, no, no, por favor, busca a otra persona. No, pero tú me lo haces más rápido, tendría que empezarle a explicar todo. Tú conoces la función, tú la has visto en Nueva York, tienes que hacerlo. Se lo hice, pensando que a la semana me iba a sustituir. Yo te sustituyo a la semana con una actriz, empiezo a hacer casting al día siguiente del estreno, lo que sea. Bueno, pues me lo creí.

Hicimos el ensayo general. Los actores de Nueva York salían desnudos cuando yo los vi. En todas las partes del mundo, que se ha hecho esta función, que se ha hecho como 30 o 40 países, salían desnudos. El día del ensayo general, lo hacemos, era duro. O sea, no te voy a decir que ponerse desnudo en un escenario sea una cosa como natural para hacerme la guay, no, no. Uno no sale generalmente desnudo a ningún lado para que le vea la gente, salvo los nudistas que se van a las playas. No, era duro. La primera vez que hice el ensayo y que me quité la ropa, pues me eché a llorar.

Me dijeron, eres una actriz que ha vivido por el mundo, que no sé qué… Digo, sí, sí, bueno, pero estoy frágil, estoy recién dada luz, que lloro cuando me hacen así. Entonces, déjame que llore, si lo voy a hacer igual.

María José Goyanes
María José Goyanes

Porque cuando estás convencido de que eso es así y nada más, no era nada gratuito, era una escena dramática. Era una chica joven que trabaja en una cuadra y entra un chico y yo le enseño cómo cepillar a los caballos, cómo se les limpia las pezuñas, cómo no sé qué. Y bueno, pues se gustan y salen un día al cine y luego van… ¿a dónde van a ir? A la cuadra, porque no tienen dónde ir. Y entonces, cuando van a hacer el amor, él escucha, es un niño obsesionado con un caballo que se llama Plata, él escucha el galopar, esa cosa que hacen los caballos, aunque estén quietos, que es un sonido muy bonito. Y lo oye, y lo oye, y lo oye, y no puede hacer el amor con la chica, no puede. Esa era la escena, no había más.

No podías decir que era sicalíptica, erótica, festiva, no. Eran dos chicos jóvenes que intentaban hacer el amor y por circunstancias de él, psicológicas, no podían. Inmediatamente ella coge su ropa, se medio viste y sale corriendo, por el patio de butacas, por cierto, salía corriendo. Y ese era el momento que duraba minuto y algo. Y aquello se convirtió en una… en una cosa bestial.

Llegó el ensayo general antes del estreno y en vez de dos censores nos mandaron, creo que cinco, no sé si cuatro o cinco, pero muchos más de los normales. Y cuando acabó la función, dijeron que querían reunirse con la compañía, cosa absolutamente insólita. Nunca pasaba eso. Y dijimos, pues se acabó la vaina, vamos, cada uno a nuestra casa y Dios en la de todos. Y, curiosamente, nos dijeron que se habían emocionado, que era un momentazo muy potente y muy emocionante, muy dramático.

En ese momento la luz era total, cosa que también quita erotismo, no hay nada más erótico que una semi penumbra. Creían que, si tenía que haber un desnudo en este país, pues que esa era la función y que ese era el momento. O sea, que no les había parecido nada provocativo ni nada fuera de lugar. No te puedo decir cómo lo celebramos, con champán.

Imagen de la obra "Galdós Enamorado 2023, una neolectura teatral"
Imagen de la obra «Galdós Enamorado 2023, una neolectura teatral»

Al día siguiente, a las ocho y media de la mañana, suena el teléfono. El director general de teatro, Mario Antolín, entonces, y marido de la actriz María Fernanda D’Ocón. El ministro ha dicho que los censores se vayan a su casa suspendidos de empleo y sueldo, que para nada vamos a salir desnudos y que yo me ponga una combinación como sugerencia. ¿Te imaginas una chica que trabaja en una cuadra con una combinación debajo del vaquero? O sea, yo no puedo imaginármelo.

Llegó un momento en el que pensamos, pues lo hacemos vestidos, o sea, mimamos que nos desnudamos, pero quedaba mucho más sucio. Quedaba sucio, en definitiva, ni más ni menos era sucio cuando de la otra manera no. Era más sutil. Era más natural, más lógico y, por lo tanto, más creíble. Bueno, pues no sabíamos qué hacer, diez días el teatro cerrado. Decía Manolo Collado, yo estreno, yo tengo mis documentos en regla, mi cartón de censura, que entonces se llamaba el cartón de censura, que era azul, no se me olvida, y lo tengo en regla y lo tengo aquí en la mano, firmado por no sé cuánta gente. Yo puedo estrenar, tengo todo para estrenar, pero se llenó de policía el teatro, no hubo posibilidad humana. No sabíamos qué hacer, la verdad. Y en esas idas y venidas, esas hablar con el ministro, porque Mario Antolín era el marido de María Fernanda D’Ocón y era un hombre de teatro, de derechas, da igual, pero era un hombre de teatro. Él peleó con el ministro para que nos dejara, pero no lo consiguió, solo consiguió que yo enseñara el pecho, o sea, que lo hiciéramos con una braguita, él con calzoncillo, lo que era muy expuesto porque cualquier gracioso un sábado podía gritar “Y si probaras a quitarte el calzoncillo, ¿qué tal?”. Es lo normal y finalmente lo hicimos así, muy decepcionados, muy estresados, porque habían sido días muy tremendos y además pagando a la compañía, claro está. Y bueno, el día del estreno fui a quitarme la camiseta y la profesión, porque antes los estrenos no se abrían a la taquilla, era todo profesión. Todo el mundo se volcó y pegaron una vocación cuando yo me quité la ropa, me gritaban cosas, no solo bravos, sino valientes, no sé qué. Ese tipo de cosas.

Era difícil seguir después de aquello y a partir de ahí empecé a recibir cartas. Claro, había dado tiempo para que se enterara todo el país de lo que estaba pasando. Fuimos portada en todos los periódicos. Entonces todo el mundo se había enterado de aquello, con lo cual ya teníamos no sé cuántas cartas al día siguiente llamándome “puta”. Impresionante. “A la puta María José Goyanes”, y tarjetas con todas las maneras de decir puta.

Empezaron a venir la ultraderecha a lanzarme bombas fétidas al cuerpo. Se rompían en el escenario, yo estaba descalza y bueno, más de una vez me tuvieron que quitar cristalitos que no se veían y que me destrozaban los pies. Era horrible, amenazaban con bombas, pero sobre todo las cartas eran terribles.

Llegó un momento en que yo no podía más, estaba tan agobiada y tan triste… Una vez recibí cuatrocientas firmas, fíjate, no lo puedo ni recordar, me emociono, de mujeres, sólo de mujeres, del barrio de Carabanchel. Y dije, no es posible, o sea, mujeres, llamándome puta, diciéndome que era una indecente, que qué vida y qué educación le iba a dar a mi hijo… Lloré tanto que Manolo la rompió y dijo, nunca más se le entregan a ella las cartas, me las dais a mí. Una vez recibí una carta bomba, menos mal que no me las daban a mí. Y el gerente notó que era más gordita de lo habitual. Teníamos a Eta muy presente. Se la dio a la policía. No la abrió, tuvo la buena idea de no abrirla y se la dio a la policía. Y la policía dijo que era una carta bomba, que tuvieron que desactivarla y que me habrían “volado los sesos”.

Las cosas se pusieron muy feas, yo no podía salir con mi bebé a pasear al parque, porque tenía una carta que decía “haremos un atentado para que sólo muráis tu bebé y tú. Y porque así no vas a tener más hijos, puta”, o sea, una cosa tremenda. No podía coger el teléfono. Esa era mi vida. O sea, no quería ir sola a ninguna parte.

Y un día, una noche, cuando no estaba Manolo en el teatro, o estaba fuera de Madrid, pues me llevaba mi hermano, que trabajaba haciendo uno de los caballos. Y un día no me llevó, porque él estaba casado, tenía una bebita también pequeña, y estaba con fiebre, y la mujer llamó al teatro diciendo que, por favor, le dijeran que se fuera pronto. Y entonces me dijo, no te puedo llevar. Y el gerente, Manolo Mora, dijo, que te lleve la policía. Están aquí para esto, se supone que para proteger y tal. Y me llevaron. Y me metieron mano. Dos, uno por cada lado. Fue horrible, horrible. Fue una etapa… y mucha gente dice, pero no estás orgullosa, porque fue… Digo, no, no estoy nada orgullosa, porque no me dejaron estarlo, porque fue tan doloroso…. Se convirtió en un sufrimiento. Un sufrimiento en una profesión en la que al final estamos muy expuestos. Todo el mundo sabe dónde encontrarnos a unas horas determinadas, y eso es una exposición feroz. Cualquiera puede hacer cualquier cosa. Yo no quería ir al teatro, pero realmente creí que el momento no era para marcharse y que había que soportar todo eso para que la gente se enterara.

María José Goyanes y Marta Gutiérrez Abad
María José Goyanes y Marta Gutiérrez Abad

Viene, como decía al principio en la introducción de la entrevista, de una estirpe familiar impresionante. Me hablaba hace un ratito que su abuelo estrenó una pieza de los hermanos Quintero, con Margarita Xirgu, nada más y nada menos.

Sí, él tuvo una relación profesional con Margarita Xirgu de veintitantos años. La Xirgu es como el pilar, la bandera, los cimientos del teatro moderno. Hicieron muchísimos títulos. Yo tengo en casa una foto que encontré en internet y que venía mal, decía que era María Guerrero y no, era la Xirgu, con Azaña, Margarita Xirgu, mi abuelo, mi tía Pilar, en la fila de detrás mi madre y Enrique Diosdado.

Azaña era autor teatral, no sé si lo sabes. Y estrenó en el Español, para conmemorar el primer año de la República, una función que se llamaba La Corona. Y entonces ahí está mi abuelo con Margarita.

Mi abuelo y Margarita tuvieron muchísima relación. Lo que pasa es que es un hito que Margarita hiciera un Álvarez Quintero. Álvarez Quintero, tú sabes que eran andaluces, casi todo lo escribieron para que lo hicieran así. Con ese cierto gracejo. Claro. Y eso fue una apuesta que Margarita se hizo con Rivas Sheriff, que era uno de sus colaboradores, que le dijo, tú nunca vas a poder hacer a los Álvarez Quintero, a Margarita.

Dijo, ¿por qué? Dijo, porque tienes un acentazo catalán tremendo. Y dijo, ¿qué te apuestas a que lo hago? Y llamó a uno de los, no sé si a Serafín o al otro, y creo que se quedó muerto en la bañera el otro, cuando le llamó por teléfono Margarita Xirgu, no podía creerlo, y le pidió una pieza corta para hacerlo con otras más. Y le hicieron esto.

Y entonces lo hizo. Y lo hizo bien, creo decir, que se estuvo preparando el acento y lo consiguió. Y dijo, ¿cómo que no voy a hacer yo a los Álvarez Quintero? Por supuesto.

¿Qué obra de teatro es la que más ha marcado su vida? ¿Y con quién?

Es que he hecho tantas maravillas. La gaviota. Yo adoro a Chéjov.

He hecho La gaviota y he hecho una pieza que se llamaba Manzanas para Eva, que eran ocho cuentos de Chéjov. Y era una belleza. Todo en clave de comedia, casi todo, y una belleza.

La gaviota, La gata sobre el tejado de zinc, La casa de Bernarda Alba, hacía Adela. Y esa Bernarda que hizo Ismael Merlo, que hacía de Bernarda. Esa era con mi compañía. Fuimos al Festival Mundial de Teatro en Nancy. Recuerdo aquella escenografía. Un aplauso de doce minutos, una cosa tremenda. Estuvimos en el Eslava de Madrid. Creo que fue el último espectáculo que se hizo en el Eslava. Yo estuve cinco años sin pisar el Joy. No podía entrar en el Joy Eslava. Cuando iba a entrar, me ponía a llorar. Sí, porque estaba todo decorado. Antes de entrar en lo que era el teatro, que era la discoteca, estaban decoradas todas las paredes con programas de las cosas que se habían hecho ahí. Y donde no estaba mi abuelo, estaba mi tía, cuando no, mi madre, cuando no, mis hermanas. Y yo. Estaba el programa de La casa de Bernarda Alba. Entonces, me resultaba muy triste pensar que eso ya no era un teatro, porque era un teatro maravilloso.

Y es lo menos grave que se convierta en una discoteca, porque la forma sigue intacta. Por lo menos el patio de butacas sigue exactamente igual. Y los pisos, la herradura está intacta y se podrían poner butacas y volvería a ser teatro.

Incluso se pueden hacer espectáculos, que yo he ido a ver espectáculos musicales. Yo he visto a Asier Etxeandia haciendo sus mastodontes y tal. Y claro, es un escenario maravilloso. Se puede hacer lo que se quiera. Pero cuando se convierte en bancos o en otra cosa, te da mucha tristeza. Es que en Madrid han desaparecido al menos 14 teatros. Era una maravilla porque se hacía mucho teatro y además había público para ello.

Fíjate ahora, que somos más. O sea, seguiría habiendo público para ello. Yo creo que es que han hecho tan poco por el teatro, por el teatro de palabra. Ahora hay tan poco recinto que lo que tenemos que tender es a la multiprogramación. Es decir, que en el mismo teatro haya siete u ocho funciones distintas a la semana. Pero eso es bastante… Es muy tedioso, sobre todo para las compañías grandes que hacen las producciones. Porque además, fíjate, los decorados cada vez se reducen a la mínima expresión. Porque un decorado tiene que albergar a otro. Es muy complicado.

Yo comprendo que un teatro era un espacio… Yo siempre dije que estaba muy poco utilizado y que se debería utilizar para las mañanas, hacer infantiles, en fin, que eran espacios que estuvieran cerrados hasta las siete de la tarde. Ahora, de eso a lo que está sucediendo ahora, me parece que se ha dado la vuelta. Hemos hecho un bucle.

Entonces, yo no sé hasta qué punto eso es bueno para la profesión. Porque realmente ahora cualquier actor está haciendo dos o tres cosas, o cuatro, al mismo tiempo.

María José Goyanes y Emilio Gutiérrez Caba
María José Goyanes y Emilio Gutiérrez Caba

Dentro del mundo del teatro, ¿quién ha sido la persona más importante de su profesión? ¿Con qué compañero ha encajado mejor? ¿Con qué director?

Elegir a uno sería minimizar mucho mi carrera. Ha sido tanta gente maravillosa. Hombre, por supuesto, Emilio es uno de mis pilares. Porque empezamos tan pronto juntos. Lo de crear la compañía fue apasionante. Lo que pasa es que al año y pico se interrumpió porque yo me tuve que operar de corazón. Entonces, eso nos distanció. Cuando yo volví, que volví al año prácticamente con Manzanas para Eva, pues él ya no pudo hacerlo conmigo porque estaba en otra cosa. Lógicamente, no iba a estar esperándome a que me repusiera de una cosa tan gorda. Manolo era un gran director y, sobre todo, era un productor, era un creador. Él inventaba. Porque el productor es una figura que la gente no sabe muy bien qué es. Parece que sólo pone el dinero, pero no. El productor es el que sueña el espectáculo. El que dice, quiero que lo dirija fulanito, que lo interprete zutanita, y el otro, y el otro, y el otro. En definitiva, quiero que la escenografía la haga no sé quién y que las luces me las pongan.

En Equus, las luces eran de Andy Phillips, el jefe de iluminación del National Theatre de Londres. Porque nos enloquecía. Cada función que veíamos en el National decíamos ¡qué luces! Y resulta que era más barato que uno nacional.

Emilio Gutiérrez Caba y María José Goyanes
Emilio Gutiérrez Caba y María José Goyanes

¿Cree que los actores han estado valorados en nuestro país?

No, en absoluto. Nada. La gente nos mete en un saco absurdo. Ellos creen que somos como la Jet Set o algo parecido. Yo me he bajado de un 600 y me han dicho María José Goyanes, en un 600. Se creen que somos millonarios, que vamos de fiesta en fiesta. Que no tienen ni idea de que esta es una de las profesiones más duras que hay. Y, entre otras cosas, por esa inestabilidad. Porque no podemos trabajar cuando queramos. No se trata de que queramos trabajar o no. No, se trata de que nos llamen o no. Y muy pocas personas.

Yo he sido una privilegiada, debo reconocer, porque he tenido compañía muchos años. Y he trabajado con los actores que quería, me han dirigido los directores que quería. En fin, he podido elegir bastante.

Cosa que en la mayoría de los casos no se puede. Salvo las superestrellas que de repente llegan a un punto en que sí. Yo he visto a Emma Thompson trabajar con Benny Hill, haciendo de conejita.

Esta profesión, donde la pongas, tiene unos comienzos duros que no sabes qué va a ser de tu vida. Y, de repente, el teléfono no suena durante mucho tiempo. Hay que tener mucha cabeza, mucho temple y no dejarte llevar por el pánico. Porque, verdaderamente, es una pasión. Es una vocación y, por tanto, es una cosa de locos.

¿Cree que ha cambiado mucho la forma de ver la profesión?

Dentro de que hay grandes actores, jóvenes y muy bien formados. Y, verdaderamente, es la misma cosa. Quiero decir, hay más, naturalmente, ahora. Porque ahora existe la Resad. Antes, la escuela de teatro era una cosa más pequeña, más doméstica. Pero ahora, verdaderamente, la Resad es como una universidad y hay muchísimas escuelas de teatro. Y, por lo tanto, hay muchos más actores y muchas más actrices. Con lo cual, la crisis es mucho más evidente. Por otra parte, el teatro siempre estuvo en crisis.

Hablo del teatro, no sólo de la televisión y del cine, que esos van como por otro lugar. Pero el teatro, yo soy la tercera generación de actores, como comprenderás, no he oído hablar de otra cosa que de la crisis. Porque es un espectáculo vivo. Hoy no es igual que mañana. Todo evoluciona, todo cambia y todo se puede ir al garete también en un momento. Es mucho más frágil que una película que la haces y esa película ya queda para la eternidad.

Emilio Gutiérrez Caba y María José Goyanes
Emilio Gutiérrez Caba y María José Goyanes

María José, es un verdadero placer hablar con usted. Es un verdadero placer haberla tenido con nosotros. Seguro que quien pueda leer esta entrevista, ver o escuchar nuestro videopodcast, su voz, su experiencia, la parte maravillosa que nos ha contado de esa función que sí que creo que marcó gran parte de su vida. Una vida de actriz, sobre todo también de mujer, y también como madre. María José Goyanes, un verdadero placer.

Te quiero dar las gracias a ti, porque esto que haces es maravilloso. Los podcasts son apasionantes. Yo soy muy de escuchar podcasts, pero añadirle la imagen es mucho más potente, llega mucho más y nos ayuda mucho más. Te tengo que dar las gracias porque no siempre suceden estas cosas y hay que valorarlas.

Se me ha olvidado nombrar, y quiero hacerlo, a Salvador Collado, que es el hermano de Manolo Collado, el productor de esta función y que es uno de los pocos productores privados que existen, que luchan continuamente con las adversidades que cada vez son más. Pero ahí sigue, buscando la excelencia y haciendo teatro de calidad siempre. Y también Alfonso Zurro, que es uno de mis directores preferidos. Me ha dirigido bastantes veces. El marido ideal de Oscar Wilde, Casa con dos puertas, mala es de guardar, en versión de Adolfo Marsillach. Son personas que luchan cada día por hacer cosas fantásticas y dignas y apetecibles, sobre todo para el público.

Y no quería olvidarme. Y hablar de Marta Gutiérrez Abad, nuestra compañera, que es una actriz espléndida y que se bate el cobre todos los días con nosotros.

Y si es momento de agradecimientos, María José, yo creo que me debes permitir a mí que yo agradezca a los dueños de esta casa, del Teatro de la Latina, que nos acoge siempre como si fuera nuestra casa donde nos sentimos respetados, donde nos sentimos queridos y donde siempre tenemos las puertas abiertas.

Yo estoy en esta casa también, en otro lugar, pero en esta casa. Jesús Cimarro es un hombre de teatro y como tal hay que valorarlo y hay que ponerle flores. Hay que llevarle flores todos los días.

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