Recibir el año nuevo en el Teatro Real con un concierto dedicado a Hans Zimmer y John Williams supone, de entrada, una declaración de intenciones: celebrar el cine no desde la nostalgia, sino desde la potencia emocional de su música. Excelentia Música propone un recorrido por algunas de las bandas sonoras más reconocibles del imaginario colectivo.
En el cine, la música tiene un papel tan esencial como la imagen o el guion. Muchas películas de culto deben buena parte de su personalidad a bandas sonoras que crean atmósferas, potencian las emociones y guían nuestra experiencia de la historia. Me parece interesante señalar los distintos tipos de música en el cine, porque ayudan a entender cómo cada escena nos llega de manera diferente. La música incidental sostiene la tensión de la escena desde un plano casi invisible y establece ritmos, pausas y cambios de ánimo. La música diegética se integra en el propio mundo de la película, refuerza lo que vemos y aumenta la credibilidad y cercanía de las escenas. La música extradiegética, en cambio, amplía la historia, aporta significados ocultos y permite sentir lo que va más allá de lo que aparece en pantalla. En compositores como John Williams o Hans Zimmer, estas funciones conviven con una claridad excepcional y convierten sus partituras en un componente inseparable del recuerdo cinematográfico. Gracias a ellas, muchas alcanzan una dimensión icónica difícil de concebir sin su acompañamiento musical.
Antes de entrar a valorar el repertorio, resulta interesante resaltar la labor constante de la Fundación Excelentia, fundada sobre una convicción sencilla y profunda: la música como espacio de encuentro, escucha y crecimiento compartido. Su compromiso con la difusión del patrimonio lírico-musical y el impulso de nuevos talentos se refleja en una programación cuidada y accesible, que cada mes ofrece propuestas sugerentes y variadas por toda España. Este concierto constituye una buena prueba de esa vocación, al combinar calidad artística, divulgación y cercanía en una propuesta pensada para disfrutar y compartir.
Compuesta por más de 90 músicos profesionales de gran nivel, la Royal Film Concert Orchestra demuestra que la calidad que se le presupone tiene fundamento. El timbre de las cuerdas resulta cálido y preciso, los metales ofrecen potencia y brillantez y la percusión mantiene una claridad impecable incluso en los pasajes más densos. La orquesta interpreta obras de gran complejidad con equilibrio y control del fraseo. Al frente está Fernando Furones, director madrileño formado en el Berklee College of Music, con una sólida trayectoria en composición musical y dirección orquestal. Como nos tiene acostumbrados, vive cada partitura con entusiasmo evidente y transmite a todos los presentes ese amor por la música como lenguaje de emoción y conexión humana. Esa energía y entrega, en diálogo con los efectos audiovisuales en la pantalla, influyen en la respuesta de la orquesta y convierten la interpretación en un relato musical que atrapa al público desde el primer compás.
Elegir qué obras interpretar es siempre un reto cuando te enfrentas al catálogo infinito de Williams y Zimmer. El programa alterna lirismo, épica y momentos icónicos. En la primera parte, la expresividad es más íntima: Lo que el viento se llevó, E.T. y Memorias de África muestran cómo la música potencia la narrativa cinematográfica, mientras que La lista de Schindler de John Williams impresiona por la delicadeza de las cuerdas y la tensión contenida, capaz de reflejar el dolor y la esperanza de la historia.
Hans Zimmer aporta un pulso más rítmico y expansivo. Mombasa e Interstellar despliegan tensión y fuerza, pero el clímax del concierto llega con Now We Are Free de Gladiator. Nos envuelven voces intensas, golpes de percusión que resuenan en el pecho y melodías expansivas que nos colocan en la arena junto a Máximo, haciendo sentir cada combate y su búsqueda de libertad.
El bloque final es un reencuentro con los grandes mitos que nos han hecho soñar. No son solo temas musicales, son billetes de ida a los mundos que nos marcaron: los motivos heroicos de Indiana Jones, los mundos mágicos de Harry Potter, la majestuosidad y emotividad de El Rey León y la épica aventurera de El Señor de los Anillos. En definitiva, queda claro que, más allá de la imagen, estas partituras mantienen su presencia y convierten la experiencia del concierto en un auténtico ritual de celebración musical.



