La Gran Vía vuelve a encender sus luces con el espíritu inconfundible de Raffaella Carrà. El Teatro Capitol se convierte en el escenario de “Raffaella, El Musical”, un homenaje radiante que recupera el magnetismo y la libertad de una artista que marcó generaciones. Entre ritmo, color y nostalgia pop, esta producción de DreamCatcher y Valeria Arzenton celebra el legado de una diva eterna cuya huella sigue iluminando la cultura popular.
El nacimiento de un icono: entre la libertad y la audacia
Brillo, frescura y provocación envuelven una propuesta que recorre la trayectoria de Raffaella Carrà, desde sus primeros éxitos televisivos hasta su consagración como icono internacional. Tras “Bailo, Bailo”, esta nueva producción se adentra con mayor profundidad en su vida, tomando las canciones como hilo conductor para revisitar los hitos de una figura capaz de transformar la televisión, romper moldes y conquistar al público con una naturalidad arrolladora. El relato traza la evolución de una mujer que pasó de abrirse paso en una industria dominada por códigos tradicionales a convertirse en símbolo de libertad y empoderamiento. No se limita a celebrar triunfos: también revela dudas, contradicciones y amores, el coste de la fama y la fuerza interior que la mantuvo fiel a sí misma. Así emerge el retrato de una creadora que desafió la censura con ingenio y determinación, convirtiendo la provocación en arte y el atrevimiento en una forma de elegancia. “Nos hace sentir libres, tal y como somos”, se escucha en un momento, como declaración de principios aún vigente.
El ritmo como columna vertebral de un espectáculo que no deja espacio al descanso
Desde el primer instante, la puesta en escena –arrolladora, directa y ágil– mantiene un pulso constante que atrapa al espectador. Luciano Cannito dirige con precisión y un instinto claro para el ritmo, construyendo un espectáculo fluido sin perder nunca el compás. El resultado es una experiencia escénica que, más allá del homenaje, contagia entusiasmo, como si la propia Carrà siguiera marcando el tempo desde las bambalinas.

La escenografía de Italo Grassi recrea con precisión los espacios donde transcurre la acción, desde los platos televisivos hasta los exteriores que marcan las distintas etapas de la vida de Raffaella. Sin recurrir a grandes artificios, la videografía y el movimiento escénico aportan profundidad y dinamismo, permitiendo transitar con fluidez de la intimidad de un apartamento al esplendor de un gran show. El diseño de luces de Alessandro Caso potencia esta inmersión con blancos fríos en los pasajes introspectivos, colores cálidos y vibrantes en los números de espectáculo y transiciones precisas que refuerzan el ritmo de la acción y dota a toda la propuesta escénica de unidad y coherencia.
El pulso Carrà convierte la música en movimiento
La composición musical actúa como columna vertebral del montaje, con un entramado sonoro que une escenas y transiciones con textura y coherencia. Bajo la dirección musical y al teclado de Dan Vidal Roloff, la banda —formada por tan solo unos pocos instrumentos— demuestra una sorprendente capacidad para llenar el espacio con matices, potencia y dinamismo. Sobre esa base, los grandes éxitos de Raffaella Carrà se integran con fluidez en la acción, sin romper su ritmo ni forzar la emoción. El resultado es un jukebox orgánico y evocador. La selección, cuidada y precisa, recorre con acierto las distintas etapas de su carrera. Y que no se preocupen los más fieles admiradores, porque al final les espera una sorpresa que hará imposible no levantarse del asiento.
En el terreno coreográfico ocurre algo similar: la danza pasa a ser una prolongación natural de la música y estructura esencial del espectáculo. Bajo la dirección de Fabrizio Prolli, el montaje combina números grupales de gran intensidad con pasajes más expresivos, siempre en sintonía con el pulso escénico. Incluso los fragmentos instrumentales cobran vida con una precisión física desbordante. Las canciones más icónicas —del inconfundible “Tuca Tuca” a los temas más celebrados— encuentran su reflejo en coreografías que condensan el espíritu Carrà: humor, vitalidad y una alegría de vivir contagiosa. Entre todas, el número de “Bailo, Bailo” resume la esencia del musical: un estallido de ritmo, color y brío imposible de resistir.

La fuerza coral de un elenco que enciende el escenario
El reparto, numeroso y entregado, irradia energía desde el primer momento, incluso antes del inicio oficial, interactuando con el público y preparando el ambiente para la celebración que está por venir.
En el centro de todo, Lorena Santiago asume el reto de encarnar a Raffaella Carrà con una mezcla de respeto y carisma que resulta magnética. Lejos de la mera imitación, construye un retrato lleno de matices, donde conviven la artista arrolladora y la mujer vulnerable. Hay momentos de enorme parecido —en la gestualidad, la mirada y hasta en la forma de moverse— que capturan la esencia de Carrà sin caer en el artificio. Su presencia escénica, su capacidad vocal y una sonrisa que ilumina cada gesto completan una interpretación sincera y llena de verdad, recordándonos por qué Raffaella fue —y sigue siendo— un icono de energía, ternura y autenticidad.
Otra figura esencial en el relato es la de la madre, interpretada por Chus Herranz, que aporta un tono casi documental a la narración. Sus apariciones, breves pero significativas, funcionan como destellos en la historia: es una presencia que acompaña, guía y observa, convirtiéndose en una suerte de narradora omnisciente que enmarca el viaje vital de Raffaella. En un momento clave, pronuncia la frase “No tengas miedo, todo el mundo te amará”, condensando el espíritu de la obra.
Tampoco podía faltar el componente afectivo, encarnado por Paco García en el papel de Gianni Boncompagni, pareja de Raffaella y responsable de gran parte de su obra como escritor y letrista, que brilla en un número romántico precioso. Le acompañan sus amigos: Nadia, interpretada por Luana Carrera, excéntrica y brillante clavando los agudos y Robert Matchez como Alessandro, natural, sincero y expresivo, quien también interpreta al ayudante de Giovanni Salvi. Chemari Bello, además de ser el director residente del musical, da vida a este último personaje, director de la RAI obsesionado con no perder su puesto, aportando un contrapunto cómico y realista que enmarca la historia desde la esfera profesional y televisiva.
Cuando terminó el viaje, Raffaella todavía estaba allí. No en el escenario, sino en la energía que llena el Capitol: en las miradas, en la música, en la fuerza que recorre la sala. Su carisma y audacia siguen latiendo con intensidad, recordando que Raffaella Carrà es irrepetible e insustituible. Una figura única cuya huella permanece viva y que este homenaje musical celebra con emoción y autenticidad.
Director: Luciano Cannito
Coreografía: Fabrizio Prolli
Escenografía: Italo Grassi
Diseño de luces: Alessandro Caso
Producción: DreamCatcher S.L. / Valeria Arzenton
Ayudante de dirección: Laura Galigani
Asistente producción: Oscar Pennacchi
Director residente: Chemari Bello
Reparto: Lorena Santiago, Robert Matchez, Chus Herranz, Paco García, Luana Carrera, Chemari Bello, Rick Monje, Amedeo Monzo, Gonzalo Santamaría, Alejandro Garasa, Chris Caballero, Raul Heredia, Israel Trujillo, Mattia Ruggeri, Julia Pereira, Salomé García, Anna Puighermanal, Luz Cueva, Irene Rodríguez, Elena Almagro, Silvia Badia, Clara Martínez
Swings: Juan Carlos Muñoz y Lucía Ortiz
Covers: Sol Madrigal de Raffaella, Jesús Daniel de la Casa de Giovanni, Israel Trujillo de Alessandro y Clara Martínez de Nadia
Director Musical y teclado: Dan Vidal Roloff
Músicos: Pedro Chalkho, Vicente Pérez, Julio Marín y Berenguer Aina Cabistany
Regiduría: Jose María Gómez Martínez
Diseño sonido + tec. Sonido: Lolo Moldes
Microfonista: Alejandro Dieguez
Jefa de sastrería: Rosario Jiménez Grueso
Diseño Vídeo: Edmondo Angelelli





