Convertido en uno de los estrenos más esperados del otoño madrileño, “Houdini, un musical mágico” irrumpe en el Teatro Calderón como una de las grandes apuestas del género en la capital. La producción, firmada por LetsGo y beon.Entertainment, dos de las productoras más importantes de nuestro país, rescata la figura del legendario escapista para transformarla en una experiencia donde el teatro musical y la ilusión escénica se entrelazan, desafiando los límites entre realidad y fantasía en un despliegue tan visual como emocional.
Federico Bellone, director y libretista del montaje, construye una narrativa que huye deliberadamente de la biografía lineal. La acción arranca en 1926, durante la última actuación de Harry Houdini (Pablo Puyol). Desde ese punto final, la dramaturgia se fragmenta en una estructura no cronológica que alterna pasado y presente, realidad y recuerdo. El espectáculo nos conduce así a los orígenes de Erik Weisz, el niño inmigrante húngaro que llegó a Estados Unidos sin nada; a su metamorfosis en el mago más célebre del mundo; a su compleja relación con Bess (Julia Möller), esposa y compañera de escenario, y al vínculo fraternal —no exento de celos y tensiones— con su hermano Theo (Christian Escuredo), también seducido por el magnetismo de Bess.
La vida de un ilusionista convertida en espectáculo
La elección de convertir la figura de Houdini en un musical resulta especialmente acertada: su vida encarna el espíritu del espectáculo, la superación física y la búsqueda de lo imposible. Sin embargo, la propuesta apenas se detiene en el proceso que le llevó a dominar el arte de la evasión y la ilusión, un arco narrativo que habría aportado mayor profundidad al retrato del personaje. Aun así, este consagrado director (“El fantasma de la Ópera”, “Cabaret”) maneja con habilidad los resortes dramáticos y mantiene el interés gracias a una estructura bien dosificada, que combina momentos de intensidad emocional con otros de puro virtuosismo escénico. El resultado es un relato ágil, atractivo y coherente, capaz de traducir la magia en lenguaje teatral.
“Houdini, un musical mágico” se distingue por integrar el ilusionismo como elemento esencial, no como un mero artificio ornamental. A diferencia de otros musicales donde los trucos son accesorios, aquí la magia es el alma del espectáculo. Paolo Carta (“Mary Poppins”, “Ghost”) diseña más de veinte trucos históricos —la icónica metamorfosis, los escapes de esposas y cadenas, o la temible Celda de la Tortura— que no buscan únicamente el aplauso fácil, pues permiten tanto profundizar y explicar la vida y la trayectoria de Houdini, como mostrar su obsesión por superar límites y su evolución personal. Entre todos ellos destaca la sorprendente aparición de un elefante, un truco de gran impacto visual que remite a los históricos números de espectáculo de la época. Aunque su ejecución es espectacular, el montaje podría haber potenciado aún más su presencia para convertirlo en un verdadero clímax de la función, otorgándole la relevancia que merece dentro del hilo argumental.

La música, interpretada en directo por la orquesta bajo la dirección de Giovanni Maria Lori, se erige como uno de los pilares fundamentales del espectáculo, complementando y realzando la narrativa del ilusionismo. Lori alterna con maestría momentos de gran intensidad y otros más ligeros, utilizando cambios de ritmo incisivos que reflejan la tensión, la emoción y la vulnerabilidad del protagonista. Las canciones, inspiradas en la música popular de principios del siglo XX y en estilos como el charlestón, el claqué o el cancán, profundizan en la dimensión emocional de los personajes y, a la vez, avanzan la acción dramática a través de sus textos y declamaciones. Temas destacados como “The Greatest Magic Man” combinan la grandiosidad del teatro musical con un tratamiento moderno, resaltando la grandeza y humanidad de Houdini.
Un reparto sólido y comprometido que transforma la proeza técnica en una experiencia teatral auténtica
El reparto se muestra completamente entregado a la causa, transmitiendo con convicción la intensidad y el virtuosismo físico que exige el montaje. Gracias a la inteligente decisión de articular la historia desde distintas perspectivas, el montaje logra ofrecer una visión más completa y matizada del personaje. Aunque no abundan los números conjuntos, los que se presentan resultan especialmente vistosos y visuales.
Todas las miradas están puestas en Pablo Puyol, quien ha señalado que este montaje ha supuesto el mayor reto de su carrera sobre el escenario y el resultado es sobresaliente. Aunque ya se le había visto en numerosas ocasiones, aquí se ha transformado completamente. En el apartado vocal, clava sus números, destacando especialmente el que pone fin al primer acto. Sin embargo, es en lo interpretativo donde alcanza la excelencia, combinando presencia escénica, fuerza emocional y virtuosismo físico. Puyol muestra con claridad las cualidades atribuidas a Houdini: coraje, disciplina, control y obsesión. Uno de los momentos más impactantes es el número en el que canta boca abajo mientras comienza un acto de escapismo, suspendido en el aire, un desafío que une habilidad acrobática y precisión vocal, convirtiéndose en una de las secuencias más llamativas del musical.
Julia Möller interpreta a Bess, la esposa y compañera de escenario convertida en el pilar emocional de Houdini y su voz más sensata. Su interpretación refleja con precisión la tensión de vivir junto a alguien consumido por la obsesión, combinando afecto, temor y frustración. Este equilibrio se aprecia especialmente en el número de despedida, un momento dramático donde la actriz –curtida en musicales como “La Familia Addams” o “Quién mató a Sherlock Holmes”– despliega toda su fuerza vocal y expresiva.

Como contrapunto en la vida de Houdini, Theo, interpretado por Christian Escuredo, aporta tensiones familiares y emociones contenidas. A través de breves escenas se menciona la unión de The Houdini Brothers, mostrando los lazos y la colaboración que marcaron los inicios del mago. Escuredo ya me impresionó tanto en “33, el musical”, en el papel de Jesucristo, como en “El Novio de España”, dando vida a Luis Mariano, y en este montaje vuelve a brillar. Sus solos destacan por la calidez de su voz y la madurez emocional que aporta al personaje, mostrando celos, afecto y tensiones y reforzando la dimensión humana de la saga familiar.
Un personaje de lo más sorprendente es la Muerte, interpretada por Juan Dos Santos, con una presencia enigmática cargada de significado. Este actor berciano de origen caboverdiano, que ya ha destacado en musicales como “The Book of Mormon”, “Tina, el musical” o “Charlie y la fábrica de chocolate”, refuerza la atmósfera mística del espectáculo con su caracterización sombría y su voz profunda. Su papel resulta especialmente relevante, ya que Houdini jugaba con la muerte en sus números, y juntos se complementan en escena. Aunque sus apariciones son contadas, protagoniza junto a Puyol El Vals de la muerte que resume magistralmente la esencia de esta propuesta.
Un viaje visual e inmersivo que trasciende el escenario y convierte la magia en experiencia total
Desde el primer instante, la construcción escenográfica e iluminación enriquecen la atmósfera del espectáculo. Diseñadas por Clara Abruzzese y Valerio Tiberi, respectivamente, crean una ambientación que transporta al público a la época de Harry Houdini, combinando elementos de circo, teatro y magia. En este caso, la escenografía no resulta apabullante, pero está muy bien integrada en los aparatos y accesorios de los trucos, reforzando la credibilidad de los números de ilusionismo. Además, juega con lo que ocurre dentro y fuera de escena, lo que potencia el carácter de metashow, donde el propio montaje se convierte también en un juego de apariencias y revelaciones, como si la obra se mirara a sí misma a través del espejo del ilusionismo. La iluminación, especialmente la luz cenital y los fundidos a negro, generan tensión y misterio y ayudan al espectador a situarse en el tiempo y espacio adecuados.
Una hora antes del inicio de la función, el público puede vivir una experiencia interactiva única diseñada por Alessio Meloni. Este recorrido por las dependencias del Teatro Calderón permite adentrarse en salas temáticas dedicadas a distintas ramas de la magia, objetos originales de todas las épocas y la presencia de magos. Durante este pre-show, se respira la filosofía de Houdini: “Mi mente es la clave que mantiene libre cada candado, es un desafío y cada desafío una oportunidad. La magia es la única ciencia no aceptada por los científicos porque no pueden entenderla”, ofreciendo así al espectador una inmersión total en el universo del ilusionista antes de que comience el espectáculo principal.
Houdini, un musical mágico cumple con su cometido: asombra, emociona y mantiene al público cautivo de principio a fin. La combinación de talento actoral, música en directo, ilusionismo y escenografía logra una experiencia envolvente donde cada número y truco contribuyen a recrear la grandeza de Houdini, invitando a seguir conociendo más sobre su vida y su legado.
Autor y director: Federico Bellone
Compositor: Giovanni Maria Lori
Reparto: Reparto: Pablo Puyol, Julia Möller, Christian Escuredo, Juan Dos Santos, Alejandro Ali, Irene Rubio, Paku Granxa, Alba Dusmet, Michelle Marier, Chiara Vergassola, Néstor Rubio, Miguel Ángel Collado, Pablo Ceresuela, Sarah Schielke, Sergio Escribano
Director asociado / Director residente: Sebastián Prada
Diseño de Ilusiones: Paolo Carta
Coreografía: Gillian Bruce
Diseño de Iluminación: Valerio Tiberi
Diseño de Sonido: Poti Martín
Vestuario y caracterización: Chiara Donato
Escenografía: Clara Abruzzese
Adaptación de texto y letras al castellano / Director asociado: Romeo Urbano
Coreógrafa asociada: Marta Melchiorre




