Desde entonces el Rojas pasó a ser el lugar preferente de los principales espectáculos escénicos y encuentros sociales de Toledo —a veces ajenos a la esfera cultural—, y que hoy forman parte de la memoria colectiva de la ciudad. Ya en 1895 se recuentan setenta veladas y actos diversos, alquilándose entonces la sala con unas tasas que iban desde las 25 pts. por sesión benéfica, a las 125 por los bailes de Carnaval. Por las reuniones y mítines se pedían 100 pts, situándose en una media de 50 pesetas cada función teatral, de zarzuela o de ópera.
Y es que bajo el techo de la sala de butacas casi todo ha tenido cabida…
Palabra, música e imagen
La temporada oficial solía discurrir entre los meses de octubre y mayo a base de las llamadas compañías de verso con sus repertorios de dramas o comedias, así como otras de zarzuela, caso de la de Leandro Pastor, la primera en estrenar este género en el Rojas, en marzo de 1879, con La Marsellesa de Caballero y Carrión. La popularidad de la zarzuela perduró hasta varias décadas después, actuando interpretes de fama y autores como Pablo Sorozábal o Moreno Torroba. Especial relieve tuvo siempre en Toledo la figura y la música de Jacinto Guerrero, en cuya memoria se colocó un busto en el vestíbulo del teatro en 1960, años después de su muerte. En cambio, la ópera contó con un menor peso desde la primera representación habida en abril de 1885 con el Fausto de Gounod, sin que luego este género continuase vivo cada temporada, quedando en la memoria cercana el éxito de Ainoa Arteta en 1999. Algo parecido sucedió con la danza, compensada con la programación de recientes ciclos realzados por compañías como el Ballet Nacional de Cuba o los nombres de Antonio Gades, Antonio Canales, Alicia Alonso, Nacho Duato, Víctor Ullate y tantos otros.
Hasta 1984 la sala mantuvo el foso de la orquesta que acompañaba los espectáculos musicales, dejando el escenario para conciertos sinfónicos, grupos de cámara y solistas como Sarasate (1881), Arthur Rubinstein (924), Andrés Segovia, Regino Sainz de la Maza o Jordi Savall entre otros muchos También las bandas de música del Ayuntamiento, la Academia u otras instituciones han pasado con regularidad por el Rojas, al igual que las agrupaciones corales locales o foráneas habidas en diferentes épocas, anotándose como singularidad el uso de las escalinatas de la facha principal para ofrecer algunas sesiones nocturnas de jazz a finales del XX.
Sin llegar a los veinte años de vida, en 1896, el Teatro de Rojas acogió la primera proyección de cine que se daba en Toledo. Especial sensación causaron las sesiones efectuadas en octubre de 1897 por unos exhibidores que traían el sistema Lumière y sus cintas con salidas de fábricas, llegada de trenes, juegos infantiles o desfiles militares. La magia del nuevo espectáculo atrajo inmediatamente al público, lo que obligó a los empresarios a modificar la cartelera en detrimento del teatro. Esta tendencia era ya denunciada en 1917 por El Heraldo Obrero que ironizaba rebautizar al coliseo como Cinematógrafo de Rojas, cuando aún las proyecciones no alcanzaban, ni mucho menos, la regularidad que tendrían desde 1931 al irrumpir el cine sonoro.
Un dato más es la elección de la propia imagen de la sala para rodar algunas secuencias en películas como El relicario (R. Gil, 1970), Don Juan mi querido fantasma (A. Mercero, 1990) o El maestro de Esgrima (P. Olea,1992), así como haber acogido los preestrenos de Lázaro de Tormes (F.Fernán Gómez, 2000) y Te doy mis ojos (I. Bollaín, 2003).

Bailes, máscaras, varietés y revistas
En la pequeña historia del Rojas están los recuerdos de los antiguos encuentros sociales con bailes, conciertos u otros actos promovidos por la Academia de Infantería, el Colegio de Huérfanos María Cristina o la Fábrica de Armas, siendo en las fechas de Carnaval el lugar más buscado para la diversión hasta 1936. Así, frente a los veladas algo elitistas del Casino o los bailes más populares celebrados en la Plaza de Toros, en el Rojas recalaban agrupaciones y gremios —Vaivén. Terpsicore, Morfeo Ideal, La Moda, Juventud Tipográfica, Asociación de Dependientes, Peña Villalta, etc.— que organizaban los suyos, pudiendo alquilarse los palcos para grupos de amigos. Y es que las posibilidades del Rojas prevalecían sobre las ofertas que a veces hacían los cines Moderno y Toledo. En el franquismo, prohibida esta celebración, sólo se permitieron bailes y concursos de disfraces infantiles en el Casino y en el propio Teatro de Rojas.
Para tan esperadas veladas era necesario desmontar los asientos del patio de butacas y luego elevar el pavimento gracias al mecanismo situado en el subsuelo hasta dejarlo a nivel del proscenio. De esta forma se duplicaba la extensión de la sala al unirse con el escenario para facilitar la evolución de las parejas de baile o la colocación de largas meses si se trataba de celebrar banquetes multitudinarios, sirviendo de muestra el promovido por la Federación de Obreros del Estado en enero de 1933.
En el primer tercio del siglo XX, y muy ligadas a las sesiones de cine, fueron las “varietés” que ofrecían funciones mixtas con cantantes, ventrílocuos, transformistas, humoristas, magos e incluso algún número “sicalíptico”. De las muchas variedades aquí exhibidas, citemos, por ejemplo, cómo, en 1916, hubo una exhibición de fieras, muñecos mecánicos, canzonetistas, cuplés picarescos de Carmen Vicente o la Bella López y una “Troupe Liliputiense” de veinte personas. Estos programas alejados de la sociedad bienpensante eran criticados en abril de 1908 desde El Castellano.
Paralela a las varietés fue la revista musical que a partir de 1940 traía en las cabeceras de los carteles a cantantes folclóricos, humoristas y vedettes como Juanito Valderrama, Dolores Abril, Addy Ventura, Quique Camoiras y tantos otros que también debían sortear las normas de los censores de la época en el coliseo toledano.

Actos varios
Son innumerables las veladas habidas en la historia del Rojas de matiz académico o divulgador propiciadas por el Ayuntamiento, la Diputación, la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, la Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo, otras instituciones, centros docentes y asociaciones varias, sirviendo de muestra los centenarios de Rojas Zorrilla (1907) o del Greco que, el 7 de abril de 1914, ofrecía la obra Las cartas de la monja de Eduardo Marquina a cargo de María Guerrero y Fernando Mendoza. En la segunda mitad del XX se recuerdan los Juegos Florales en torno al Corpus, homenajes varios, la presentación de algún libro (1999) o exposiciones como las relacionadas con Francisco Nieva (1992) o sobre la maquinaria teatral del barroco en el 2007, año del IV Centenario de Rojas Zorrilla que también ha reunido otros actos ajenos a la pura representación teatral.
Además de llenar las horas de ocio, el Rojas ha sido foro del discurso político y sindical, situándose en torno a 1892 el primer intento fallido de Pablo Iglesias para hablar en pro del socialismo en este teatro, si bien en 1908 logró hacerlo. En los años de la Transición, y previo a la reforma del edificio, de nuevo se escucharon mítines de todo color político a cargo de sus principales dirigentes. Con un matiz muy distinto está la elección del Rojas desde 1990 para la entrega de los premios de la Real Fundación de Toledo con la presencia del Rey en varias de las ediciones celebradas.
Otros actos singulares convocados en este teatro partieron desde la iniciativa eclesiástica como fue la entrega de ropa que hicieron las damas catequistas a doscientos obreros presidida por el cardenal Gisasola (junio de 1916) o una Semana Mariana celebrada en octubre de 1954. En diferentes años los pregones de Semana Santa o del Corpus también han tenido cabida en una sala previamente adecuada para la ocasión. En otro plano muy diferente el escenario del Rojas ha servido para emitir y producir programas de radio o de televisión (2000), sorteos (Once, 2002 y Lotería Nacional, 2006) y ambientar alguna campaña publicitaria.

Últimos recuerdos tras el telón
Para hacer posible todas las manifestaciones escénicas y sociales siempre fue necesario un adecuado grupo de profesionales que conociera bien el edificio y sus recursos escénicos, y es que en el Rojas, como los demás coliseos del XIX, existía un conjunto de telones, bambalinas y forillos que genéricamente respondían a los nombres de jardín, marina, plaza con calle, gabinete, casa rústica, salón regio, cárcel, etc. En 1962 el equipo técnico del Rojas, frente al de otros teatros españoles, bajo la dirección de Justo García, alcanzaba el premio nacional del Concurso de Destreza en el Oficio de Maquinista y Tramoyista. Aquella labor dejó una sólida huella continuada hasta la actualidad por otros profesionales que hoy mantienen vivos los secretos de esta sala con el consiguiente reconocimiento público por su quehacer.
Se puede decir que las entregas anuales de los premios Teatro de Rojas —que se vienen otorgando por los propios espectadores desde 1992—, sirven como corolario final de la versatilidad de esta centenaria sala, pues en dichos actos se pueden fundir la palabra, la imagen, la poesía, la música y, en definitiva, el homenaje a la escena en Toledo en su más amplia concepción y a los protagonistas que hacen posible la vida de la propia sala a un lado y otro del telón de embocadura.


