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Año IXNúmero 443
09 FEBRERO 2026

¿Me entiendes o te lo explico?: de la taberna al orgullo, con mucha pluma y cero filtros

Imagen de escena de la obra
Imagen de escena de la obra
Una comedia tan disparatada como lúcida que, entre risas y excesos, lanza una mirada crítica sobre la España de ayer y su relación con la diversidad, los derechos LGTBIQ+ y los reflejos incómodos todavía presentes a diario.

El Teatro Amaya acoge durante todo el verano una comedia salvaje, provocadora y profundamente divertida tras arrasar durante dos temporadas en Barcelona. Una radiografía ácida y sin filtros de la España preolímpica que se ríe de sus propios prejuicios mientras lanza preguntas incómodas con carcajadas como respuesta. Una apuesta valiente, directa y sin complejos. Una cita imprescindible para quienes disfrutan del teatro que no se muerde la lengua.

Madrid, 1992. A las puertas de los Juegos Olímpicos y en pleno despertar social, un tabernero en crisis recibe dos golpes en un mismo día: su mujer lo abandona y el banco amenaza con desahuciarlo. Cuando sus amigos acuden al rescate, surge una idea tan absurda como brillante: transformar su vieja taberna en un pub de ambiente. Lo que comienza como un plan desesperado se convierte en una explosiva convivencia entre prejuicios, contradicciones y mucho sentido del humor. Una comedia coral que captura el espíritu de una época en plena transformación, donde nada es lo que parece y reírse de uno mismo la única salida.

Firmado y dirigido por Jordi Calvet, el libreto marca su debut teatral tras una destacada trayectoria en el cine. Lejos de ser un simple ejercicio nostálgico, el texto utiliza la comedia como vehículo para desmontar estereotipos, explorar la fragilidad masculina y retratar con ironía una sociedad atrapada entre el pasado y un futuro que no termina de comprender. Su estructura de vodevil moderno, con cambios de ritmo constantes, malentendidos, situaciones límite y personajes llevados al extremo, construye una dramaturgia ágil y afilada, más cerca del esperpento que de la comedia blanca. Calvet no busca agradar: pone el dedo en la llaga con humor punzante y convierte el escenario en un campo de batalla donde se enfrentan la ignorancia, el miedo al otro y la necesidad urgente de reinventarse.

Por momentos, algunas frases pueden parecer reiterativas, pero lejos de ser un fallo, son parte de una mecánica cómica eficaz que multiplica las risas y acentúa el carácter delirante del relato. El absurdo, utilizado con inteligencia, se convierte en una herramienta para subrayar realidades incómodas y mostrar hasta qué punto seguimos arrastrando inercias homófobas difíciles de romper. Sin moralinas ni discursos aleccionadores, la función dispara en todas direcciones y construye una crítica contra todo y todos, dejando que sea el espectador quien saque sus conclusiones. Al mismo tiempo, ofrece una mirada tan irreverente como reveladora sobre los orígenes de un barrio como Chueca, tal y como lo entendemos hoy: diverso, libre y orgullosamente vivo.

La dirección, firmada también por Jordi Calvet, resulta ágil, directa y por momentos desconcertante, aportando una vitalidad constante y multiplicando las risas. La puesta en escena, sencilla pero eficaz, recrea con precisión el ambiente de un bar, apoyada por una pantalla led capaz de situar visualmente la acción antes y después de la transformación en pub. Se percibe además una dirección abierta, con espacio suficiente para el lucimiento del elenco, permitiendo incluso salidas del texto que añaden frescura, naturalidad y una complicidad espontánea con el público.

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Imagen de escena de la obra

El reparto funciona como un bloque sólido, con un evidente entendimiento entre intérpretes, plena comprensión del subtexto y un manejo afinado de los tiempos cómicos. Como ya he comentado, dan vida a arquetipos fácilmente extrapolables a la España de hoy, figuras reconocibles que, desde la caricatura, activan la risa y, al mismo tiempo, la reflexión.

Santiago Urrialde, en el papel de Pepe, se desenvuelve con soltura y oficio, demostrando por qué sigue siendo uno de los rostros más reconocibles del humor español. Su personaje, arruinado en lo económico y emocional, marca el pulso de la función y canaliza gran parte de su energía. Urrialde transita con naturalidad del derrotismo más cómico al entusiasmo casi naíf de quien, contra todo pronóstico, encuentra su lugar en el mundo. Una interpretación eficaz, que sostiene el ritmo de la obra y conecta con el público desde la primera escena. Anna Senán brilla en un doble registro que pone en valor su versatilidad sobre el escenario. Por un lado, compone con contención y credibilidad a la mujer de Pepe, aportando un anclaje más realista dentro del delirio general. Por otro, se lanza sin miedo a la caricatura como una chica de compañía extravagante, zafia y excesiva, desbordante de carácter.

Sergio Pazos, actor todoterreno como a él mismo le gusta definirse, despliega una presencia escénica contundente fruto de una trayectoria amplísima en teatro, cine, televisión, radio, escritura y dirección. Interpreta al personaje más complejo del grupo, un homófobo de manual cuya rigidez ideológica y emocional esconde, quizá, algo más profundo. La comedia no lo justifica, pero sí lo dibuja con capas: lo que empieza como un estereotipo agresivo evoluciona hacia una transformación delirante, liberadora en lo físico y en lo mental. Pazos transita esa evolución con inteligencia actoral y precisión rítmica, logrando una de las curvas más impactantes del montaje.

Por último, Octavi Pujades aporta carisma, presencia escénica y una vis cómica medida, al servicio de un personaje convertido en motor narrativo. Interpreta a Jaime, abogado de éxito, impecable en las formas, buen porte, verbo fácil y una suerte siempre de su lado. Su liderazgo natural lo posiciona como referente dentro del grupo, con una capacidad de persuasión que bordea la manipulación. Es él quien impulsa el giro argumental desde el pragmatismo, el ego y una seguridad tan seductora como sospechosa. Pujades lo encarna con soltura y elegancia, manteniendo la tensión entre el encanto superficial y las fisuras que asoman bajo una fachada de perfección.

Divertida, afilada y sin filtros, esta comedia no se limita a provocar carcajadas: lanza dardos en todas direcciones y pone sobre la mesa temas aún vigentes, especialmente en torno a la diversidad y los derechos LGTBIQ+, sin perder el pulso del entretenimiento. Con un texto ágil, una dirección efectiva y un reparto entregado, ofrece una mirada tan irreverente como necesaria sobre el pasado reciente y sus ecos en el presente. Un espectáculo que se ríe de todo y de todos, incluida la propia platea, y convierte el Teatro Amaya en una cita ineludible este verano.

Autor y Director: Jordi Calvet

Reparto: Santiago Urrialde, Anna Senán, Sergio Pazos y Octavi Pujades

Covers: Aída Flix, David Olivares y Fermí Fernánde

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