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Borja Rodríguez: «Con ‘El amor enamorado’ queremos divertir maravillando, como decían los sabios del siglo de oro»

 

¿Qué es El amor enamorado?

El amor enamorado, sobre todo, es una comedia muy diferente de Lope de Vega. Una súper comedia. Y digo que es muy diferente porque en este caso, no es la honra, no es el honor, aunque lo hay junto a los celos y el amor, pero sobre todo es un pueblo que tiene que unirse para luchar contra un bicho que lo está matando. Y Lope, como era muy ratón, como era muy cuco se sirve de una gran comedia para llegar al pueblo. Porque una de las características que nos apasionan de este autor es su capacidad de hablarle al pueblo. Es muy profundo cuando tiene que ser profundo, pero es muy llano cuando tiene que ser llano. Y cuando sirve la comedia lo hace de manera magistral. Hay un buen enredo que nos recuerda muchísimo a el “Sueño de una noche de verano”, hay vasos comunicantes por todos lados, pero lo hace con la picardía, con el ingenio, y con la frescura con la que suele escribir Lope. Y digo que es muy diferente cómo nos sorprenden sus razones antropológicas las que nos mueve en esta ocasión en una comedia muy divertida.

 

¿Por qué esta comedia tan desconocida de Lope de Vega?

El anterior espectáculo fue La viuda valenciana, también un texto no muy representado de Lope de Vega. Yo siempre trato de buscar las caras B de los discos, las otras lecturas. Creo que en teatro, con esta basta producción que tenemos en cuanto a clásicos, en cuanto al siglo de oro, tenemos que ir buscando una cosa que en teatro hay veces que se pierde, que es la capacidad de sorprender. Hay textos que no salen, por su complejidad y por ser arriesgados. Esta producción le hemos dejado en ocho actores y actrices, pero el reparto original es mucho más extenso en la obra de Lope. Y ya no sólo por eso, sino que fue concebida para representarse en el Parque del Retiro por una maquinaria escénica que existía allí… El tercer acto no es consecutivo con la trama… Ha necesitado un trabajo de dramaturgia, de readaptación bastante grande. En esta ocasión yo no me atreví porque se necesitaba un auténtico maestro. Para eso tuvimos la suerte de contar con Fernando Sansegundo que ha hecho un trabajo de quitarse el sombrero. Se ha conseguido conectar, tal y como lo hace Lope, las dos primeras jornadas y el salto al vacío que es la tercera. Fernando ha sabido cerrar el círculo muy bien. Todas estas dificultades a uno, con el paso de los años, nos pone cada vez más. No es El caballero de Olmedo, no es La dama boba, no es muchas cosas que ya hemos visto muchas veces por los escenarios. Hay que arriesgar y nos encontraremos con la sorpresa.

 

¿Qué tipo de maquinaria era necesario para esta función en el Retiro de Madrid?

Sé que hacían parte de la función en un lago. No sé si es el lago del Palacio de Cristal, el cual visito todas las mañanas porque vivo muy cerca, o era por la zona de la casa de Velázquez. En la función hay dos veces que cae el telón. También vuela cupido, un personaje que Lope sugiere que lo representara una mujer. En este caso nosotros hemos querido que lo represente un hombre. En cualquier caso, eran sobre todo eso, telones y que cupido volaba en la función.

 

¿Qué nos cuenta El amor enamorado? ¿Qué nos quiere decir Lope?

Lope nos quiere decir que por encima del capricho de los dioses, y por encima de los designios de los dioses, está la voluntad de los hombres. Él nos habla, también, de la gestión de liderazgo en un momento de crisis. Nos está hablando a las mujeres y a los hombres del siglo XXI. En una situación muy chunga, en la que un pueblo tiene que enfrentarse a un bicho que los está matando, tal y como nos está sucediendo a nosotros, esta crisis de poder y esta gestión de liderazgo, la lectura final es decir que los hombres y mujeres nos tenemos que unir todos y será la acción de nosotros la que otorgue poder a los poderosos, porque los poderosos sin nosotros, al fin y al cabo, no son nada. Nosotros hemos tenido que accionar, hemos tenido que seguir unos protocolos en esta pandemia, en esta crisis, y a veces nos hemos dado cuenta que la batuta la teníamos nosotros. Ya lo decía Lope en 1600.

 

¿Cómo es la escenografía, los elementos que se pueden ver en escena?

La escenografía, como todos los elementos que concurren en escena, en el conflicto, apelan directamente a la imaginación. Estaremos metidos en un bosque, pero no veremos una rama en toda la función. Pero estaremos en un bosque. Es una gasa texturizada que nos mete en esa parte de Galicia de primeros del siglo XX. No queríamos una escenografía convencional. Ha sido la conceptualización de un bosque. Hay bastantes efectos especiales durante la función. Hemos estado al servicio de las viejas tecnologías. Además del excepcional trabajo que ha hecho Juanjo Llorens. Hemos estado al servicio de las viejas tecnologías, tales como sombras chinescas, escamoteos, transparencias, acrobacias… Hay una desaparición en escena, a vista de público. Se dota al clásico de esa sorpresa, de no transitar otra vez por lo consabido, y aparece el niño que todos llevamos dentro. Era uno de nuestros objetivos y lo cumplimos cada día.

 

¿Por qué un bosque en Galicia?

Porque el retiro y la corte nos cansa un poco. No solamente se juega en política la descentralización. En las artes igualmente no todo sucede en la Gran Vía, no todo sucede en el Parque del Retiro… Y si hay un sitio mágico en España ese es Galicia. Queríamos hacer un guiño a El bosque animado y a la mitología. Por eso nos planteamos la siguiente pregunta, ¿dónde puedes confluir dioses, ninfas y humanos? En Galicia. Y ha sido un acierto por todos los referentes plásticos. Pero me planteaba otra pregunta más. ¿Dónde pueden confluir la tradición judeo-cristiana con los dioses celtas y antiguos? En España y en Galicia. En la cornisa cantábrica. Ponerla en Levante habría tenido otra lectura, en Extremadura otra total. Tenía que ser Galicia.

 

Borja Rodriguez

 

Ha escogido para su reparto a una actriz que ha hecho mucho teatro comercial, mucha comedia. Pero a su vez, una actriz muy potente. ¿Por qué piensa en Teté Delgado para protagonizar un clásico de Lope de Vega?

Porque igual que Lope se debía a su tiempo, yo como director y creador de la propuesta me debo al mío. Creo que, afortunadamente, se están redefiniendo los cánones de belleza. No quería una Venus lánguida. Me acercaba más a la venus de Willendorf, que a la de Botticelli, de Milo, o a cualquier otra Venus. Los clásicos tenemos la oportunidad de resignificar los acentos de esta sociedad. En la función, por ejemplo, está el mito de Apolo y Dafne. Hasta ahora nos había parecido una cosa graciosa, una cosa como de figurita de Lladró, una cosa muy estilizada. Hoy en día tenemos, a partir de ese mito, un acoso. Un hombre corriendo detrás de una mujer. En el caso de Venus, coger a Teté Delgado, después de haberla visto en Sé infiel y no mires con quién, surge porque en un solo café que tomé con ella te das cuenta a quién tienes delante. Teté es dueña de la palabra, una señora comprometida, muy divertida, y muy compañera. Ha trabajado como una principiante, y eso que lleva un bagaje bastante grande a sus espaldas. Es muy generosa. Era la primera en llegar y la última en marcharse. Ha sido una sorpresa descubrir a una gran trabajadora del teatro.

 

Ella comentó en otra entrevista que se acercó al clásico con mucho miedo y con mucho respeto. Ahora sólo tiene respeto…

La verdad es que sí. A la hora de afrontar un clásico hay que quitarse todas las capas y trabajar en el aquí y ahora. Como decía Peter Brook, todos los miedos del actor se curan en el aquí y ahora. Y así es como se ha trabajado. Pegando la acción en la palabra y la palabra en la acción. Yo siempre digo que el verso no existe, que existe la palabra. Y antes que la palabra existe la acción. Este es el proceso. Acción-Palabra y luego llegará el verso. En el siglo XXI no podemos estar trabajando a partir de la forma. Después de haber pasado por un trabajo de depuración, después del teatro decimonónico, estamos todavía en la forma estaremos haciendo una cosa muy naif. Que si hay que hacerlo se hace. Ella ha trabajado mucho.

 

Hay un reparto amplio en la obra. ¿Cómo ha sido el trabajo actoral con ellos?

Se partió de un casting muy ambicioso y riguroso. Parte del equipo son habituales de mis producciones pero teníamos unos tipos muy determinados, como en el caso de Cupido, que nos llevó varios días de casting, hasta que apareció la persona más humilde, más modesta, más trabajadora y con más luz que he visto yo en mucho tiempo, que es Juan de Vera, con un trabajo de bisturí impresionante. Rafa Núñez es un actor que estuvo en La viuda valenciana, y que curiosamente yo llevo viendo desde que era muy jovencito. Lo admiro mucho. Tenemos a la gallega Raquel Nogueira, que la había visto en la función Siglo de Oro, y le seguí la pista. Alba Cuartero proviene de otros casting en el que yo participé para otro montaje. La tenía en la recámara, le hice una prueba y fue impresionante. Rubén Casteiva, un actor muy inglés, es como una navaja suiza. Lo hace todo y lo hace fácil. Abraham Arenas, que viene del equipo de MIC, hace un Fevo muy, muy difícil, porque combina el verso con las artes marciales, en este caso. Anabel Maurín, que viene de la CNTC, de trabajar con Blanca Portillo, Ur Teatro… En definitiva, son gentes artesanos de la palabra, y hacen fácil lo difícil.

El proceso ha sido un proceso de elenco, de trabajo. Nadie está por encima de nadie. En la obra sí hemos trabajado mucho el estatus. Pero el trabajo ha sido un verdadero trabajo en equipo. Como las compañías antiguas de teatro. Como se puede trabajar en Inglaterra.

 

Después de varios festivales como Clásicos en Alcalá y Cáceres, ¿qué supone llegar a una plaza como el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro?

Supone respeto. Yo llevo participando en el festival de Almagro desde el año 2000. Bien como actor, como productor, como iluminador… Llevo unos años como director, también llevando coproducciones. Ya son veintidós años los que llevo asistiendo y trabajando en el festival. Siempre hay una religiosidad, bien entendida desde la cultura, porque allí se da lo que el maestro Peter Brook denominaba “teatro sagrado”. Es la comunión del teatro. Nos reunimos allí todos los agentes que hacen teatro. Uno que hace y otro que ve. Con mucho respeto. Ese encuentro, para nosotros, para la gente del teatro, es muy, muy importante. Para nosotros Almagro es como la universidad. De hecho Almagro surgió con unos fines muy ligados a la universidad. Ese rigor, esa excelencia y ese trabajar es lo que nos marca el camino.

En el Festival de Almagro hay mucha producción nacional. La cota internacional es muy pequeña. Hace mucho que en Almagro no se ve un Moliere. Toda esa producción que había hacía unos años se está encauzando, y eso es gracias al trabajo y a la visión clara de Almagro. Para nosotros es respeto, sobre todo respeto y trabajar hacia la excelencia.

 

¿Qué destacaría de El amor enamorado? ¿Cómo invitaría al público a asistir a la función?

A través de la sorpresa. Como he dicho antes, el teatro debe sorprendernos. En esta pieza de Lope no puedo hacer spoiler, no puedo explicar lo que sucede a los tres minutos de la función. No puedes creer que estás viendo un clásico. Creerás que te has equivocado de teatro. Pero las piezas, en el transcurso de la función, van encajando, y estás viendo un clásico de Lope de Vega, un clasicazo de la manera más divertida, que es una palabra muy diferente a entretenida. No queremos entreteneros, queremos diversificaros. Divertir maravillando, como decían los sabios del siglo de oro, que es de lo que se trata.

 

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