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Paula Iwasaki protagoniza la historia de la primera filósofa de Grecia, Hipatia de Alejandría, escrita por Miguel Murillo

La obra, dirigida por Pedro A. Penco, está protagonizada también por Daniel Holguín, Alberto Iglesias, Guillermo Serrano, Pepa Pedroche, José Antonio Lucia, Rafa Núñez, Juan Carlos Castillejo, Francis Lucas y Gema González

Del 21 al 25 de julio, la actriz Paula Iwasaki dará vida a Hipatia a las órdenes de Pedro A. Penco, acompañada de Daniel Holguín, Alberto Iglesias, Guillermo Serrano, Pepa Pedroche, José Antonio Lucia, Rafa Núñez, Juan Carlos Castillejo, Francis Lucas y Gema González.

En la presentación de esta mañana, Jesús Cimarro, director del Festival, ha felicitado a la coproductora, De Amarillo Producciones, por la elección de este personaje “una de las pocas mujeres de la antigüedad cuyo nombre nos ha llegado por méritos propios, todos ellos relacionados con el saber, la filosofía y las artes. Hipatia fue una precursora de las mujeres que hoy, siguiendo su ejemplo, abren caminos en el mundo de la ciencia y el pensamiento crítico. No sería la única mujer filósofa de Grecia, puede que ni siquiera la primera, pero su final, claramente inmerecido, la convirtió en un mito que ha servido de estímulo a lo largo de la Historia a muchas mujeres en su lucha contra los roles de género discriminatorios”. 

La consejera de Cultura, Nuria Flores, ha comentado el “extraordinario momento que viven las Artes Escénicas en Extremadura” y ha destacado la oportunidad de una obra que nos habla de intransigencias y fanatismos. “Hipatia fue una mujer sabia, independiente, inteligente y libre que no se plegó a lo que la tradición le tenía reservado”.

Por su parte, Ana Aragoneses, concejala de Igualdad y Género, ha señalado que Hipatia “es el ejemplo de que ya en el mundo antiguo las mujeres luchaban por sus derechos”.

Miguel Murillo, autor del texto original, ha explicado que estamos ante la visión de una figura histórica que representa la lucha por la igualdad y el acceso de las mujeres a la ciencia en una época que tuvo un “factor importante”, que fue Alejandría, convertida en un faro de saber, que se apagó y desapareció y, ha advertido, “las cosas no van aisladas”, por lo que ha recordado que todos los avances que se luchan “pueden destruir rápidamente”. “Muchos faros conseguidos se están apagando”, ha alertado. En cuanto al proyecto, ha detallado que nació hace tiempo con el objetivo de “hacer literatura teatral” que no existía sobre un personaje, con rigor a la hora de exponer su vida pero también buscando los anclajes de aquella época con la nuestra.

Pedro A. Penco, director de la función, ha avanzado que no quería hacer algo muy contemporáneo, “sino que tuviera un lenguaje clásico, sin imitar a los clásicos, pero sí un lenguaje poético”. Ha elogiado el reparto con el que ha puesto en marcha este espectáculo lleno de “emoción, pasión y energía”, así como la presencia del coro.

Paula Iwasaki, que se estrena en el Festival de Mérida, ha asegurado que siente “un respeto y una responsabilidad enorme” por representar a Hipatia en el Teatro Romano de Mérida. “Hipatia fue la primera gran pensadora, una mujer libre, independiente y, sobre todo, creyente en un espacio de convivencia en el que podían tener cabida todos los pensamientos y todas las sensibilidades”.

El actor extremeño Daniel Holguín, debutante también en el Festival, se quita “la espina” de actuar en el teatro emeritense con su personaje Orestes y ha agradecido a los compañeros este viaje que le permite “cumplir un sueño”. “El amor es un teatro lleno -ha dicho tomando las palabras de Shakespeare- y solo espero que nosotros lo tengamos”.

Por último, Alberto Iglesias, Teón en la función, el padre de Hipatia, ha reivindicado la importancia de las figuras masculinas en la función. “¿Qué hubiera sido de Hipatia si su padre hubiera tenido otra actitud y no le hubiera permitido el desarrollo de su hija? Esta es una obra para la historia y para recordar que hay que dejar libertad a las mujeres” 

 

Momento histórico

Entre los siglos IV y V después de Cristo, Alejandría es el más importante foco cultural del Imperio Romano de Oriente. La ciudad constituirá un ejemplo de tolerancia y convivencia entre distintas culturas y religiones desde las antiguas creencias grecolatinas hasta las principales religiones monoteístas como judíos y cristianos. Esta convivencia se verá rota por las disputas y ambiciones de representantes religiosos como el patriarca Cirilo en la búsqueda de la hegemonía que ortodoxos y cristianos caldeos anhelaban para sí. De esas luchas se resentirá la ciudad que verá cómo se suceden hechos lamentables, crímenes y persecuciones, e, incluso, la destrucción de importantes monumentos, templos y legados como la Biblioteca del Serapeo.

En medio de esta vorágine nace Hipatia, la hija del matemático y astrónomo Teón, la primera mujer filósofa de la historia y la primera mujer científica dentro del concepto de ciencia de la antigüedad. Hipatia, movida por su amor por el conocimiento, funda escuela en la que discípulos de distintas creencias, clases sociales y puestos de responsabilidad en el gobierno de la ciudad y el Imperio, reciben sus lecciones y sus mensajes de tolerancia, respeto y armonía. No habrá ningún hecho en el que Hipatia no sea consultada y su personalidad será puesta en entredicho por aquellos que movidos por el fanatismo y el odio a la promoción e igualdad de las mujeres, la consideran enemiga para sus intereses.

Hipatia observa estremecida cómo sus ideas sobre la convivencia son echadas por tierra por los sucesos que ocurren a su alrededor. Aliada de aquellos que descubren en la razón la solución de muchos de aquellos problemas, como es el caso del prefecto de Roma en Alejandría, Orestes, Hipatia es acosada por los más fanáticos y extremistas seguidores del patriarca Cirilo que la condenan a muerte.

Hipatia sufrirá una muerte terrible a manos de esos fanáticos y ante la impotencia de sus seguidores. La Historia ha especulado mucho sobre los culpables de la muerte de Hipatia y se ha llegado a una conclusión universal: a Hipatia la asesinan el fanatismo, la intolerancia y la ignorancia. Pero esa muerte dejó un mensaje de esperanza para los hombres, y sobre todo las mujeres del futuro ya que, tras su muerte, la escuela neoplatónica cobró pujanza y volvió a iluminar las tinieblas de los siglos.

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