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Hoy no estrenamos: La alquimia del teatro en un festín de transformación y emoción

La prestigiosa compañía L’OM IMPREBÍS nos invita a conocer a un grupo de vecinos de un barrio popular que acaban de comenzar un curso de teatro. Bajo las órdenes de un profesor, irán interactuando conjuntamente y, sin ellos darse cuenta, encontrarán en el teatro un reflejo de nuestra sociedad y verán como los textos de los grandes dramaturgos modifican y mejoran sus vidas.

El teatro debe sorprender porque a través de la sorpresa se consigue construir una experiencia única y perdurable en el tiempo. Esta premisa es cumplida a la percepción por esta compañía valenciana que ha consolidado no solo una marca de producción, sino el trabajo conjunto de un núcleo estable de actores y creativos, compuesto por más de treinta personas de distintas nacionalidades. Y todo bajo la dirección de dos maestros: Michel López – creador en París de la Liga de Improvisación Francesa –, y uno de los directores españoles más premiados y reconocidos, Santiago Sánchez. Juntos logran crear un montaje extraordinario, juguetón y lleno de vitalidad, que se destaca por su ingenio, ternura y relevancia.

La genialidad detrás de Hoy no estrenamos radica en su audacia para crear un libreto verdaderamente singular, que se aparta valientemente de las propuestas convencionales en la cartelera teatral. En un mar de producciones predecibles, esta obra se erige como un faro de originalidad y sorpresa, fusionando con maestría el humor y la comedia con la solemnidad de las obras clásicas. Cada línea del guion es como un puzle meticulosamente ensamblado, donde las risas coquetean con la reflexión profunda y los momentos hilarantes se entrelazan con la emoción cruda. Esta amalgama ingeniosa de elementos teatrales, desde los giros cómicos hasta las reflexiones trascendentales, demuestra una destreza narrativa excepcional y una comprensión profunda de la riqueza del teatro como arte. Además, la habilidad para fusionar la trama de las obras clásicas con la realidad de los personajes no solo desafía las convenciones, sino que también eleva el nivel del teatro contemporáneo dotando a la obra de un carácter metateatral. La forma en que se entrelazan las experiencias y los dilemas de los personajes con los conflictos de los dramas atemporales crea una textura única en la narrativa. Esta síntesis magistral de lo antiguo y lo moderno, lo cómico y lo solemne, permite que la audiencia se embarque en un viaje teatral sin precedentes. Cada momento se convierte en una exploración de la complejidad humana, transformando la obra en una experiencia inolvidable que despierta la mente y el corazón del espectador.

Otra de las esencias de la representación se revela en la audaz elección de contar con solo cuatro actores para dar vida a una miríada de personajes, como lo sugiere la sinopsis de la obra. Este ejercicio interpretativo, increíblemente complejo y poco común en el mundo teatral, se convierte en un testamento de la habilidad y versatilidad del elenco. La virtuosidad interpretativa de Carles Castillo y Carles Montoliu se despliega en un deslumbrante abanico de doce personajes, cada uno tan fascinante como el siguiente. Desde un militar hasta un ex-torero, pasando por una enfermera vasca, los actores nos guían a través de una intrincada danza teatral donde las sorpresas son moneda corriente. La magia reside en cómo estos personajes, tan diversos en su origen y experiencia se entrelazan en el escenario, creando un mosaico humano que desafía las expectativas del público. A esta excepcional dupla se unen dos talentosos intérpretes: el polifacético artista Víctor Lucas y el genuino Santiago Sánchez, quien desafía los límites entre la ficción y la realidad al encarnar su propio ser. En este intrigante tapiz de personajes, los límites entre la realidad y la ficción se desvanecen, invitando al público a cuestionar sus propias percepciones sobre la identidad y la verdad. La habilidad de los actores para transmitir las complejidades emocionales de sus personajes es simplemente asombrosa, mostrando un dominio del arte actoral que es genuinamente conmovedor.

La destreza actoral, por tanto, se convierte en una danza sublime, donde los actores se despojan de sus propias identidades para abrazar una serie de roles, cada uno con sus peculiaridades y matices únicos. Esta capacidad para transitar sin esfuerzo entre los personajes, a menudo en cuestión de segundos, es un logro impresionante que añade una capa adicional de profundidad a la obra. La interpretación magistral se desplaza hábilmente entre los extremos de la pantomima y la exageración de los rasgos de la personalidad, hasta las emociones más sinceras y reales. El primero de ellos agrega un toque de comedia física, humor visual y hasta textos cantados a la obra, haciendo que el público se sumerja en un mundo de risas y alegría contagiosa. Los gestos exagerados y las expresiones faciales caricaturescas resaltan la comicidad de los personajes, llevando la comedia a nuevas alturas y creando momentos memorables que sacuden el teatro con carcajadas. Por otro lado, la capacidad del elenco para mostrar las emociones más sinceras y reales es profundamente conmovedora. La intensidad en sus actuaciones, la autenticidad en cada palabra pronunciada y la honestidad en sus expresiones faciales hacen que los personajes cobren vida de una manera visceral. En definitiva, la audiencia se encuentra maravillada al presenciar cómo cuatro individuos son capaces de encarnar decenas de almas diversas, llevando al público a un viaje inmersivo que desafía las expectativas y redefine los límites del teatro convencional.

Para llevar a cabo este trabajo creativo e interpretativo es imprescindible el diseño de vestuario. Con ingenio y precisión, Grabiela Salaverri al frente de este cometido, logra transformar a los actores con apenas unos pocos complementos, permitiendo al público asociar instantáneamente a qué personaje están dando vida. Cada detalle, desde un pañuelo hasta una diadema, se convierte en una herramienta vital para definir la identidad de los personajes. Un simple cambio en el vestuario puede marcar la transición entre la hilaridad de un personaje cómico a la melancolía de uno más serio, permitiendo a los actores explorar una gama amplia de emociones y tonalidades en sus interpretaciones. El diseño escenográfico propuesto por Dino Ibáñez es inteligente y pertinente. Como no podía ser de otro modo, apuesta por un espacio diáfano para permitir la entrada y salida de los actores y un aprovechamiento exquisito de todo el recinto, patio de butacas incluido. Esta armonía va en consonancia con el buen diseño de iluminación de Rafael Mojas, con juegos de luces integrados y con focos cenitales para marcar el foco de la acción.

 

En Hoy No Estrenamos la magia del teatro cobra vida a través del ingenio de un libreto singular, y una interpretación maestra que, con tan solo cuatro actores, nos sumerge en un viaje emocional y cómico, fusionando la pantomima con la autenticidad, y demostrando que la verdadera grandeza teatral radica en la capacidad de transformación y en la habilidad para provocar risas y lágrimas con apenas unos pocos detalles

 

Autoría: IMPREBÍS

Dirección: Michel López y Santiago Sánchez

Reparto: Carles Castillo, Carles Montoliu, Santiago Sánchez y Víctor Lucas

Diseño de escenografía: Dino Ibáñez

Diseño de vestuario: Gabriela Salaverri

Diseño de iluminación: Rafael Mojas

Coach de canto: Ángel Ruiz

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