Masescena

Matilda: el don de una niña convertido en espectáculo musical repleto de magia y fantasía

Hagamos un viaje mental al pasado y recordemos la trama de una de las obras más notables del novelista británico Roald Dahl. Una niña muy inteligente y amante de la lectura, Matilda Wormwood, es despreciada e incomprendida por sus padres. Cuando comienza la escuela, supera ampliamente a sus compañeros en todas las materias. Su profesora, la señorita Honey, pide que pasen a Matilda a una clase más avanzada, pero la pérfida directora, la señora Trunchbull, se niega. El desprecio de sus padres y la actitud dictatorial de esta última harán que la pequeña canalice toda su rabia en una habilidad mental: ser capaz de mover los objetos con la mente para hacer el bien y ayudar a los que están en dificultades, pero también para castigar a las personas crueles y perversas.

 

Arduo trabajo de adaptación y traducción con fidelidad al relato e inteligente y novedosa dirección

La grandeza de este libro de fantasía, pensado para el público infantil, es su carácter intergeneracional. Tanto pequeños como mayores de diferentes generaciones han disfrutado con esta historia e intentado emular los poderes de la protagonista. Antes de entrar a valorar el contenido de este musical, debo destacar el ingenio, atrevimiento y osadía de David Serrano, adaptador y director de la representación. Qué sencillo parece una vez visto el conjunto, pero sin una mente pensante como la suya, con meses de dedicación y trabajo, no hubiera sido posible. Apodado el Rey Midas, porque todo lo que toca lo convierte en oro, Serrano vuelve a sorprendernos con esta producción musical cien por cien española –“se han comprado los derechos de las canciones y texto, el resto es propio, desde el vestuario hasta la iluminación”– de altísimo nivel actoral, musical e interpretativo, de uno de los musicales contemporáneos más premiados y de mayor éxito, 12 años en Londres, y con más de 1 500 representaciones en Brodway, del que podemos sentirnos muy orgullosos.

Uno de los trabajos de más arduos, fuera de focos y efectos especiales, es el de adaptación. Para que pueda ser considerado fructífero, debe ser fiel a la obra original y, además, contar con un sello identificativo que le haga único. Ambas premisas son logradas por el autor de éxitos musicales teatrales como Hoy no me puedo levantar, Enamorados anónimos o Más de 100 mentiras y por su hermano Alejandro Serrano, como adaptador y traductor de las canciones. Por un lado, recogen los momentos icónicos del libro original y sobre todo los de la película estadounidense de 1996 dirigida por Danny DeVit, como las perrerías de la directora a sus alumnos y los hechos sobrenaturales en el aula; y por otro, y más importante, traslada la lógica textual a la realidad teatral-musical con inteligentes y pertinentes modificaciones, como recortar pasajes, introducir un componente literario con detalles mágicos y dar protagonismo a otros personajes. Siendo todos estos factores un acierto, hubiera sido deseable potenciar los poderes telequinéticos de la pequeña con mayor importancia en la acción del espectáculo.

La dirección también recae en David Serrano, guionista y director cinematográfico de éxitos como El otro lado de la cama y Días de fútbol, y su trabajo vuelve a ser sensacional. Como podrán observar, el mayor reto y dificultad es contar con un reparto donde de los 82 intérpretes, más de la mitad son niños. El propio Serrano lo define como “apasionante y cansado” y el resultado es sencillamente sobresaliente. Como ocurrió con el musical Billy Elliot, la prestigiosa empresa productora del espectáculo, SOM Produce, creó una escuela propia para preparar a los niños y jóvenes intérpretes, lo cual ha sido todo un acierto. Cabe resaltar, el inmenso trabajo de los directores de casting, Carmen Márquez, Carmelo Lorenzo y Blanca Azorín, al seleccionar a sesenta niños de entre los más de seiscientos; y, de nuevo, visto el resultado la selección ha sido exquisita. Es pertinente destacar que no es un musical infantil. Bien es cierto que la temática gusta especialmente a los más pequeños, pero el tono, la duración y el contenido también están pensados para adultos. Por tanto, el carácter intergeneracional que antes comentaba, vuelve a estar presente en esta adaptación.

 

Amplio Elenco infantil de altísimo nivel actoral, musical e interpretativo

Volviendo al espectáculo, todo el reparto infantil realiza un trabajo soberbio, tanto en el ámbito interpretativo como vocal, donde no pude observar ni el más mínimo error en escena, gracias entre otros, al trabajo de Verónica Ronda, como coach vocal. Otro apunte para hacernos una idea de la magnitud de la obra, es que a la protagonista la interpretan siete niñas distintas y me consta que todas realizan un papel sensacional. En este pase, pude ver a Daniela Berezo y de su actuación destacaría la correcta dicción y vocalización, su faceta oradora capaz de introducirnos en el relato, y su expresividad con grado de inocencia a la hora de interpretar las canciones. Como luego comentaré, el tema central es “Cuando sea mayor” donde la protagonista nos deleita con unos agudos sensacionales, seguridad escénica y una fortaleza en el estribillo, destacando su contenido de lucha contra las injusticias, superación y ganas de “hacerlo bien”. Entre el elenco infantil también destacaría el papel de Lavender (Sofía Nieto), la mejor amiga de Matilda, por su carácter travieso y Bruce (David Herrero), por su bonhomía y ser estelar en un instante de la representación.

El reparto adulto, al revés de lo que suele ocurrir, sirve para dar continuidad al relato y terminar de perfilar los perfiles de los demás personajes. Uno de los papeles centrales es el de Miss Agatha Trunchbull, la malvada directora escolar, interpretado en este pase por Daniel Orgaz, alternando con Oriol Burés. Dar rasgos masculinos a un personaje femenino no es sencillo, aunque el actor toledano lo logra. Representa al antagonista de la obra y, con él actitudes malvadas muy bien implementadas con fortaleza y cierta gracia. Quizá sea este personaje la mejor muestra del increíble trabajo de caracterización, por Chema Noci, y vestuario, Antonio Belart, quienes consiguen aumentar la credibilidad de lo representado en escena. Otro personaje central es el de la señorita Honey, maestra de los pequeños. Su actitud dulce, agradable y tierna es interpretada de forma sensacional por Allende Blanco, con papeles musicales anteriores como 33 el musical o Mí, me conmigo. De su actuación destacaría sus envidiables agudos y el momento íntimo con Matilda, donde ambas crean un clima madre-hija y la pequeña comprende el porqué de la historia.

El personaje de Miss Phelps, la bibliotecaria que impulsa su pasión por la lectura, es potenciado de forma sensacional en esta adaptación y sirve como ligazón entre el relato central y la subtrama familiar. La actriz, con más de veinte años sobre las tablas, Natalie Pinot, da un toque personal a este personaje, quien exhala incertidumbre y pasión al escuchar las historias de la protagonista con la inocencia de una niña. Dicho de otro modo, en esas escenas hay un intercambio de roles creándose un ambiente literariamente mágico. A los padres del pequeño cerebrito les dan vida Héctor Carballo y Pepa Lucas, con una expresividad y dominio de la pantomima bárbaros que desatan la risa de los presentes. Aumentada por una dinámica de ruptura de la cuarta pared por parte del primero. 

 

Matilda Trunchbull

 

Banda sonora contagiosa y electrizante con complejas y vistosas coreografías

Como no puede ser de otro modo, la banda sonora y las canciones son el centro y seña de identidad de cualquier espectáculo musical. Este en cuestión, tiene una dificultad añadida al no contar con un hilo reconocible como puede ser el de Mama Mia o Cantando bajo la lluvia. Visto el resultado, esa dificultad se torna en acierto por el prestigioso compositor Gaby Goldman, al frente de la dirección musical. Este músico y arreglista, con más de sesenta obras en su haber, sabe extraer lo mejor de la compleja partitura de Tim Minchin creando una banda sonora contagiosa y electrizante con un latemotiv reconocible, donde fusiona la tensión, intriga e incertidumbre con el sosiego bucólico propios de los narradores de cuentos. Además, dirige a la orquesta con una ejecución exquisita de la partitura con música en directo. A lo largo de espectáculo, observé una clara apuesta por los agudos, entendible dado el timbre del reparto infantil supervisado por Enric García, aunque quizá en algunos instantes sea desmedido.

La calidad de un musical puede medirse por los números individuales y, sobre todo, por los conjuntos. Atendiendo a este criterio, estamos ante una construcción sobresaliente. Destaco especialmente la abundancia y calidad de estos últimos, con una precisión perfecta y una puesta en escena potente y sensacional, como podemos apreciar en “La canción del colegio” y “Somos rebeldes”. Esta calidad sonora también es atribuible al gran trabajo de Gastón Briski, al frente del diseño de sonido, y Javier Ortiz, como jefe técnico. Junto a los números, adquiere protagonismo las increíbles y vistosas coreografías, supervisadas por Toni Espinosa. Este maestro coreógrafo consigue la excelencia con movimientos individuales y grupales sensacionales, como el ejecutado en las alturas con un inmenso columpio, siendo los grupales más llamativos por su complejidad y por ser interpretados en su mayoría por el reparto infantil.

 

Increíble construcción técnica y escenográfica con acertada iluminación

Otro sello de identidad de grandes construcciones musicales, como esta, son los elementos técnicos y escenográficos. Nada más entrar en el teatro, podemos observar más de 300 libros gigantes rodeando el escenario desde su parte alta hasta el fondo, haciendo las veces de ciclorama (telón semicircular), siendo prácticamente una prolongación del mismo. En el interior del espectáculo, Ricardo Sánchez Cuerda, al frente de la escenografía, crea plataformas móviles diseñadas para momentos específicos de la acción, como el interior de las clases o la cabaña de la señorita Honey. En definitiva, este arquitecto y prestigioso escenógrafo –con un amplio repertorio de teatro clásico y contemporáneo, y en los más diversos géneros de las artes escénicas– firma una de las mejores escenografías de los espectáculos actualmente en cartelera, potenciando el ambiente mágico y literario de este musical. En esta misma línea, van Juan Gómez Cornejo y Carlos Torrijos, al frente de la iluminación; con un diseño de luces exquisito, desde la más tenebrosa penumbra hasta la más destellante claridad. En uno de los libros aparece impresa la palabra serendipia; la cual sirve para definir este hallazgo musical valioso, donde el don accidental de la protagonista se convierte en trabajo, sacrificio y excelencia por los ciento setenta integrantes de este equipo.

En Matilda disfrutarán de una historia llena de emoción, con una dirección fiel a la original con inteligentes y novedosas aportaciones, una banda sonora electrizante y contagiosa, un reparto infantil y profesional con increíbles voces y una soberbia construcción técnica y escenográfica para potenciar la magia de este musical sobresaliente

 

Libreto: Dennis Kelly

Canciones: Tim Minchin

Producción: SOM Produce

Adaptación y Dirección: David Serrano

Coreografías: Toni Espinosa

Iluminación: Juan Gómez Cornejo y Carlos Torrijos

Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda

Vestuario: Antoni Belart

Caracterización: Chema Noci

Sonido: Gastón Briski

Dirección Técnica: Guillermo Cuenca

Director Musical: Gaby Goldman

Director Musical elenco infantil: Enric García

Producción Artística: Carmen Márquez

Ayudante de Dirección: Olga Margallo

Coach Vocal: Verónica Ronda

Dirección de Casting: Carmen Marquez y Carmelo Lorenzo

Traducción y Adaptación de las canciones: Alejandro Serrano y David Serrano

Productores Ejecutivos: Marcos Cámara y Juan José Rivero

Productores: Pilar Gutiérrez, Marcos Cámara y Juan José Rivero

 

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