Masescena

Martín López Romanelli: “Lo que intentamos es generar cierta emoción a través de lo bello, digamos de la belleza, la emoción a través de ver algo bonito, de la plástica, del movimiento, de la utilización del espacio, de la creatividad”

"Yo vengo de una generación en que nuestros padres no abrazaban, que los abrazabas y que van con los brazos para abajo, difíciles de mostrar emociones porque la emoción aparentemente era un símbolo de debilidad"

A lo largo de quince años, el grupo suramericano que dirige Martín López Romanelli ha recorrido el mundo con este montaje de marionetas. Desde Santiago de Chile a Hong Kong, de Argentina a Corea del Sur, Malasia o Río de Janeiro. La entusiasta acogida que ha recibido la obra allí donde se ha representado demuestra la universalidad de la propuesta del grupo uruguayo, que le ha permitido pasar por encima de idiomas y de diferencias culturales llegando a espectadores de todas las edades.

La magia visual de El truco de Olej se desplegará en el Pavón de martes a sábado gracias a las técnicas del teatro negro, uno de los grandes hallazgos escénicos de Europa del Este: el uso de muñecos manipulados por actores vestidos de negro que operan sobre un fondo negro, de manera que resultan invisibles para el público, que solo ve a los muñecos actuando ante ellos.

Los espectadores serán recibidos por un histriónico presentador en varios idiomas, mientras irán anunciando los números circenses que se desarrollarán en la función. La interrupción de Olej dará paso a la actuación de malabaristas y equilibristas cuyas evoluciones inverosímiles sorprenderán por su desafío a la ley de la gravedad o por cómo se deshacen para convertirse en objetos.

Según Romanelli, el largo viaje de este espectáculo prueba su acogida más allá de las fronteras. Recuerda especialmente la sorpresa que causó en Corea del Sur, donde acudió a festivales y al mundo rural. Hay algo de la emoción de las películas de Chaplin que sigue vivo hoy, según Romanelli, que puede aplicarse al teatro de muñecos que cultiva la compañía uruguaya. Algo universal que implica a todos los seres humanos: la magia, la curiosidad, la emoción transmitida a través de la belleza que hacen de este espectáculo una experiencia única.

 

30 años de creación

Este año, Martín López Romanelli cumple 30 de la primera función que hizo en Montevideo con el grupo Bosquimanos Koryak, que pasó a llamarse en 2012 Pampinak Teatro, para el que creó El truco de Olej, y cuatro años después Kompania Romanelli. 

“Nuestro primer objetivo es entretener”, señalan en la compañía, cuyo elenco lo forman profesionales de distintas disciplinas artísticas: bailarines, actores, músicos y titiriteros. Todos se han formado en el taller que tiene el grupo en Montevideo, principalmente en la manipulación de muñecos. Allí han experimentado con diferentes técnicas, dispositivos y maquinarias escénicas para que los muñecos y los objetos de diferentes tamaños que emplean en sus espectáculos cobren vida. 

 

El truco de Olej 1

 

¿Qué cuenta El truco de Olej?

Bueno, lo primero es contarte que en realidad nuestras historias o nuestros cuentos son mínimos, son casi que una excusa, son una pequeña anécdota que nos funciona como disparador para generar más que nada climas y emociones en la platea.

En este caso es un niño que trabaja como barrendero del circo limpiando la pista y que su ilusión es hacer su truco de magia para el gran público, y el presentador no está muy de acuerdo con él. Entre ellos dos se disparan varias situaciones cómicas porque él está todo el tiempo interrumpiéndolo, tratando de hacer su truco, que bueno, también como decimos, nuestros espectáculos tienen como varias capas de lectura y también puede interpretarse como esta cosa de la perseverancia de este niño, de estar toda la función intentándolo e intentándolo, también como una especie de lectura por ese lado de esto de no abandonar nunca, de siempre estar insistiendo. Te repito, para nosotros es una pequeña anécdota que nos permite enlazar algunos números de circo interpretados por muñecos, como muñecos de grandes dimensiones, tamaño humano y hasta cuatro metros de altura, en los que además de interesarnos mostrar la habilidad de estos muñecos, digamos, que nos permiten hacer cosas que para los humanos son imposibles como hacer equilibrio por la parte de abajo de la cuerda o desarmarse o malabarear con muchas esferas…

Más allá de eso lo que intentamos es generar cierta emoción a través de lo bello, digamos de la belleza, la emoción a través de ver algo bonito, de la plástica, del movimiento, de la utilización del espacio, de la creatividad a la hora de resolver algunos trucos y algunas dinámicas de movimiento, más que nada porque nos interesa estimular eso, más que un cuento o que una gran historia, lo que nos interesa es eso y al mismo tiempo igualar al público, más allá del contexto social que le haya tocado crecer o del país donde estemos o del idioma que se hable, igualarlos en una emoción muy interna, muy primaria de los humanos, de los primeros asombros, de la primera vez que vimos llover, de la primera vez que sentimos el sabor dulce de algo, cuando éramos bebés, como reencontrarnos con esas primeras emociones.

 

¿Quién es Olej?

Olej es este niño, este niño barrendero, este niño confiado, este niño que nos abandona, este niño que, bueno, que está ahí luchando por él y por su ilusión.

 

¿Cómo es la plástica del espectáculo? Se manejan un tipo de muñecos con unos colores muy llamativos, todo es muy colorido.

Sí, es parte de la técnica, nosotros usamos en este espectáculo más que nada la técnica de teatro negro, que bueno, se viste el escenario de negro nosotros también, entonces usamos la luz ultravioleta que hace que solo los colores flúor o los colores blancos que son de algodón reaccionen a esta luz. Los colores flúor con la luz ultravioleta funcionan como si se inflara, como si creciera y eso hace que también se genere una atmósfera muy onírica, muy poética, muy subcolorida, pero al mismo tiempo con colores muy fuertes, muy positivos, muy vibrantes. Creo que es una técnica muy linda además de esto porque nos permite ser invisibles una hora. ¿A quién no le gustaría ser el hombre invisible un rato? Esto nos deja también la posibilidad de hacer algunos trucos, de poder generar ciertas ilusiones para el público.

 

 

¿En escena aparecen sólo muñecos o hay personajes humanos?

No, en este espectáculo son muñecos. Hay algún muñeco híbrido, mitad humano, mitad muñeco, pero en general son muñecos. Utilizamos una técnica de manipulación similar al Bunraku Japonés. Trabajamos mediante varas muy pegados a los muñecos, es una versión criolla, como hicimos nosotros de Bunraku. A pesar de que somos de la República Oriental de Uruguay, tampoco estamos tan cerca.

 

¿Cuál es la trayectoria de la compañía Romanelli? ¿Cuántos años avalan el trabajo de esta compañía?

Justo este año estoy cumpliendo 30 años de mi primera función en Montevideo. Soy hijo de un maestro de escuela rural y crecí en una zona rural en el interior de Uruguay. Como en todos los países hay que ir a las capitales para poder empezar a hacer camino, y hace 30 años me presenté, en agosto del 93, en un festival que se hace en Uruguay todos los años que se llama Festival del Teatro Joven donde las nuevas generaciones tienen la posibilidad de mostrar sus trabajos y sobre todo que para mí en ese momento me parecía lo más importante pararnos frente a nuestra propia generación a ser juzgados por ojos de padres realmente, de gente que estaba haciendo sus primeras armas y que estaba viviendo los mismos procesos que nosotros. Después de eso estuve como 10 años trabajando en compañías también de circo, con algunas francesas que vivían en Uruguay, y después fundé Bosquimanos Corea que es la primera compañía con la que vinimos a Madrid. Vinimos con El truco de Olej, también. El truco de Olej  es un resumen de las primeras producciones, de las de las mejores cinco escenas de nuestros primeros cuatro espectáculos con Bosquimanos. Esta es la tercera vez que lo traemos a Madrid. El truco de Olej es un espectáculo que nos ha hecho viajar mucho, hemos ido a lugares tan raros como Isfahan en Irán, en el centro de Irán, o Hong Kong o Malasia o Corea o Bolivia o Chile o Brasil. Es un espectáculo que todos los años nos lleva a algún lado nuevo, así que le debemos mucho al truco. Pero además de eso, ahora venimos de estrenar en Montevideo antes de venir aquí, un espectáculo que se llama Bosque con la orquesta juvenil del Sodre de Montevideo, un espectáculo con proyecciones de 8 metros por 16 con 45 músicos en el foso, haciendo convivir proyecciones 3D con los muñecos. Fue una experiencia visual para nosotros y un desafío grande. Muñecos también muy altos en algunos casos y fue increíble. Fue la segunda temporada de Bosque. Metimos 24 mil personas en 14 funciones, fue una locura. Y en general cada dos años estamos estrenando espectáculos nuevos, siempre buscando en cada show un desafío nuevo, a ver con qué lío nos metemos. Nos hemos fusionado con el ballet, nos hemos fusionado con la ópera, yo creo que el maridaje, orquestas filarmónicas o sinfónicas con los muñecos es muy interesante, es un camino a transitar.

Hemos trabajado en muchos países, en aperturas de estadios, en algunos eventos que son bien icónicos de Montevideo, la inauguración del estadio de Peñarol, el equipo del que soy hincha, además. Pero la apertura delante de la arena, que es una arena grande que se hizo en Montevideo, la reapertura del Teatro Solís. Hemos estado como en momentos de la ciudad importante con un tipo de espectáculo que en general por parte del medio se subestima un poco en el sentido de que hacemos teatro familiar o teatro para familia, y bueno, en general siempre se le pone como un escalón por debajo, más allá de que yo estoy convencido que somos los que generamos nuevas audiencias. Somos el primer encuentro con el teatro y  hacemos una tarea muy importante en el sentido de que si el primer encuentro de los niños con el teatro es bueno seguramente ganemos público para las salas, entonces para mí es doblemente importante y doblemente la responsabilidad de estar en una sala recibiendo niños que por primera vez van al teatro. Somos parte de los sistemas educativos de los países, de los sistemas de salud con esta técnica y con este tipo de trabajo, así que, bueno, muy orgulloso también.

 

 

¿A quién va dirigido este espectáculo?

Personalmente va dirigido a los seres humanos. Ahí hay algo con lo que intento conectar, no sé por qué, desde niño, de ir a esos asombros primarios que te decía hoy, a esa emoción pero también, y creo que para mí es clave, tiene que ver también con mi historia de vida, de que el niño pueda mirar a ambos lados en las butacas y ver a sus padres emocionados igual que él o sorprendidos igual que él, sin entender o entendiendo igual que él, pero compartiendo, humanizando a las personas, ver que mi padre tiene emociones y que las deja fluir o que mi madre le pasa lo mismo, los transforma para mí en más cercanos. Yo vengo de una generación en que nuestros padres no abrazaban, que los abrazabas y que van con los brazos para abajo, difíciles de mostrar emociones porque la emoción aparentemente era un símbolo de debilidad. entonces si nosotros podemos enfrentarlos a las emociones y delante de sus hijos, hay algo ganado ahí, hay una emoción, hay un crecimiento, nos gusta fantasear con eso, nos gusta fantasear con que vuelven a casa conversando de lo que vieron, que abrimos la oportunidad para la reflexión, para la risa, para el encuentro de la familia, es más que nada para ahí donde apuntamos, y después me gusta ver en escena cosas que me sorprenden, que pase lo que no estoy esperando, que no sepa cómo es que lo hicieron, mantener ese niño curioso.

 

¿Cómo ha sido la reacción del público en esta última vez que han visitado Madrid? ¿Ha sido distinta de las otras veces?

Con el truco me pasa algo muy extraño y es que ya llevo más de 15 años haciéndolo, entonces he visto desfilar muchas generaciones delante y muchos cambios del mundo y la forma de los niños de ver y entretenerse. Sin embargo, lo que el truco obtiene del público sigue siendo de la misma intensidad, con la misma profundidad. Nos pasó por ejemplo en el 17 que fuimos a Corea del Sur, un país recontra tecnológico y tecnificado que yo iba sinceramente con mucho miedo porque son niños acostumbrados a otros ritmos, otras cosas, sin embargo funcionó espectacular. Estos últimos días aquí en Madrid ha sido una maravilla, las cosas que vienen a decirnos después de la función, escuchar a los niños, hablar durante la función, comentar lo que están viendo o hablar de los personajes. Hay algo ahí. En Montevideo me pasaba que me preguntaban algo así también, yo tengo un hijo de ocho años y estoy cansado de escucharlos decir que están todo el día con la pantalla, no logran concentrarse más de dos minutos, no soportan mirar algo. El truco es la prueba viviente de que eso no es así, que el gran tema es que no les damos opciones tampoco, los niños van a volver a cartelera de teatro familiar y todo va más o menos por los mismos caminos, y además buscan el entretenimiento. Hay que buscar que el niño esté saltando o riendo, es como que si está en silencio se está aburriendo, creemos eso, ¿por qué no está saltando? Y en este caso logramos los silencios que son tan intensos como los griteríos, y lo disfrutamos mucho, la verdad, y ellos vienen a decirnos las cosas y sacan sus conclusiones, y se sorprenden. El otro día, por ejemplo, un muñeco se desarmó, y uno dijo: “¿qué ha pasado?” Y se generó primero como una cosa de expectativa y volvió a preguntar ¿qué ha pasado? Y ahí el teatro río y él también. Se genera una cosa de comunidad tan bonita, tan bonita que nos llena de orgullo, la verdad, conseguir eso.

 

 

 

¿Qué le espera a la compañía Romanelli después del 27 de agosto que cae el telón en el Teatro Pavón?

Volvemos a casa. Tenemos algunos compromisos en Uruguay, tenemos pendiente de un par de salidas más o menos cada año, Brasilia, Chile también y algunas posibilidades sobre fin de año de volver a España otra vez, quizás con otro espectáculo.

Nosotros durante la pandemia hicimos una cosa en Montevideo, a los 15 días que estaba todo el mundo encerrado, llamé a la compañía y le dije, bueno les parece si salimos en la noche y nos paramos frente a los edificios y hacemos un número de 7 minutos para que la gente no baje y la policía no nos corra… Y acompañamos a la gente para que cuando miran por la ventana traigamos un poquito de cosas buenas. Y así lo hicimos. Hicimos 40 salidas y empezamos a descubrir que trabajar al aire libre nos gustaba, que nos gustaban los parques y diseñamos un espectáculo que hace cuatro años que hacemos en el botánico de Montevideo, que se llama Kodama, que habla de la naturaleza. Es un paseo nocturno por el parque, los niños van con faroles, en familia también, y encontramos, usamos la naturaleza de escenografía, sin transformarla, sin evadirla, con volúmenes bajos, con poca cantidad de lumínica para no generar el lío a nuestras aliadas, las plantas. Volvemos también a hacer temporada de Kodama este año en Montevideo, a seguir haciendo rutas y encontrándonos con la gente.

 

Para finalizar. Es muy difícil hacer teatro para niños. Yo creo que es una de las facetas más complicadas dentro de la escena, dentro de las artes escénicas. ¿Qué le piden ustedes al mundo del teatro y al mundo del teatro familiar en concreto?

Allá hay un colega que dice que hacer teatro para familia, es como hacer teatro para adultos pero más difícil y más trabajoso. Creo que deberíamos tomar conciencia de lo que significa el teatro familiar en el concierto del teatro. Esto que te decía, que somos generadores de nueva audiencia, somos el primer encuentro de las personas con el teatro. Creo que muchas veces nos usan como relleno de sus programaciones, nos ponen en las tardes y tenemos que montar y desmontar porque hay otros montajes en la noche más importantes y más caros y más grandes. Creo que deberíamos de tener ciertos beneficios fiscales porque también es muy complejo tener que estar montando todos los años una o dos cosas. También, por ejemplo, a nivel de publicidad, como el ser humano que consume es el adulto, entonces la publicidad va casi siempre para ese público o porque son de cerveza o de cigarrillos de lo que sea o de auto, porque es el público que tiene poder adquisitivo. Creo que ahí estamos en desventaja, sería bueno legislar para poder tener algún acercamiento o algún tipo de beneficio específico por ser teatro familiar. También y sobre todo para poder mejorar la calidad de lo que hacemos, para poder tener herramientas para que ese primer encuentro sea cada vez más profundo, cada vez más profesional, cada vez más impactante. Creo que ahí está la clave y si realmente se estableciera una política especial para eso, seguramente veríamos los resultados en la taquilla en pocos años porque esos niños querrán ir al teatro una, dos, tres, cuatro veces al año en la medida que estos encuentros sean buenos para ellos. Para eso necesitamos que el teatro familiar tenga un nivel de profesionalidad mayor incluso que el de adultos.

 

 

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