El Teatro de La Abadía cierra su programación de la temporada 2025-26 con uno de los textos más queridos del corpus dramático de Juan Mayorga anunciando su prórroga hasta el 12 de julio
En la presentación, Mayorga ha destacado el hallazgo que dio origen a su escritura: «La noticia del encuentro en un mercadillo de numerosos historiales clínicos de pacientes ingresados en un manicomio durante nuestra Guerra Civil. La primera parte ya me pareció muy interesante, pero la segunda parte fue la que se me impuso ‘¿por qué pudo haber más ingresos en un psquiátrico durante la guerra?'». Este punto de partida generó tres respuestas a Mayorga: «Quizá pudo haber más ingresos porque algunas personas, a causa de la guerra, enloquecieron; o bien porque hubo personas que fueron pasadas por dementes para salvarlas; o quizá, porque algunas personas sanas fueron castigadas recluyéndolas como enfermos mentales«. Mayorga aborda la historia no como una obra documental, sino como «una ficción, una fantasía teatral, como ficticios son sus personajes».
En esta versión de El jardín quemado -se han realizado dos montajes, uno en Verona, en tialiano, y otro en Las Palmas dirigido por Rafael Rodríguez- laten algunos temas recurrentes en la obra de Mayorga como son, por un lado, la memoria y la dificultad de juzgar el pasado. El dramaturgo y director matizaba que «siempre digo que llevo 30 años escribiendo esta obra y creo que versa sobre el tiempo y su misterio. El pasado es imprevisible, nadie sabe el pasado que le espera y no sabemos lo que nos deparará; Al mismo tiempo, creo que es una obra sobre la zona gris, ese espacio moral y teatral donde se desdibuja la inocencia y la culpa; y, por último, es una obra sobre la locura porque alguno ha estado alguna vez en ese lugar». Por otro lado, está presente la imaginación -y, con ella, el teatro– como vía de escape desde una realidad áspera, cruel, tal cual puede serlo la de los derrotados en una guerra.

Un elenco unido
En la presentación, Mayorga ha contado con el elenco al completo. Adriana Ozores, que interpreta a Garay en la obra, comentaba «la importancia que tiene crear compañía» para luego destacar «el regalo de poder encarnar un texto con tantísimas capas que hace preguntarnos: ¿Qué es ese jardín quemado?, ¿Cuántas «cuevitas» esconde?». Por su parte, Loreto Mauleón, Benet en la historia, afirmaba: «Me llevo para siempre este proceso. Este texto es muy valioso porque me hace cuestionar todas mis ideas y principios. Hoy en día es algo que valoro mucho porque me cuesta mucho tener que saber lo que pienso en todo momento. Creo que tener esa flexibilidad nos hace más humanos».
A continuación han tomado la palabra los actores que interpretan a los pacientes del psiquiátrico, empezando por Miguel Hermoso que se preguntaba: «¿Estos hombres desean ser salvados?, porque cuando sufres una derrota tan colosal como la de estos hombres y se han refugiado en la eutonía, en la fantasía ¿podrían llegar a reincorprarse en la sociedad?». Por su parte, Joserra Iglesias resumía en una sola palabra su experiencia: «Agradecimiento. Juan Mayorga te hace buscar donde no sabías donde tenías que buscar». Mientras que Jesús Barranco tomaba la palabra compartiendo anécdotas y destacando: «Algo que me tocó mucho de la obra fue la llamada zona gris. Me emociona porque me hace preguntarme qué es lo moralmente legítimo: ¿De quién soy?, ¿De Benet o de Garay?». Por último, Mariano Llorente cerraba el encuentro afirmando que «Juan Mayorga construye mundos que exigen mucho al espectador. Esa exigencia es inversamente proporcional al disfrute de la representación».
Sobre El jardín quemado
Durante la guerra, varios hombres sanos fueron ingresados en el sanatorio psiquiátrico de San Miguel. ¿Por qué? Muchos años después, Garay (Adriana Ozores) la directora del sanatorio, que ya lo era entonces, y Benet (Loreto Mauleón), su discípula más brillante, se enfrentan alrededor de aquel enigma.





