Masescena - El público del Hospital de San Juan de Almagro se rinde a los encantos de Marta Poveda y Rafa Castejón en "El perro del hortelano"

AÑO IV  Número 166

24 OCTUBRE 2020

El público del Hospital de San Juan de Almagro se rinde a los encantos de Marta Poveda y Rafa Castejón en "El perro del hortelano"

La Compañía Nacional de Teatro Clásico puso en escena "El perro del hortelano" en el Hospital de San Juan de Almagro y dentro de la programación de la 40ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico. La versión ha corrido a cargo del ya habitual dentro de la compañía Álvaro Tato, así como la acertadísima y completa dirección de la actual directora Helena Pimenta. Y es que Pimenta ha sabido sacar y exprimir a Lope hasta el máximo. Ha dirigido un elenco y coordinado una puesta en escena excepcional.

¿Quién puede resistirse a los encantos de Marta Poveda? ¿Es fácil no enamorarse de Diana? Y es que el trabajo actoral de "El perro del hortelano" así lo pone de manifiesto. Todos los actores que se dan cita en escena, y sin excepción alguna, dan una más que sorprendente clase magistral de interpretación. La compenetración es absoluta entre todos ellos. Desde Diana, interpretada por Marta Poveda, hasta Teodoro, por Rafa Castejón, Tristán, por Joaquín Notario, hasta el amor interpretado por Alberto Ferrero, cautivan a los espectadores y los llevan al centro de la escena donde todo es posible. Mención especial merecen Fernando Conde, que interpretó al conde Ludovico, con gran maestría, aplomo y seguridad; Marta Poveda, quien enamora, encandila y casi hace perder el juicio a Teodoro, al igual que al público asistente; y Teodoro, al que Rafa Castejón da vida de forma magistral. Cómo dejar fuera a Joaquín Notario, quien juega y se divierte en escena... Esto justifica el excepcional reparto de la obra sin excepción alguna.

En esta ocasión la escenografía ha corrido a cargo de Ricardo Sánchez Cuerda, quien ha sabido resolver con bastante soltura y eficacia los distintos escenarios donde se desarrolla la trama. Desde las distintas estancias de palacio hasta la calle. El jardín que se ve a través de los ventanales del fondo. Una gran claraboya sirve para dejar paso a la luz y algún que otro efecto más. La iluminación, firmada por Juan Gómez Cornejo, pone la guinda al pastel. Colores cálidos, la simulación de la luz del día, los claroscuros, ayudan de manera sublime a la puesta en escena de la obra.

Mención aparte merece la coreografía y la música en escena. Un piano acompaña en todo momento las escenas del montaje. Los actores interpretan algunas coreografías, sencillas, pero que son auténticos juegos rítmicos. En algunas ocasiones oxigenan al espectador y lo renuevan para lo que después sucederá en escena.

Del vestuario poco o mucho que decir cuando viene de la mano de uno de los grandes del teatro actual en nuestro país, Pedro Moreno y Rafa Garrigós. Como era de esperar, han respetado en todo momento las formas clásicas. Se introducen en algunas ocasiones colores atrevidos que conjugan perfectamente con la comedia de Lope.

Sinopsis de la obra por Helena Pimenta
Escrita por Lope de Vega entre 1613 y 1615, esta obra bebe tanto de la comedia palatina como de la comedia urbana. Lo cierto es que se trata de una comedia única, con gran personalidad, que destaca por la construcción de los personajes,  por la belleza de sus parlamentos, así como por la originalidad de su estructura que narra una historia aparentemente sencilla, la de una mujer, Diana, condesa de Belflor, que se enamora de un hombre humilde, su secretario Teodoro.

El honor, la ilusión, la osadía, la ambición de ambos y el desengaño recorren su camino hasta el desenlace. Lope obra el prodigio de componer una comedia labrada meticulosa y profundamente, mediante unos recursos espacio-temporales, de lenguaje y versificación, de contexto y de procedimientos serios, cómicos  y fantásticos  que la hacen navegar, unas veces, con enorme brío, otras con la calma y el lirismo de sentir, dudar, temer…  atravesando los rincones más ocultos y humanos de la experiencia de educación sentimental.

Todos los deliciosos personajes que transitan por esta Nápoles de fantasía luchan por su espacio, por encontrarse a sí mismos, por reconocerse en una sociedad que ha trazado de antemano sus identidades y sus roles.

Hermosa, tierna, divertida, oscura, luminosa, vibrante, bruta, triste, alegre, aristocrática y popular, esta comedia nos atrapa desde el primer momento cuando vemos a esa mujer, Diana, luchando torpemente por salir de la cárcel de oro en la que ha sido encerrada.