Masescena - Vasco satisface a su público

AÑO IV  Número 166

26 OCTUBRE 2020
EL AUREA ACOGIÓ LA REPRESENTACIÓN DE ENTRE BOBOS ANDA EL JUEGO

Vasco satisface a su público

Entre bobos anda el juego

 

Empecemos por el final: el público premió, puesto en pie, con un largo aplauso y bastantes bravos Entre bobos anda el juego, montaje al alimón de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Noviembre Teatro, dirigido por Eduardo Vasco. La versión de la obra de Rojas Zorrilla es de Yolanda Pallín. La gente aplaudió y rio porque Vasco sabe bien lo que hace, a quién se dirige y no duda en desplegar todo su arsenal, todo el repertorio de “trucos” que tan buen resultado le han dado a lo largo de su prolífica y exitosa carrera.

La obra funciona para una gran mayoría del público. No se sabe si a pesar o por causa de algundas deficiencias.

Así que la obra funciona. Al menos para un importante sector del público. Y lo hace no se sabe si a pesar o a causa de algunas deficiencias que parecen evidentes pero no deben serlo. Entre bobos anda el juego  es la más granada de nuestras comedias de figurón, ese subgénero de las de capa y espada en las que el protagonista es un noble risible, alguien cuyos defectos lo acercan a la caricatura y que pugna con el gracioso por llevarse las risas del público. Se presta, pues, a la exageración. Digamos que es una exageración necesaria, pero incluso esta puede ser excesiva. Lo es, sin duda, el personaje de Lucas del Cigarral, firmado por José Ramón Iglesias. El elenco de este Entre bobos anda el juego  es de primer nivel. Saben decir lo que dicen, hay rasgos de genialidad en Arturo Querejeta; embelesa un excesivamente maduro galán Daniel Albaladejo cuando se les escucha, que a veces baja el tono en exceso; cautivan Isabel Rodes en su papel de enamorada y Elena Rayos en el de pragmática criada; se desmaya fenomenalmente el barbado Antonio de Cos defendiendo la elección masculina para encarnar a doña Alfonsa… Pero sobre todos ellos hay una especie de niebla producto del exceso en el decir y en el hacer. Así pasa, que cuando le toca el turno a alguno de ellos, los demás lo miran como preguntándose si no se estará pasando un poco.

La acción imaginada por Rojas Zorrilla se ve aliñada con algunos números musicales, que gustaron mucho, aunque se le vieran las costuras al añadido por todos lados. Al público, entregado, le dio igual, pero ni el fondo ni algunas de las formas son coherentes con lo que propone el dramaturgo áureo.

La escenografía es, por usar un calificativo al uso, minimalista. Curiosamente, tanto se echa en falta algunos elementos como demás otros, lo que es difícil siendo tan pocos. El vestuario, barroco y afrancesado, es de lo mejor de una propuesta en la que sobre todas las cosas destaca un texto que, bien dicho, contiene los mecanismos humorísticos suficientes para satisfacer a casi todos. El aliño de Vasco también gustó mucho, aunque a algunos, los menos, nos parezca que le quita el sabor a la materia prima, convirtiéndola en otra cosa que no entendemos muy bien.

 

Dirección: Eduardo Vasco

Versión: Yolanda Pallín

Escenografía Carolina González

Iluminación Miguel Ángel Camacho

Vestuario Lorenzo Caprile

Música Eduardo Vasco

Asesor de movimiento José Luis Massó

Ayudante de dirección Daniel Santos

Producción Miguel Ángel Alcántara

 

Reparto

Don Pedro Daniel Albaladejo

Cabellera Arturo Querejeta

Doña Isabel Isabel Rodes

Don Lucas José Ramón Iglesias

Don Luis David Boceta

Carranza Rafael Ortiz

Don Antonio José Vicente Ramos

Andrea Elena Rayos

Doña Alfonsa Antonio de Cos