Masescena - Sor Juana o los riesgos de perderse en un laberinto de amor

AÑO IV  Número 155

09 AGOSTO 2020
LOS MEXICANOS DE LA RENDIJA PRESENTA UNA VERSIÓN POCO COMPLACIENTE DE LA OBRA DE LA AUTORA MEXICANA

Sor Juana o los riesgos de perderse en un laberinto de amor

Laberinto es amor

 

“Quede muy pocas veces el teatro/ sin persona que hable, porque el vulgo/ en aquellas distancias se inquieta/ y gran rato la fábula se alarga”, aconseja Lope en su Arte nuevo de hacer comedia. Los mexicanos de La Rendija han debido de tener muy presente al maestro, porque en su versión de Amor más laberinto, que también firma la antigua directora del Festival, Natalia Menéndez, llenan el escenario de cosas y personas. Al fin y al cabo de un laberinto se trata, porque el texto, el de sor Juana Inés de la Cruz y, parece, Juan de Guevara, va trazando una tela de araña por la que se deslizan los personajes, de un amor a otro, sin saber bien a quién aman, desdeñando casi siempre al que tienen para anhelar lo que no tienen.

Sobre el tapiz de la mitología se despliegan las pasiones más humanas.

Amor es laberinto, que pudimos ver este sábado 13 de julio en el Teatro Municipal de Almagro, es una de las tres comedias que escribió la poetisa mexicana, una obra que sobre el tapiz de la mitología trata de analizar las pasiones humanas: el amor, claro, pero también la venganza y el ansia de poder y el valor del hombre frente a la posición adquirida por nacimiento. Todos asuntos que tocaban muy de cerca a la creadora mestiza y homosexual, mujer deseosa de conocimiento (si hemos de creer a Octavio Paz), dotada de un talento inusual. Esta propuesta, dirigida por Raquel Araujo, subraya algunas de estas claves. La homosexual salta a la vista en el caso de Atún, el gracioso interpretado por Nora Pech, o el del incestuoso Minos encarnado por Katenka Ángeles. Casi nada es lo que parece en este laberinto amoroso, en el que Teseo despierta pasiones y mata pretendientes que no quienes cree, se mide a un minotauro solo sugerido, fundido con Minos, se enamora de Fedra y se aprovecha de Ariadna…

Dos filas de enormes cortinas de baño envuelven el amor y dibujan columnas y laberintos, habitaciones y puertos, sirven de soporte para proyectar simbólicas y no siempre fáciles imágenes y le dan una estética poco complaciente a una obra en la que todos viven intensamente, con los ojos inyectados y muchas narices agujereadas. El espectador también se pierde a menudo en el laberinto, el de las palabras y el de la escenografía. Es un riesgo evidente cuando uno se atreve a franquear las puertas de un laberinto. El problema es que muchos quedarán por allí, vagando aburridos y pensando “¿qué hago aquí?”

No es esta una obra para todos, pero los que conecten con su sensibilidad, con su esfuerzo por actualizar el texto de sor Juana, la disfrutarán. Mención aparte merece el final, en el que se nos ofrece el de la autora mexicana para reescribirlo después. No es el momento, pero esta pujante tendencia bien merece una reflexión, pero una sin prejuicios ni trincheras.  

 

Dirección: Raquel Araujo

Versión: Natalia Menéndez, Raquel Araujo y Teatro de la Rendija Escenografía Juan Sebastián Domínguez

Escenografía e Iluminación: Óscar Urrutia Lazo

Vestuario: Monse Mejía, Daniela Camacho, Raquel Araujo y La Rendija

Música: Germán Romero Manuel Estrella y Erik Soto

Videoescena: Luis Ramírez Óscar Urrutia y Erik Soto

Asesor de verso: Natalia Menéndez

Coreografía: Verónica Santiago

Producción: Óscar Urrutia y Raquel Araujo

 

Reparto

Minos: Katenka Ángeles

Teseo: Roldán Ramínez

Ariadna: Claudia Guerrero

Baco: Jorge Castro

Fedra: Indra Ordaz

Atún: Nara Pech

Cintia / Laura: Aída Segura

Licas: Itzel Alamilla

Lidoro: Zaab Dí Hernández

Soldado: Pedro Massa