Masescena - Opinión

AÑO VI  Número 268

03 OCTUBRE 2022

¿Qué pasaría si la tabla de Rose fuera más grande y se hubiera podido salvar también Jack? o, ¿por qué Elliot no se va con su amigo ET en la bicicleta voladora? Cuestiones que, por mucho que sean planteadas, no van hacer cambiar el final de la historia. O quizá sí… Si desean acudir a un lugar donde todos los desenlaces son posibles y donde todo está sujeto a las exigencias del público, pueden acudir al nuevo espectáculo ubicado en el Pequeño Teatro Gran Vía.

Niñas "raras", ratones de bibliotecas, niñas traviesas, niñas introvertidas, niñas pensativas. Niñas, al fin y al cabo, con intención de cambiar el mundo. Ejemplos de pequeñas grandes mujeres que desde su infancia han querido aportar su granito de arena para combatir las injusticias. Si ponemos música, canciones y coreografías a esta forma de ser tenemos uno de los musicales de la temporada representado en el Teatro Nuevo Alcalá.

Decir la verdad siempre y en todo lugar quizá sería lo más correcto, aunque no siempre lo hagamos y el que esté libre de pecado… Si en alguna ocasión contamos solo una parte de la historia o simplemente mentimos es por temor a las consecuencias y, como ocurre en nuestra vida, uno puede no darle importancia hasta que le toca, pues todo tiene la importancia que se le quiera dar. Si desean poner cara y voz a estos y otros planteamientos, pueden visitar el Teatro Maravillas.

Luces encendidas. La música comienza a sonar levemente y tu cuerpo ya va marcando el compás. A medida que la melodía va cogiendo ritmo, sin apenas darte cuenta, ya estás en la pista dispuesto a darlo todo. Alguna vez, habremos experimentado este breve proceso; otros, como los protagonistas de este espectáculo, lo viven a diario. Si disfrutaste de la exitosa película de Dirty Dancing ahora podrás revivirlo en directo en el Espacio Ibercaja Delicias.

Reconózcanlo, ustedes también mienten. Ante una pregunta delicada tratamos de contestar una generalidad esperando la respuesta del otro como medida de referencia, o simplemente no decimos la verdad. El por qué suele estar claro: las consecuencias. Ahora bien, ¿qué ocurriría si ante una cuestión complicada pudiéramos decir simplemente lo que hacemos sin temor a represalias y con la posibilidad de saber si estamos o no en consonancia con la mayoría? La solución a este dilema la tiene Luis Fabra todos los jueves en el Pequeño Teatro Gran Vía.

Las sucesiones en cualquier ámbito de la vida no siempre son calmadas, y aunque tratemos de tenerlo todo atado y bien atado, el proceso puede no resultar sencillo. Designar a un sucesor supone dejar en sus manos la continuidad del proyecto y todo aquello que se ha construido. Si desean profundizar sobre ello, Teatros Luchana les propone una representación con solo dos caminos: Doble o nada.

No es fácil hacer reír desde un escenario, pero aún es más complicado que, de manera casi imperceptible, se cuele una intención en los espectadores cada vez que abren la boca para soltar una carcajada. ‘Las Bingueras de Eurípides’, de Las Niñas de Cádiz lo consigue. Sin discursos solemnes, sin convertir el escenario en un púlpito o una tarima de clase, sin tratar de dar lecciones de superioridad moral, sin ningún ejercicio vacuo de superficial concienciación. Son otras las cargas de profundidad que hacen evolucionar el mundo. El texto de Ana López Segovia tiene valor tanto por lo que tiene como por lo que no tiene. Tiene ritmo, credibilidad e intención, pero carece de pedantería y de soberbia erudita. 

La vida es como un compás, hay tiempos y contratiempos. Ocurren sucesos de forma cronológica con una duración sujeta a mudanza (tiempo); y, a su vez, accidentes o sucesos inoportunos que obstaculizan o impide el curso normal de algo (contratiempo). Nadie está sujeto a un control pleno de su vida, pero sí a trazar un camino y elegir cuál será su rumbo/a. Si desean conocer uno en concreto y descubrir cuál será su tiempo y contratiempo, mientras disfrutan de un espectáculo musical sobresaliente, deberán asistir al Teatro Gran Teatro Bankia Príncipe Pío.

Con la quinta representación de ‘La tumba de Antígona’ de María Zambrano se puso fin a la 68ª Edición del Festival de Mérida, la primera que retorna a la normalidad prepandémica, con casi ninguna mascarilla entre el público y sin que apenas queden vestigios de lo acontecido estos dos últimos años, pero con nuevos miedos instalados en la psique colectiva. 

Volver a encontrarse con un grupo de amigos tras varios años puede ser un acontecimiento tanto emocionante como desalentador para cada cual. Vidas felices e historias idílicas serán el centro de conversación; no vaya a ser que quien fuera compañero de pupitre sea un triunfador y tú un simple trabajador por cuenta ajena. Si no tienen una velada similar a corto plazo, no se preocupen. Teatros Luchana les invita cada sábado a una cena de lo más singular, divertida y musical.

Es la tercera vez que Plauto pisa la arena del Teatro Romano de Mérida con su obra Miles Gloriosus. En 1989 José Luis Alonso de Santos versionaba y dirigía la obra del autor romano, contando en el reparto con Antonio Resines, Maribel Verdú y Magüi Mira, entre otros. Ya en 2008, Juan José Afonso repetiría éxito con la comedia contando con grandes nombres de la escena de nuestro país, como Pepe Viyuela y José Sancho. Y este año ha sido la mano de Pep Anton Gómez la que ha hecho reír a más de 6000 personas hasta el momento. La obra, protagonizada por Carlos Sobera, ha sido la primera de las producciones de esta 68ª edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida en colgar el cartel de localidades agotadas en las dos funciones que lleva representadas hasta el momento. Pero bicheando en la venta de entradas del propio festival se puede ver que, en total, hay unas diez entradas libres hasta este domingo.

Domingo, 24 de julio de 2022. Día 25

Hay errores que se perpetúan. En algunos ámbitos, cuando eso sucede, se convierten en la norma. Con la lengua, la de hablar, ocurre a menudo. Es uno de los mecanismos habituales de evolución. Con el punto final estamos llegando a un punto en el que no ponerle una “y” para convertirlo en un punto y final es casi un acto de esnobismo. Más en una tierra en la que la “y” sirve para darle énfasis a determinadas expresiones. Ojalá y no fuera así.

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