ES UNO DE LOS POCOS ACTORES ESPAÑOLES QUE TIENE UNA CARRERA DE TEATRO PRIVILEGIADA

Israel Elejalde 1 

Israel Elejalde es actor y director de teatro, cine y televisión. Además, y por si fuera poco, en el año 2016 se embarca junto a otros compañeros en la gestión del Pavón Teatro Kamikaze, en Madrid, donde ejerce la dirección artística junto a Miguel del Arco.

Si tuviera que destacar un papel que le ha marcado hasta el momento este sería Hamlet. Y si tuviera que destacar una obra, sería La Clausura del amor.

Se iría de cena con muchas personas. Considera que el mundo está lleno de gente interesante  a los que le gustaría conocer. Pero si tuviera que seleccionar a alguien sería a Isabelle Huppert y Michael Haneke, por ejemplo. Pero también le encantaría cenar con Puigdemont a ver si consigue entender algo importante. O con Villarejo, para ver si entiende esas mentes. Aunque la de Villarejo parece más enferma que la de Puigdemont, bastante más. También cenaría con gente a la que admiro. En definitiva, cenaría con mucha gente.

Al cine se iría con amigos o gente a la que quiere, o solo. Igual le pasaría con el teatro. Son cosas muy privadas que comparte con gente a la que quiere o con la que tiene confianza. Sin duda, al cine va mucho solo, pero al teatro menos. Siempre intenta encontrar alguien que vaya con él. El teatro considera que es un acto íntimo y a la vez un acto social. “El teatro es un acto social. El cine es verdad que puede ser un acto más íntimo. Apagan las luces, estás ahí, casi no tienes relación con el público. Pero el teatro, finalmente, es una comunión de gente que está viva. Los actores también están vivos. De alguna manera, hay un juego. Borges decía una frase que a Elejalde le encanta: “El teatro es un lugar donde alguien finge ser otro, y alguien finge creerlo”. Eso es un juego de comunión. Más que el cine, donde te puedes abstraer y meterte mucho más en esa ventana a la realidad. El teatro no es una ventana a la realidad. El teatro es una ventana a la fantasía, a la evocación, al encuentro.

Cuando le preguntamos por algún recuerdo de su niñez le asaltan a la cabeza bastantes malos recuerdos de su niñez. Tiene pocos recuerdos buenos. Sus padres, a los que quiere muchísimo, se llevaban bastante mal. Tiene grabados bastantes episodios como de escapada de ese núcleo familiar. Los ha querido mucho. Eran una pareja desastre, pero muy buenos padres. Su primer recuerdo infantil, y lo tiene muy claro, es con seis años contar los años que le quedaban hasta los dieciocho para poder escapar de su casa porque sus padres estaban gritando al lado. Ese es su primer recuerdo infantil. Pero tampoco tiene la sensación de una infancia triste. Yo echo la vista atrás y era un niño bastante feliz. Las partes de felicidad se le debieron borrar y se le quedaron sólo las partes malas. No hay mal que por bien no venga. Posteriormente le ha venido muy bien para trabajar en su profesión, porque los actores trabajan mucho con estos pequeños traumas y juegan con estos pequeños o grandes dolores, reconduciéndolos para poder compartirlos con el público.

Kamikazes2Le encanta tocar la fibra del público. Para ello, dice, hay muchos caminos y muy diferentes. No cree que ningún artista afirmara que no le gusta tocar la fibra. Le gusta pensar que lo que hace encima de un escenario remueve al público. Y además lo percibe desde encima del escenario. “El silencio se oye. Hay veces que notas las energías y los tienes a todos colocados”.

Cuando Israel Elejalde sale al escenario piensa que es como la vida, no puedes gustarle a todo el mundo. Con “Clausura” había gente que salía arrebatada, y gente que se levantaba y se marchaba exclamando “vaya mierda”. El arte también está para esto. Hay gente que te da la mano y hay gente que te la suelta. Aspira a gustar a todo el mundo sabiendo que eso es una utopía absurda.

Aunque tiene mucha suerte por haber trabajado con muchos de los directores con los que deseaba fervientemente trabajar, tiene cuentas pendientes con Angélica Liddell. La admira incluso cuando no le gusta algo de su trabajo. Con los que ha trabajado de los que guarda mejores recuerdos son Miguel del Arco, al que define como un hermano, amigo y maestro, Álex Rigola, al que le debe muchas cosas a pesar de pelearse mucho con él cuando trabajan, y Gómez, que fue el primero que lo formó. Pero ahora se muere por volver a trabajar con Pablo Remón. La verdad es que no se puede quejar. Tiene una carrera privilegiada.

 

 

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